Lácteos: la gran decepción
POR GABY VARGAS
”Nada de lácteos”, es la orden de mi nutrióloga. Después de escuchar una retahíla de los achaques que éstos provocan, incrédula, corro a consultar con el doctor José María Zubirán, mi médico de confianza, y me asombra su respuesta: “Pues, ¡claro! Me parece perfecto. La leche y sus derivados, después de los cuatro años de edad, ya no son necesarios, y sólo te causan problemas”.
Pero, ¿cómo? ¡Si toda la vida nos han dicho que la leche es lo más sano del mundo! Todavía sin estar del todo convencida, consulto otras fuentes, y me quedo con la boca abierta con lo que me entero.”La leche y sus productos derivados son los mayores contribuidores a la industria de la enfermedad, que representa 2 trillones de dólares”, afirma el economista Paul Zane Pilzer en su libro The Wellness Revolution.
Pero, ¡ojo!, además, la leche causa osteoporosis, alergias, constipación, flatulencia, cáncer, obesidad, enfermedades del corazón e infecciones. ¿Cómo lo ves? Pues sí.
Es muy probable que este artículo no les agrade a muchas personas; sin embargo, cada vez es más fuerte la voz que lo declara y que no podemos ignorar en aras de proteger intereses económicos.
Es más probable que el consumo de leche cause, y no prevenga, la osteoporosis. Diversos estudios en Harvard, Yale, Penn State y en los National Institutes of Health en Estados Unidos, lo confirman. De hecho, el alto contenido de proteína (caseína) que contienen los lácteos, drenan el calcio del cuerpo. Y para acabar de sorprendernos, el calcio que contienen de manera natural los vegetales y frutas es más sano, más fácil de absorber y más abundante. Por si fuera poco, los expertos afirman que los lácteos son la principal causa de que más del 65 por ciento de la población en Estados Unidos tenga sobrepeso y obesidad. Me pregunto, ¿será igual aquí?
Más preocupante aún es saber que además de contribuir a padecer osteoporosis, la leche contiene hormonas, antibióticos, pesticidas y es causante de varias enfermedades infecciosas. ¿Sabías que una vaca típica del campo, puede darnos hasta cuatro litros y medio de leche al día, mientras que la industria moderna tortura a estos animales para hacerlos producir hasta 45 litros al día? Esto se debe a que hoy les suministran cantidades masivas de hormonas especiales, como la de crecimiento bovina (BGH) y esteroides para aumentar la producción. Esto provoca que sus ubres sean tan grandes que se arrastren por el piso y se infecten, lo cual conlleva al uso de antibióticos constantes. A la hora de conectarlas a los succionadores de metal, estas lindas sustancias permanecen en la leche aún después de procesarla, lo que causa serios trastornos en las personas, en especial en los niños que las consumen. ¿Has notado cómo ahora las niñas tienen su menstruación mucho más temprano que las niñas de antes? ¿Y que el desarrollo de sus senos es mayor? Lo que todos nos preguntamos es: ¿Cómo es posible que nadie diga nada al respecto?
La respuesta es muy sencilla. Las empresas lecheras invierten millones de dólares cada año en la mercadotecnia de sus productos. Y el consumidor promedio, es decir tú y yo, no gastamos el tiempo en investigar reportes médicos y, en cambio, sí vemos revistas y mucha televisión.
Independientemente de todo lo anterior y siguiendo las instrucciones de mi nutrióloga, desde hace meses no consumo nada de lácteos.Y sin hacer ninguna otro cambio en mi alimentación, tanto mi esposo y yo no sólo hemos perdido peso, el colesterol nos ha disminuido, nos sentimos más ligeros, la digestión es mejor y la energía también.. Así que te invito a que tú también, lo consideres. Es como para pensar un poco ...
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Un espacio editado por Marianna Doña Loba para hacer visible y expandir la energía femenina en beneficio de la Madre Tierra y la familia humana.
• De cómo la menstruación nos hizo human@s
TEXTO DE MARIANNA GARCIA LEGAR¿Sabías que las mujeres somos las únicas hembras de mamíferos que menstrúan? Es cierto que todas hemos visto que gatas y perras tienen a veces sangre en sus sexos, pero esto sólo ocurre durante el período del estro o celo. El estro no es una menstruación sino un proceso en el que una pérdida de sangre desencadena un torrente hormonal que abre el deseo sexual de las hembras, atrae al macho para copular y provoca la ovulación asegurando el embarazo. Es un proceso desencadenado por la intensificación de la luz solar que anuncia las estaciones más benévolas para la vida y provoca que todas las hembras de una especie den a luz a sus crías en la época idónea. El momento y la frecuencia anual varían según la especie, pero siempre es la luz solar –percibida por ciertas glándulas a través de la retina- el factor desencadenante.
La aparición de la menstruación parece ser una estrategia biológica que ofreció a nuestra especie muchas ventajas. El proceso de bipedestación que nos convirtió en humanos estrechó la estructura de la pelvis y aumentó el tamaño del cráneo. Ante estos cambios la única solución para que el parto pudiera producirse era que nuestras crías nacieran antes, siendo aún lo suficientemente pequeñas como para atravesar ese pequeño túnel. Por eso nuestros bebés completan su desarrollo neurológico fuera del vientre y requieren tanta dedicación y tiempo hasta ser mínimamente autónomos.
¿Cómo hubiera podido sobrevivir la horda prehistórica con todas las hembras del grupo embarazadas y pariendo a la vez? ¿Cómo hubieran podido desplazarse, buscar comida y a la vez cuidar de esos cachorros tan vulnerables durante tanto tiempo?
Todo esto se resolvió con una misteriosa proeza hormonal, las hembras humanas dejaron de estar determinadas por la luz solar y se vincularon hormonalmente al ciclo de la luna. Desapareció así el proceso hormonal llamado estro y, en su lugar, surgió la menstruación. Este cambio multiplicó las posibilidades de embarazo –fundamental para que la especie no se extinguiera, y a la vez posibilitó que cada hembra del grupo quedara embarazada en un momento distinto.
La menstruación también trajo consigo un cambio fundamental: independizó la sexualidad de la reproducción. Las hembras humanas somos las únicas mamíferas que podemos estar disponibles sexualmente aunque no estemos en período de fertilidad. Esto abrió a la sexualidad humana puertas insospechadas que nos permitirían, siglos más tarde, utilizar la energía sexual con fines distintos del reproductivo; como factor de placer y vinculación con el otro, así como también de crecimiento espiritual.
Como dice Zsusanna Budapest en una arriesgada hipótesis: “Nos convertimos en humanos cuando separamos el proceso de la reproducción de la receptividad sexual. Nos convertimos en humanos cuando nos sensibilizamos hacia los rayos de la luna en lugar de dejarnos dominar por la luz del sol que provoca el estro en los demás mamíferos. Nos convertimos en humanos cuando pasamos a ser los únicos animales con menstruación o, mejor dicho, cuando finalmente, gracias a la menstruación, dejamos de ser animales."
www.mujergaiática.blogspot.com
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• Elogio de la Mujer Brava
POR HÉCTOR ABAD - ENVIADO POR MARISA BOLZONIEstas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas.
A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.
La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias).
A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.
Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.
Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.
Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas.. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza. Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.
Vamos hombres, por esas mujeres bravas!!!!!!!!!!
Héctor Abad nació en Colombia en 1958 y se recibió en Literatura moderna en Italia. Regresa a Colombia en 1987 cuando un grupo paramilitar asesina a su padre (médico de fensor de derechos humanos y fundador de la actual facultad de medicina), pero vuelve a Italia por amenazas recibidas. Retorna a Colombia en 1993 y en la actualidad reside en Bogotá.
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