lunes, 18 de junio de 2018

Descubre Irlanda



La menstruación en el Islam

Fátima Mernisi
Por Fátima Mernisi
Uno de los temas constantes de conflictos en el Islam desde los orígenes es el comportamiento en relación con el acto sexual y las menstruaciones, ¿son éstas causa de mancilla? 
Aixa y las demás mujeres del Profeta siempre mantuvieron que el Profeta no tenía sobre ello la actitud fóbica de la Arabia preislámica. ¿Se purificaba o no el profeta tras hacer el amor durante el mes de Ramadán? "Escuché a Abu Huraira contar que aquél al que el alba sorprende manchado (yanban, se trata en este caso de la mancha del acto sexual) no puede ayunar". Al escuchar esa nueva ley decretada por Abu Huraira, los discípulos acudieron a casa de las esposas del Profeta para asegurarse: "Le hicieron la pregunta a Umm Salma y Aixa (...) Le respondieron: 'El Profeta pasaba la noche yanban, sin haber hecho ningún rito de purificación, y, por la mañana, ayunaba'". Los discípulos, enormemente perplejos, volvieron donde Abu Huraira: "¿Ah, sí? ¿Han dicho eso?", respondió. "Sí, lo han dicho", replicaron los discípulos, cada vez más ansiosos, pues el Ramadán es uno de los cinco pilares del Islam. Abu Huraira, presionado, confesó entonces que no lo había escuchado directamente del Profeta, sino de otro: "Se desdijo, y más adelante se supo que, antes de morir, se había retractado completamente de ello" (...) 
La Arabia preislámica consideraba la sexualidad, y especialmente a la mujer menstruante, como fuente de polución, de mancilla, como un polo de fuerzas negativas. La teoría sobre la mancilla manifestaba una visión de lo femenino que se expresaba por medio de un sistema de supersticiones y creencias que Muhammad quería condenar como consustancial a la esencia de la Yahilía (la época de la ignorancia) y de las creencias de la comunidad judía de Medina.
El debate sobre la suciedad era un problema de fondo. Por otro lado, los alfaquíes, que tomaron parte en un debate largamente tratado en la literatura religiosa y que se pronunciaron a favor de Aixa, daban como argumento el hecho de que su versión de los hadices parecía concordar mejor con la actitud del profeta, que trataba por todos los medios de "luchar contra todas las formas de superstición". 
Era un asunto que no sólo interesaba a los imames: los califas se sentían concernidos en buena medida. "Muawiya ibn Sufian había preguntado a Umm Habiba, la esposa del Profeta, si éste solía hacer salat con la ropa con la que había hecho el amor (yuyami'u fihi), ella dijo que sí, pues él no veía nada malo en ello". Imam an-Nisa'i nos explica por qué insistía tanto sobre el tema de la menstruación en su capítulo sobre el ritual de la purificación: el Profeta quería reaccionar contra el comportamiento fóbico de la población judía de Medina, que declaraba tabú a la mujer que tenía la regla: "Les ordenó (a los creyentes de sexo masculino que preguntaban por ese tema) que comieran con sus mujeres, que compartieran el lecho, que hicieran con ellas lo que quisieran, salvo copular".
Los libros de fiqhdedican uno o más capítulos a los rituales de purificación que todo musulmán debe seguir cinco veces al día antes de hacer salat. Es innegable que el Islam tiene una actitud más bien exagerada con relación al aseo corporal, que en muchos provoca una rigidez casi neurótica. Los prolegómenos de nuestra educación religiosa se inician por esa atención dirigida al cuerpo sus secreciones, los líquidos, los orificios que el niño debe aprender a vigilar y a controlar incesantemente; el acto sexual impone un ritual más elaborado a hombres y mujeres y, tras la menstruación, la mujer debe lavarse enteramente según un preciso ritual. El Islam insiste sobre el hecho de que el sexo y la menstruación son dos acontecimientos bastante extra-ordinarios, pero no hacen de la mujer un polo negativo que, en cierto modo, "anula" la presencia de lo divino y altera su orden. Pero, por lo que se ve, el mensaje del Profeta, quince siglos después, no ha calado todavía en las costumbres de mundo musulmán si hay que juzgar por la negativa reiterada en Penang, en Malasia, en Bagdag o Kairuán, cuando me encontraba en el umbral de una mezquita y deseaba entrar en ese santuario. 
Umm Maimuma, una de las esposas del Profeta (tenía nueve en el período que nos interesa, los últimos años de su vida en Medina), nos repite el meticuloso Nisa-i, dijo: "Podía suceder que el Profeta recitara el Corán con la cabeza reposada en las rodillas de una de nosotras que estuviera menstruando. Podía suceder también que una de nosotras levara la alfombrilla de la oración a la mezquita y la extendiera cuando tenía la regla". Ya en los tiempos en los que escribía el Imam Nisa-i (nació en el año 214-215 de la hégira, siglo IX), los eruditos sospechaban que en ello había un mensaje que alteraba la misoginia anclada, incrustada en el Mediterráneo árabe, antes y después del Profeta, y trataron de estar lo más atentos posible para no traicionar esa dimensión tan perturbadora del Mensajero de Allah. Esos alfaquíes, que percibían el peligro de la misoginia como una posibilidad de traicionar al Profeta, multiplicarán las precauciones, explorarán e investigarán sobre la vida sexual del Profeta, dando la palabra a sus mujeres, única fuente con credibilidad en ese tema. Acumularán detalles sobre su vida, tanto en la mezquita como en su casa. Ibn Saad dedicará un capítulo al plano de la casa del Profeta, capítulo que es importantísimo para aclarar esa dimensión clave en el Islam: una revolución total en comparación con la tradición judeocristiana y la Yahilía en su relación con lo femenino. Pero la tendencia misógina se va a imponer rápidamente entre los alfaquíes, y veremos resurgir en muchos hadices el miedo supersticioso a lo femenino que el Profeta quería vencer.

La importancia de la madre interna: El duelo por lo imperfecto, el encuentro con lo incondicional

Por Bethany Webster. Traducción al español: Sophia StyleMónica Manso 
Bethany Webster.
Isabel Villanuevawww.mujerciclica.com
Si pensamos en nuestro desarrollo personal, la relación con nuestra madre sirve como patrón para la relación con nosotras mismas.
Como hijas, absorbimos de nuestra madre información sobre lo que sentía hacía ella misma, lo que sentía hacia nosotras, y lo que sentía hacia el mundo.
Aprendimos a tratarnos de la misma manera que nuestra madre se trató a sí misma. Nuestra tarea como mujeres conscientes radica en transformar la madre interna dentro de nuestra psique creada a partir de nuestra madre biológica con sus limitaciones humanas en la madre que siempre necesitábamos y queríamos.
Podemos convertirnos en la madre que siempre quisimos.De esta manera, somos capaces de aceptar las limitaciones de nuestra madre externa, porque nuestra madre interna se convierte en la madre primaria con la que podemos contar, de formas en que quizás nunca hemos podido contar con nuestra madre externa.
Nuestra madre solo podía amarnos de la manera que podía amarse a ella misma. En un momento dado, debemos enfrentar el hecho de que nuestra madre no pudo y no va a poder satisfacer nuestras necesidades de la manera que necesitábamos y queríamos. Esto significa pasar por un proceso de duelo. Un duelo por la forma en que tuvimos de compensar y sufrir la herida materna.
En el proceso de duelo, tenemos la oportunidad de darnos cuenta del hecho de que si nos sentimos amadas o abandonadas no fue por nuestra culpa. Sólo entonces podemos abandonar la lucha para demostrar nuestra valía en el mundo. En el proceso de duelo, también podemos tener compasión por nuestra madre y la carga que llevaba.
Al sanar tu madre interna, transformas tu vida más allá de lo que puedas imaginar. Al confrontar este dolor, podemos darnos cuenta de que lo que pensábamos que era nuestro dolor es en realidad parte del dolor de nuestra madre que nosotras hemos llevado por amor. Ahora podemos elegir dejar esta carga. De esta manera, en lugar de atenuar nuestro sentimiento de culpa, podremos sentir la confianza en nuestros cuerpos y en nuestros corazones para así desarrollar un sentido de auténtica plenitud y amor propio.
Al convertirnos en la madre "suficientemente buena" para nosotras mismas, nos liberamos no sólo a nosotras mismas, sino también a todos aquellos que conforman nuestra vida.Es un reto reconocer ante nosotras de qué manera no fuimos amadas en nuestra relación con nuestra madre. Al recordar y ver lo cargada y abrumada que estaba pudimos pensar que éramos la fuente de su dolor. Esta "hija culpable" puede mantenernos estancadas. Una forma de liberar nuestra culpa es reconociendo la inocencia y legitimidad de nuestras necesidades infantiles. Es una forma de liberarnos de la vergüenza y bautizarnos a nosotras mismas en nuestra bondad y divinidad.
Una vez hemos atravesado el duelo por nosotras mismas, entonces podemos comenzar el duelo por nuestras madres y por todas las mujeres.
El duelo nos repone y nos fortalece. Como mujeres, podemos sanar y darnos lo que nuestras madres no nos podían dar. Podemos convertirnos en nuestra propia fuente. El “dolor corporal” del colectivo femenino es sanado una a una. Y a medida que el dolor corporal femenino se cura, lo mismo ocurre con el dolor de la comunidad humana. Nuestra propia sanación no es sólo un regalo para nosotras mismas, también lo es para el mundo.
La herida de la madre es una gran oportunidad. Conforme nos permitimos contactar con lo que se siente como un hambre antigua, inagotable para una madre inagotable, nos damos a luz a nosotras mismas en nuestra verdadera identidad – la matriz de luz- una fuente inagotable, desbordante de amor y abundancia que no depende de las circunstancias o condiciones. Entonces podemos vivir al servicio de lo que realmente somos- el amor mismo.
Bethany Webster es escritora y facilitadora y vive Massachusetts. 

Las hogueras de San Juan 

Por Marianna García Legar
San Juan en Les, Lleida. Foto de Marta Lluvich. Clica para verla mejor. 
Las hogueras de la noche de San Juan se hacían en lugares de importancia ritual como ser una fuente sanadora, un cruce de caminos, el límite entre las casas y los campos cultivados, etc. En las casas grandes está recomendado encender cuatro hogueras, una en cada dirección, para garantizar la protección de la casa y sus habitantes durante todo el año. 
La hoguera debe encenderse con un manojo de espigas de la primera gavilla de trigo. Se dice que el poder de esta hoguera se extiende durante todo el año y sirve para espantar entidades dañinas, alejar ladrones, proteger contra el ataque animales peligrosos, asegurar la cosecha, espantar las alimañas del corral, prever el futuro, etc. 
En algunas regiones las fogatas de San Juan antiguamente se llamaban “cuevas”. Algunos anacoretas, que vivían retirados en cuevas de lugares perdidos, tenían la costumbre de encender esa noche una hoguera a la entrada de su cueva, para enviar sus bendiciones por doquier. A esas hogueras de las montañas se las llamaba “cuevas” y este nombre se hizo de uso común en algunas regiones para referirse a las fogatas de San Juan.
Originalmente en el centro de la fogata se plantaba un Palo Mayo adornado con coronas de flores, costumbre que sigue viva en algunos lugares de los Pirineos catalanes. En pueblos de la Alta Ribagorça esta noche se baila y se canta en torno a un Palo Mayo encendido llamado Haro, verdadera antorcha arbórea. Muchachos y muchachas bajan corriendo en zigzag, desde arriba de la montaña hasta la plaza del pueblo, llevando en sus brazos troncos en llamas con los que encienden las hogueras. El pueblo los recibe con música y cantos en estas fiestas que han sido nombradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad (foto).
A pesar del riesgo que conlleva, se llevaban antorchas a los campos para bendecirlos con el fuego de la hoguera. También se esparcían en campos y huertos los tizones y la ceniza resultantes del fuego, reservando siempre una parte para ser usada durante el año en caso de desgracia o enfermedad. 
Otro rito de fuego consistía en ir a ver la salida del Sol. La gente decía que esa madrugada el Sol bailaba al salir y que, a su compás, bailaban también todas las brujas del mundo. 
Los fuegos de San Juan ofrecían una serie de rituales muy variados con fines medicinales, protectores, exorcizadores, oraculares y amorosos. Otro aspecto del fuego protector es el “fuego que se escucha” realizado mediante petardos, fuegos artificiales, cohetes y tracas y que tiene el poder de alejar la mala suerte.
Extracto del libro “Fiestas de la Tierra y espiritualidad matrística en la península ibérica” de Marianna García Legar. Para más información sobre el libro clica aquí: http://libroruedadeizpania.blogspot.com.es

jueves, 7 de diciembre de 2017

Día de la Inmaculada Concepción

Por Marianna García Legar

Este viernes 8 de diciembre de 2017 se cumplen 16 años de la convocatoria a la creación de la Arboleda de Gaia. Por esta razón, y también porque, sin buscarlo, esto ocurrió el día de la Inmaculada, esta celebración es muy importante para nosotras. 
Inmaculada de Zurbarán, que conocía bien el arquetipo el
cual lleva la luna con los cuernos hacia abajo, no hacia
arriba, como Isis y como la pintaba Murillo y otros.

Quizás la Inmaculada Concepción sea uno de los símbolos más desconocidos y menos entendidos de la Diosa bajo el nombre de María. Para comprender este arquetipo creado por mísiticos españoles –y no reconocido por la Iglesia Católica hasta 1856– es necesario remontarnos a las leyendas populares europeas que relatan el linaje familiar de Jesucristo. Según estas leyendas María, al igual que Cristo, es también fruto de una concepción que no sigue los caminos humanos.

El linaje humano de Cristo es exclusivamente femenino (al igual que en las culturas matrísticas carece de ancestros masculinos humanos). La tradición nos habla de este linaje desde la bisabuela de Jesús: Emerenciana.

Emerenciana descendía de la Tribu de David y era una adolescente que solía visitar a los sabios del desierto, eremitas centenarios que vivían en retiro y oración permanente en el Monte Carmelo. Estos ancianos tenían la misión de transmitir la profecía que relataba la llegada de un niño divino, que nacería de una doncella virgen. Ellos gustaban de estas visitas en las que recibían todo el encanto y la ternura de la joven como una brisa fresca que los alegraba.

Cuando Emerenciana llegó a la edad de contraer matrimonio, como dudaba entre casarse o hacerse eremita, pidió consejo a los ancianos.

Tres días oraron los sabios para darle una respuesta y al final del tercer día tuvieron una visión. En ella vieron una rama de árbol verde muy grande, que daba un sólo fruto. Luego la rama se secaba y, una vez seca, daba un fruto muy hermoso envuelto de una claridad tan intensa que costaba mirarlo. Los ancianos supieron que esta era la señal que habían pedido, pero no entendieron su significado.

Oraron tres días más hasta que recibieron una voz que venía del cielo y que decía que Emerenciana era la raíz del lecho del que nacería el niño divino; que la rama verde era el matrimonio consumado de Emerenciana y el fruto, su primera hija. La rama seca simbolizaba la esterilidad de su madurez, y la fruta luminosa una niña muy especial que Emerenciana alumbraría en su vejez. Esta muchacha sería venerada por los ángeles y anunciada por todo el orbe.

Cumpliendo esta visión, Emerenciana casó y tuvo una hija a la que llamó Ismaria que luego fue la abuela de Juan el Bautista. Cuando Emerenciana tuvo 61 años, una noche estando en el lecho con su marido Estolano; una voz envuelta en un gran resplandor les anunció:
Emerenciana, no tengas miedo y escúchame. Por la gracia divina concebirás a pesar de las leyes de la naturaleza. De ti nacerá una hija que será la madre futura de una niña, la cual ha sido predestinada desde antes de la creación del universo como la más preciosa de todas las criaturas humanas. En ella se realizarán milagros incomprensibles. Estolano haz hoy el amor con tu mujer, pues se aproximan tiempos de gloria”.

Emerenciana y Estolano se amaron esa noche y, mientras lo hacían, en el respaldo de madera de la cama apareció escrito en letras de oro refulgente el nombre de la niña que estaban concibiendo: Ana.

Ana nació nueve meses después, el 8 de Setiembre.

Su nacimiento trajo consigo una ola de sanación para todos los que la rodeaban o venían a visitarla. Ciegos recobraban la vista, cojos podían nuevamente andar.

Ana fue presentada a los 3 años para ser una de las niñas sacerdotisas que cuidaban y mantenían el aserá del Templo donde vivió durante algunos años.

Ana se casó a los 18 años con Joaquín, pero no concibió criatura alguna. Al llegar a los cuarenta y cinco años, un día Joaquín fue al templo a entregar un tercio de sus ganancias del año al Templo y otro tercio a los pobres, como siempre hacía. Pero esta vez los sacerdotes aceptaron su ofrenda, pero luego lo expulsaron del Templo, alegando que su matrimonio estaba maldito, pues no había dado fruto.

Avergonzado, Joaquín abandono a Ana y huyó con su rebaño a la montaña. Ana fue repudiada por toda la gente que la rodeaba y se quedó absolutamente sola.

Ana con María en su útero. Jean Bellegambe
Triste y desolada, sin saber que hacer, se vistió con su traje de novia, se sentó bajo un laurel y comenzó a llorar. Entonces apareció un ángel y le dijo: “Ana, alégrate porque de ti nacerá la reina del universo, puerta de entrada del niño divino en la Tierra. Vete a las puertas de la ciudad, donde encontrarás a Joaquín que también ha sido convocado por los ángeles.”

Ana y Joaquín se encontraron en las puertas de la ciudad y se fundieron en un abrazo muy amoroso y, en ese mismo instante, fue concebida María. Y este es el acontecimiento que se celebra en la fiesta del 8 de Diciembre, el momento en que María es concebida por Ana y Joaquín de modo milagroso o no humano: la concepción inmaculada de María, que abre la puerta a su existencia humana. 

Así podemos ver que el linaje humano de Cristo es femenino: bisabuela, abuela y madre. Pero también que ninguna de las tres cumple las premisas normales de la concepción humana, ya que una es una anciana que ya no puede quedar embarazada, la otra una mujer estéril y la tercera una joven virgen.

Las imágenes de la Inmaculada Concepción que ilustran esta advocación de María nos presentan una joven virgen de pie sobre la Tierra y la Luna, con la serpiente a sus pies. Está embarazada de un sol que abarca vientre y pecho. Su vestido es blanco y su manto color cielo. Su cabeza está coronada con estrellas. 

¿Por qué, si la fiesta celebra el momento en que María es concebida, la ilustración que la representa nos muestra esta imagen?
También llamada "Mujer vestida de sol,
su arquetipo se forjó en España
en las iluminaciones bíblicas.

En realidad, esta es la representación del ser que encarna en el cuerpo humano de María: la Gran Madre de Toda Vida, representada en la corriente mística del cristianismo como Sofía, el aspecto femenino de Dios, su novia amada y la compañera de su trono omnipotente.

Sofía se hace carne en María, que será la puerta a través de la cual Cristo podrá entrar en el mundo, ya que ningún humano puede llegar a este mundo si no es a través de un vientre de mujer. Con él compartirá la tarea de santificar la materia (que es el reino de la madre-mater-materia) y borrar de la Tierra el concepto de pecado, a través del poder del AMOR de sus corazones irradiantes. Al igual que el Cristo se retirará del mundo ascendiendo con su cuerpo físico una vez acabada su misión.

Así como ella es concebida milagrosamente por una mujer estéril –hija a su vez de una anciana que ya no puede engendrar–, del mismo modo, siendo ella virgen, concebirá al Cristo de modo misterioso.

Este embarazo del hijo de dios se anuncia en el seno de la Inmaculada como un sol que comprende pecho y vientre. Este aspecto de la representación es poco conocida, ya que la iglesia suprimió todas las imágenes en las cuales María se veía embarazada, por considerarlas pecaminosas. Así se perdió una de las claves fundamentales que pueden ayudarnos a conocer a María-Sofía.

El sol de la Inmaculada unifica útero y corazón. Integra ambos en su circunferencia. Es allí, en ese centro, donde ella puede concebir al Cristo. En la Inmaculada el vientre es importante, básico. Es el útero sellado primordial contenedor de todo el potencial aún no manifestado, es lo que los tibetanos llaman la matriz de lo no nato.

En su “lugar secreto”, su útero se eleva una octava al integrarse al corazón (ambos triángulos tridimensionales que apuntan hacia abajo). Eso le permite concebir en sí misma, en el doble sentido del término, al Cristo vivo.

La Inmaculada se nos presenta de pie sobre la Tierra que, al recibir la luz que viene del sol de su seno, dibuja una medialuna con los cuernos hacia abajo. Esta forma recuerda la estructura del cérvix femenino, a través del cual los bebés nacen.

Tiene a sus pies la Tierra (la materia), la luna (el mundo emocional) y la serpiente (que delata la herencia matrística del arquetipo).

Otra Inmaculada.
Es solar y lunar a la vez, porque su energía integra y sintetiza los opuestos complementarios.

En su cabeza una corona de 12 estrellas muestra la variedad del mundo manifestado (los 12 signos del zodíaco, las 12 tribus de Israel, los 12 discípulos). Pero esta corona también señala su coronilla completamente abierta hacia el Cielo, tanto como su vientre lo está hacia la Tierra.

Su cuerpo nos muestra a la Madre Divina como el espacio que contiene todo el Cosmos (sol, luna, tierra, cielo, estrellas...). Como el espacio que rodea y penetra la materia, y sin la cual ésta no podría existir. Es la trama de vacío que sustenta la forma. Es forma y es vacío, y es la síntesis de ambos.

El mandala de su vientre-pecho, por ser círculo y por ser Sol, nos remite también al concepto de centro, símbolo de la unidad.

Sus pies están firmemente asentados en la Tierra y sus brazos en postura de oración. Ella, como ángel del mundo, ora. Es la virgen orante que ruega por nosotros como abogada, intercesora y mediadora. Es la mensajera alada que lleva “hacia arriba” nuestros pedidos y ofrendas, y nos trae “hacia abajo” la Gracia y los dones concedidos. Es la representación antropomorfa de la paloma del Espíritu Santo.

Pintura de Ana Contreras, copia de un
manuscrito medieval.
A veces, a su alrededor, podemos ver algunos símbolos que evocan diversas imágenes de su energía: Puerta del cielo, Arca de la Alianza, Vaso espiritual, Fuente de Vida, Jardín cerrado, Ciudad de Dios, Estrella de la Mañana, Espejo de Dios, Rosa Mística... etc.

La imagen de la Inmaculada Concepción es el único retrato de la Sofía que ha perdurado hasta hoy. Es la novia de dios o alma de María que el 8 de diciembre desciende a la tierra para encarnar en el vientre de la estéril Ana.

Si abrimos nuestra consciencia a la enseñanza de estos símbolos y leyendas, en esta fiesta también nosotros podemos recibir en nuestro ser a la Sofía.


Así que, queridas hijas e hijos de la diosa, este viernes tenemos trabajo. 

Permanezcamos siempre unidos en la devoción a la divina maestra, y permitámonos engendrar en nuestro centro a la virgen niña que traerá el amor y la sabiduría crística a nuestras vidas.

Texto de Marianna García Legar, autora del libro "Fiestas de la Tierra y espiritualidad matrística en la península ibérica" CLICA AQUÍ PARA MÁS INFORMACIÓN

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional.

VOLVER A LA PÁGINA PRINCIPAL 

miércoles, 8 de noviembre de 2017

• Invocación a los siete linajes de padres

Por Marianna de Arboleda de Gaia

Os convocamos
Guardianes del Este, Donceles del Aire, Señores del Sol naciente.
Protectores de todo nacimiento y todo comienzo.
Veneramos vuestra simiente, vuestra iniciativa y vuestra sabia alegría.
Invocamos la renovada luz de vuestro amanecer. 

Os convocamos
Guardianes del Sur, Amantes del Fuego, Señores del Sol triunfante,
Protectores de los vínculos entre todos los seres.
Veneramos vuestra compasión, vuestra ecuanimidad y vuestra sabia generosidad.
Invocamos la fuerza vital de vuestra virilidad.

Os convocamos
Guardianes del Oeste, Padres del Agua, Señores del ocaso,
Protectores de la transformación cíclica.
Veneramos vuestra antigüedad, vuestro poder de curación y vuestra sabia actividad.
Invocamos la fuerza tranquila de vuestra fluidez.

Os convocamos
Guardianes del Norte, Abuelos de la Tierra, Señores del Sol negro,
Protectores de la interiorización y del retiro.
Veneramos vuestro desapego, vuestra oscuridad y vuestra sabia madurez.
Invocamos vuestra capacidad de centramiento.

Os convocamos
Guardianes del cielo que está arriba, casa de nuestros ancestros y maestros.
Protectores de nuestros más elevados sueños y anhelos.
Veneramos vuestra presencia que siempre nos acompaña.
Invocamos vuestra ayuda guiando nuestros pasos.

Os convocamos
Guardianes del mundo subterráneo y del Padre Oceánico.
Protectores de todos los linajes que habitan en Gaia.
Veneramos vuestra simiente ancestral, origen primigenio de la vida en la Tierra.
Invocamos vuestra poderosa fuerza para nuestro camino.

Y aquí, en el cruce de las 4 direcciones,
entre el pasado y el futuro,
habitando nuestro presente con consciencia,
nos convocamos a nosotros mismos, los hombres de Gaia.

Somos los Padres y los Abuelos del mundo.
Somos los hijos, los hermanos, los amigos,
los amantes, los novios, los esposos,
los que aman a las mujeres y los que aman a los hombres,
los guardianes, los constructores, los danzantes, los maestros.
Somos la simiente de Gaia,
Los que fecundan la Tierra con sus semillas de vida.

Nos hemos puesto en pie para unirnos en círculo
y honrar en nosotros el Espíritu Sagrado Masculino
que genera la acción, insemina, individualiza, discrimina y protege la Vida.

Trabajamos por todas nuestras relaciones,
por las 7 próximas generaciones,
para cuidar la Tierra
y contribuir a la Paz en la familia humana.

Estamos en pie de paz unidos en el círculo
y este lugar sagrado que aquí estamos creando
es nuestra escuela y nuestro templo.

El círculo ya ha sido trazado.
Que nuestro encuentro sea fructífero
¡La celebración ya puede comenzar!

Círculos de hombres facilitados por Adro (Martí Adroher), encuentros mensuales de 3 horas: Más información martiadroher22@gmail.com o 661 536 475 (WhatsApp).
                                      


  VOLVER A LA PÁGINA PRINCIPAL