sábado, 3 de junio de 2017

• Proyecto para dejar registro de sus vidas y enseñanzas


Foto Marisol Villanueva

Reproducimos a continuación la cita textual del este proyecto:
“¡Saludos a todos! Mi nombre es Marisol Villanueva; he trabajado con el Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas como su fotógrafa oficial durante trece años. En los últimos siete años, mi equipo y yo hemos pasado meses con cada una de las Abuelas y ahora estamos creando un libro sobre sus vidas y sabiduría. Nuestro objetivo es inspirar y apoyar el futuro de nuestro planeta y de las próximas generaciones. Os invitamos a uniros a nosotros en esta misión.
El proyecto Grandmothers Wisdom –Sabiduría de las Abuelas– incluirá la creación de un libro de gran formato con fotografías, representaciones artísticas y texto; de un sitio web educativo multilingüe y  de una exposición con audio y video que transmitirá cómo, según enseñan sus antepasados, las Trece Abuelas viven y rezan, trabajan con medicinas vegetales, y realizan ceremonias y rituales en sus hogares, en sus tierras y en sus comunidades.
La fase de documentación de este proyecto se llevó a cabo durante un período de siete años, entre 2010 y 2017, en el cual visitamos cada una de las trece comunidades de Abuelas durante dos o cuatro semanas. A través de fotografías, narraciones, representaciones artísticas, video y diálogos grabados, el proyecto Grandmothers Wisdom ha creado una documentación multimedia de cada una de las tradiciones vivientes de las abuelas, historias orales, formas de oración y prácticas ceremoniales específicas del lugar de cada abuela en la tierra.
El contenido de este proyecto es supervisado por cada una de las abuelas, para que sus voces y enseñanzas mantengan intacto el carácter, la belleza y la profundidad de su conocimiento, y sirvan como testimonio real de estas sabias custodias, de sus comunidades y de la riqueza de sus vidas.”
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• Así nació el Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas

Foto Marisol Villanueva.



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Extractos del libro “La voz de las 13 abuelas”, Carol Schaefer. Editorial Luciérnaga, 2088.
Según nos cuenta, Jeneane Prevatt (apodada Jyoti), inspirada por la espiritualidad indígena, comenzó a rezar para encontrar la manera de "preservar y aplicar las enseñanzas de los pueblos originales". En respuesta a sus plegarias, tuvo una serie de visiones. En una de ellas, vio un círculo de abuelas procedentes de diferentes partes del mundo. Jyoti sintió que se le estaba indicando que debía dar voz a aquellas mujeres. (...) Así fue como mandó cartas a dieciséis ancianas en las que les pedía que crearan un consejo. Algunas de aquellas ancianas declinaron su presencia, pero le dieron el nombre de otras que podían sustituirlas.
Jyoti no tenía ni idea de cuántas abuelas tenía que haber en el consejo y nadie sabía que había un número específico en la profecía hasta que se juntaron por primera vez. Una profecía se revela normalmente de forma tradicional y se ve confirmada a medida que va pasando el tiempo a través de diferentes personas y diferentes momentos. Cada vez que hay una revelación se profundiza en el significado de la profecía. Ese fue el caso de las abuelas, pues las visiones y las profecías continuaron, revelando que estaban destinadas a trabajar juntas.
Las Abuelas se reunieron y crearon el Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas en 2004, dando así cumplimiento a una profecía muy antigua conocida por varias tribus indígenas del mundo y que dice: "cuando las Abuelas de los cuatro puntos cardinales hablen, comenzará una nueva era".
Todas las Abuelas sabían que iban a participar en un consejo porque se lo habían dicho de diferentes maneras. A algunas de ellas se lo habían dicho sus propias Abuelas cuando eran ellas eran pequeñas. Todas ellas creían que habían sido convocadas en un momento en el que no existía el tiempo tal y como lo conocemos hoy en día, para reunirse en el momento del gran cambio y convertirse en una fuerza de paz para el mundo. Según la profecía, su misión sería compartir y enseñar sus secretos más sagrados con la misma gente que había oprimido a sus tribus, ya que la supervivencia de la humanidad, e incluso del planeta, estaría en juego.
Las Abuelas se enteraron de que trece era el número de miembros que tenía que tener el consejo durante la presentación de la Abuela Rita Pitka Blumenstein, del Círculo Polar Ártico, el primer día de la reunión. Mientras las lágrimas le resbalaban por las mejillas, enseñó a los presentes trece piedras y trece plumas de águila que había llevado hasta allí para cada una de las Abuelas. Era un regalo que llevaba a mucho tiempo guardado, esperando aquel día. Aquellos objetos se los había entregado su propia bisabuela cuando ella tenía nueve años, diciéndole que algún día ella formaría parte de un Consejo de Abuelas, y que esas plumas y esas piedras eran un regalo para cada una de ellas.
El trece es un número sagrado en todas las tradiciones de las trece Abuelas. Antes, el año estaba dividido en trece meses porque había trece lunas llenas y el ciclo femenino está vinculado con los ciclos de la luna. En aquellos tiempos, las mujeres eran seres a los que se respetaba inmensamente porque sus cuerpos estaban sincronizados con el cielo y eran capaces de dar vida, exactamente igual que la Madre Tierra.
Las trece Abuelas crearon su consejo para compartir sus oraciones, sus rituales y sus ceremonias para sanar el planeta y forjar una alianza que se exprese a través de una sola voz. Para trasmitirnos las diferentes maneras de hacer real la sostenibilidad, la soberanía y una alianza unificada entre todos los pueblos de la Tierra por el bien de la vida y de la paz.

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• ¿Qué nos enseñó el Consejo de las 13 abuelas Indígenas?

Foto Marisol Villanueva.
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Extractos del libro “La voz de las 13 abuelas”, Carol Schaefer. Editorial Luciérnaga, 2088.
Según las abuelas del Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas la supervivencia de una tribu se basa no solamente en vivir en armonía con la Naturaleza sino también en vivir en armonía con el prójimo. El pilar más fuerte de la tribu era la familia. Así, el bienestar de cada familia era esencial para el bienestar de la comunidad. En la naturaleza, encontraban reflejo de los diferentes roles que hay dentro de una familia. Se daba por hecho que tanto los hombres como las mujeres son espíritus vivos en carne y hueso, reflejos del amor de la Creadora, del principio madre/padre. La Tierra era la Gran Madre, la que da y alimenta la vida, el principio de energía femenino. El Cielo y el Universo eran el Padre o el Abuelo, el principio de energía masculina.
Los pueblos indígenas dependían por completo de la Naturaleza. Por eso, para ellos la vida, toda vida, era sagrada. En ningún momento se veían separados de la Naturaleza ni del cosmos. Lo que se le hacía a la Tierra y a sus habitantes se lo hacían también a sí mismos. Todo era parte del Uno. Los animales y las plantas del planeta no eran objetos. En el momento en el que la Naturaleza se cosifica surgen los malos tratos y la falta de respeto.
De acuerdo con la autoridad familiar, que tradicionalmente representaban las mujeres mayores, las Abuelas eran las guardianas que debían velar por la supervivencia física y espiritual de la familia y, por tanto, de la tribu. Las abuelas se convirtieron en las depositarias de las enseñanzas y de los rituales que permitían florecer a la tribu y se encargaban de mantener el orden social. En muchas tribus del mundo, incluida la Nación Iroquesa (en cuya Constitución se inspiró la de EE.UU.), se consultaba siempre al Consejo de las Abuelas antes de tomar una decisión importante. Por ejemplo, la decisión de ir a la guerra o no.
Los pueblos indígenas vivían siguiendo un sistema comunal basado en la reciprocidad. Todo el mundo compartía lo que tenía y todo el mundo cuidaba de todo el mundo. No existía el acaparamiento, lo que propiciaba que ningún miembro de la tribu se quedara sin nada y que todos prosperaran por igual. La comida que conseguían los cazadores se repartía entre todos los miembros de la tribu. Así, si un cazador era especialmente bueno, no se quedaba una parte mayor de la caza para él sino que se le daba un lugar de honor en la tribu.
El concepto de escasez no existía, y no existía la necesidad de acumular pertenencias personales. Las tribus sabían perfectamente lo que necesitaban para sobrevivir, sabían lo que era suficiente. Pronto aprendieron que compartir y trocar aumentada el valor de lo que se daba y que la acumulación, cuando ya se tenía suficiente, detenía el flujo de los recursos. Cuando todo el mundo se beneficiaba, el individuo se beneficiaba todavía más. Las Abuelas nos recuerdan que podemos aprender del sistema tribal que toda la Humanidad puede prosperar mientras que los miembros del los pueblos indígenas pueden aprender del mundo moderno cómo ganarse la vida cuando salen de sus comunidades tradicionales.
Según las Abuelas, incluso las piedras tienen espíritu. De hecho, se dice que las piedras son las que tienen mayor memoria porque son los seres más antiguos del planeta. Según las enseñanzas indígenas, el espíritu de algo está en su corazón y en ese espíritu está la esencia de la mismísima Creadora, o como quiera que cada uno llame a la fuerza divina. Un acto tan sencillo como coger una piedra y sujetarla en la mano en silencio puede cambiar a una persona de manera sutil y profunda. Según las Abuelas, encontrar mundos diferentes en una simple piedra nos hace descubrir mundos diferentes dentro de nosotros mismos.
Las Abuelas nos recuerdan que a través de visiones, de sueños, de la oración, la ceremonia y el ritual podemos acceder al mundo sagrado de los espíritus de la naturaleza. Las ceremonias y los rituales nos permiten participar en los mitos o arquetipos de nuestra cultura y sirven para sacarnos de la realidad ordinaria. Los rituales que se realizan con una intención propician la concentración y nos permiten acceder a niveles desconocidos de la mente para comunicarnos con los reinos espirituales en busca de profecía y guía y para influir en los acontecimientos.
Según las Abuelas, el propósito más alto de la espiritualidad es tocar el misterio que va más allá de las palabras, y que sólo puede ser percibido en silencio y en soledad. Escuchar el silencio lo coloca a uno en contacto con la energía, la vibración y las fuerzas espirituales que son el corazón de la creación. Las Abuelas creen que debemos regresar a nuestro espíritu interno y al espíritu de todas las cosas, pues nos hemos desviado al buscar la felicidad fuera de nosotros.
Las Abuelas son conscientes de que ha habido una corrupción innegable del espíritu de la humanidad. La familia humana global, un macrocosmos del sistema tribal, está perdida, confundida y enferma. Estamos desconectados de nosotros mismos y del planeta que alimenta nuestro cuerpo y nuestra alma. La violencia y la guerra han traído el hambre, la pobreza, la pérdida de la cultura y el avasallamiento de los derechos humanos. Hay lugares en los que el agua, la sangre de nuestra Madre Tierra, está tan contaminada que no se puede beber y otros en los que el aire está tan contaminado que no se puede respirar. Las Abuelas se preguntan si, de verdad, queremos que esto siga así. ¿Es éste el mundo que queremos dejar a las próximas generaciones? Hemos perdido la enseñanza más fundamental: que toda vida es sagrada.
Como todas las formas de vida están conectadas las Abuelas creen que la calidad de vida y la evolución espiritual no están separadas de la política ni de la conciencia. Las culturas que no derivan ni están basadas en las leyes naturales no tienen raíces y no pueden sobrevivir. Si no tenemos una profunda conexión con la naturaleza, vamos a la deriva, entramos en la negatividad y nos destruimos a nosotros mismos espiritual y físicamente. Sin embargo, si estamos profundamente conectados con la Naturaleza, vemos belleza por todas partes. Para empezar, en nosotros mismos.

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• Las abuelas que conforman el Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas


RITA PIKTA BLUMENSTEIN - ALASKA“El pasado no es una carga, es un andamio que nos trae al presente. Somos libres para ser quienes somos, para crear nuestra vida desde nuestro presente y nuestro pasado. Somos nuestros antepasados. Podemos sanarnos y sanar a nuestros antepasados, a nuestras abuelas y abuelos y también a nuestros niños. Cuando nos sanamos, sanamos la Madre Tierra.”

Nacida en una barca de pesca, creció en Tununak, Alaska. Bisabuela, esposa, tía, hermana, amiga, anciana de la tribu, la Abuela Rita acudió a una escuela Montessori en Seattle. Crió 2 hijos y trabajó en hospitales atendiendo partos como acompañante del médico. Ha viajado alrededor del mundo enseñando cestería, canto y danza ganando dinero para los Colegios Nativos Americanos. Ha participado en muchas Conferencias de sanación donde sus enseñanzas sobre el “Circulo de palabra” han sido grabadas y publicadas. Actualmente trabaja para el South Central Fundation como doctora tribal utilizando plantas y medicina energética.


MONA POLACCA - ARIZONA, AMÉRICA DEL NORTE “Los pueblos indígenas atraviesan un tiempo de gran lucha, un tiempo de oscuridad. Mi visión es la de la naturaleza de la mariposa. En el capullo, un lugar de oscuridad, la criatura se descompone en un fluido y luego cambia, una transformación sucede. Cuando está lista empieza a moverse y su forma se despliega, rompiendo el capullo emerge al mundo y a la vida como una bella criatura. Nosotras las abuelas, emergemos de esta oscuridad y vemos la belleza, vemos al otro y alcanzamos al mundo con los brazos abiertos llenos de amor, esperanza, compasión y caridad.”

Abuela HopiHavasupai - Tewa, está trabajando en su doctorado en el Departamento de Estudios Interdisciplinarios de Justicia de la Universidad de Arizona. Ha trabajado en sanación de temas de alcoholismo, violencia doméstica y salud mental para los ancianos nativos.


AGNES BAKER PILGRIM - OREGÓN, AMÉRICA DEL NORTE“Nosotras la abuelas venimos de lejos para hablar del conocimiento que tenemos en nuestro interior. En muchas lenguas se nos ha dicho que el tiempo de hacer cambios en nuestras familias y en las tierras que amamos. Somos las voces de los sin-voz. Estamos en el umbral. Vamos a ver los cambios. Si podemos crear la visión en nuestros corazones, esta se extenderá. Como portadoras de la luz, nuestra única opción es unirnos para trabajar juntas. Como mujeres de sabiduría no podemos dividirnos. Cuando el cóndor se encuentra con el águila los pájaros del trueno regresan a casa.”

Agnes es la mujer viva más anciana de su tribu, los indios Takelma, originarios del Sur de Oregon. Reconocida líder espiritual, es una leyenda viva y miembro de la Historic Society y guardiana de la Sagrada Ceremonia del Salmón.


BEATRICE LONG-VISITOR HOLY DANDE - BLAKS HILLS, AMÉRICA DEL NORTE
“Estamos aquí con una oración para las próximas generaciones, para nuestros nietos que sufren, para los hijos de nuestros nietos. ¿Como vamos a sobrevivir? Nuestro gobierno nos lo está quitando todo. Nuestra gente quiere que se le devuelvan las Black Hills de Dakota del Sur. La única manera de sobrevivir es la oración.”

Guardiana de las tradiciones lakota, tatarabuela, anciana de la Iglesia Nativa Americana, danzante del sol y trabajadora de la salud para personas con diabetes. La Abuela Beatrice abandonó este plano de existencia en 2016.







RITA LONG-VISITOR HOLY DANDE - BLAKS HILLS, AMÉRICA DEL NORTE
Guardiana de la tradición Lakota, tatarabuela, anciana de la Iglesia Nativa Americana, artesana tradicional de cuentas lakota.





MARGARET BEHAN - AMÉRICA DEL NORTE

“Si queremos ver cambios lo primero que necesitamos es paz en nuestro interior y ser pacientes con quienes aún no han llegado a ese lugar de paz.”
Arapahoe - Cheyenne, es la 5º generación descendiente de la masacre de Sand Creek. De niña estuvo en una misión católica e internados gubernamentales. Margaret, "Red Spider Women" -mujer araña roja- es una guerrera danzante tradicional. Ha sido lider danzante en Oklahoma y en asambleas de USA. Ha sido honrada por su trabajo como escultora durante 24 años. Margaret es una poeta y dramaturga consumada y publicada. Consejera autorizada para tratar con Abuso de Sustancias, ha hecho talleres y retiros con mujeres, con hijos adultos de alcohólicos y codependientes. Actualmente investiga el trauma generacional, interesándose en el síndrome de estres post-traumático intercultural, duelo, peligro y miedo, odio y caos.


FLORDEMAYO – CENTROAMÉRICA“En este tiempo de transición en que las puertas celestiales se han abierto, debemos hacer lo que se nos ha pedido. Estamos en el movimiento y en la vibración de una profecía sagrada que nos dice que la conciencia está preparando el espíritu de lo femenino, el espíritu de las abuelas. En esta profecía caminaremos hacia la luz unidas desde las cuatro direcciones.”Abuela maya nacida en la frontera entre Honduras y Nicaragua. Su padre era un chaman local y su madre comadrona y sanadora. Cuando crecieron sus hijos Flordemayo comenzó a trabajar como sanadora y curandera. Es danzante del sol y considera su herencia maya como eje de su trabajo. Estudia con Don Alejandro Oxlaj, jefe del Consejo de Ancianos Mayas, quien convocó el primer Encuentro de los Sacerdotes Indígenas y Ancianos de America en 1994. Actualmente participa del Consejo de Directores del Instituto del Conocimiento Natural e Indígena en San Juan, Nuevo México.


JULIETA CASIMIRO - CENTROAMÉRICA “Tenemos que mantener viva la esperanza. Es como una historia interminable: en mi pueblo hay violencia y lo que ocurre en mi pueblo está ocurriendo en el mundo. En este momento necesitamos nuestra fe. Necesitamos fortalecer esta fe para poder continuar haciendo nuestro trabajo espiritual y continuar ayudando a otros.”Anciana mazateca, de Huautla de Jiménez, México, es heredera de la tradición de sanación y ceremonia con plantas sagradas, según el camino pre-hispánico Teonanactl de los “Niños Santos”.



MARIA ALICE CAMPOS FREIRE - AMAZONIA BRASILERA - AMÉRICA DEL SUR“Conocí a un anciano chamán que durante su último año de vida no comió nada y ni siquiera bebió agua, sólo medicina sagrada. Todo el tiempo escuchaba sonidos divinos y llamó a la mayor de nuestras hermanas para pedirle que escribiera los mensajes que el recibía para las mujeres. Decía que las mujeres teníamos que transmutar primero, y que luego lo harían los hombres. Por lo tanto las mujeres han de ser valerosas, no dudar nunca de su tarea y ponerse a trabajar cuanto antes.”En la iglesia del Culto Eclectico al Santo Daime, los líderes espirituales son llamados padrinos y madrinas. Marie Alice se convirtió en una de las madrinas de la Comunidad el Santo Daime Ceu do Mapia de Amazonia por su contribución como médium y sanadora, aportando fundamentos de Umbanda. Fundadora del Centro de Medicina de la Selva donde desde 1989 desarrolla investigación y sanación con plantas del Amazonas y también educación de niños y jóvenes para la conservación de la naturaleza y el desarrollo sostenible. Miembro de la Alianza de Gentes de la Selva Tropical es una activista en defensa de sus tradiciones y patrimonio natural.


CLARA SHINOBU IURA - AMAZONIA BRASILERA - AMÉRICA DEL SUR
“En estos tiempos en que vivimos en que matar parece casi natural, estamos aquí en oración con el deseo de iluminar conciencias. Trabajamos para este planeta que agoniza. En nuestros corazones alberga una gran esperanza. Esta esperanza es la semilla que hay que plantar.”
Nacida en Sao Paulo, Brasil, Clara estudió filosofía en la Universidad de Sao Paulo. A través de sus experiencias como adivinadora y médium, fue iniciada en muchas enseñanzas desde la macrobiótica a Umbanda. Después de ayudar en la sanación del Padrinho Sebastiao, líder espiritual de la iglesia del Santo Daime, fue invitada a vivir y trabajar en Ceu do Mapia, comunidad del corazón de la selva amazónica. Desde 1999 dirige Santa Casa de Saluz Padrino Manoel Corrente, el centro holístico de Céu de Mapia, Brasil.


BERNADETTE REBIENOT - GABÓN, ÁFRICA“Nada ocurre en mi país sin que se consulte a las mujeres. Nuestros sabios y nuestros anciano, son como bibliotecas, y a ellos consultamos para tomar grandes decisiones. Cada cinco años, en mi país, las mujeres hacen una marcha por la paz y las abuelas se retiran un mes al bosque para preparar esa marcha. Allí ayunan, rezan e invocan a los antepasados. Cuando las abuelas hablan, el presidente escucha.”Nacida en Libreville -el Gabón de la comunidad lingüística de Omyene- es viuda, madre de diez hijos y abuela de veintitrés nietos. Antes de jubilarse Bernadette trabajó como educadora y administrativa en una escuela. Ha participado en numerosas conferencias nacionales e internacionales sobre medicina tradicional. Es sanadora, maestra del rito Iboga Bwiti y maestra de Iniciaciones para Mujeres. Ha dedicado los últimos treinta años a hacer iniciaciones y consultas. Desde 1994 es presidenta de la Asociación de Profesionales de Medicina Tradicional de la Sanidad (U.T.S.G) en Gabón.

AAMA BOMBO - ASIA
Buddi Maya Lama, también conocida como Aama Bombo -“madre chamana”- nació en el remoto pueblo de Melona, Nepal. Su padre fue un renombrado chamán de la tradición nepalesa Tamang. Aama se convirtió en chamana a pesar de que en su tradición no está permitido a las mujeres la práctica chamánica. Su padre le impidió practicar pero al morir éste, su espíritu y otros dioses y espíritus comenzaron a visitarla para enseñarle a ser chamana. Hoy Aama ha alcanzado gran renombre en Nepal. Trata cerca de 50 pacientes cada mañana en su casa de Boudnath, cerca de Katmandú. Llegan a visitarla pacientes desde todo el pais, de India y Tibet. No hace diferencia con aquellos a quienes sana, tratando con igual dedicación y respeto tanto a los más pobres de los pobres como a la familia real nepalí.


TSERING DOLMA GYALTONG - TIBET, ASIA“Me gustaría hablar de los problemas del mundo y de la fuente de esos problemas. Soy tibetana, así que hablaré de la situación del Tíbet. Los tibetanos cuidaron mucho la tierra pero ahora se esta convirtiendo en un lugar donde se entierran desechos radioactivos de todo el mundo, esto es un peligro para todos. En mi cultura siempre hemos respetado la naturaleza.”Tsering Dolma nació en Tibet en 1929. Debido a la invasión comunista del Tibet, escapó a India con su familia en 1958. En 1972 ella y sus 4 hijos fueron a Canadá como refugiados. Volvió a India y fue uno de los miembros fundadores que revivió la Asociación Tibetana de Mujeres (TWA). Durante los siguientes 10 años fue miembro ejecutivo de TWA de la que estableció 30 oficinas en el mundo. En 1995 Tserin Dolma acudió a la IV Conferencia Mundial de Mujeres en Beijing, China. Sufrió amenazas y su vida corrió grave riesgo por criticar abiertamente al gobierno chino y su tratamiento del pueblo tibetano, especialmente de la mujer tibetana. Vive en Toronto y continúa su labor como consejera de TWA.

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viernes, 21 de abril de 2017

INICIACIÓN GUARDIANAS DEL FUEGO DE EUROPA


MOVIMIENTOS SISTÉMICOS EN LA RUEDA DE LA MEDICINA


• Catherine Poulain: “Salir de ti y saber que hay algo más es una experiencia muy bella”


Por Ima Sanchís. 06/04/2017

Hay entrevistas que requieren ser vistas. Esta es una de ellas. Ver sus ojos verde clarísimo, su fragilidad, sus rudas manos a las que les falta un dedo que se llevó el mar. Oír su voz dulce y sentir que lo que cuenta, su vida faenando en un pesquero durante diez años en Alaska, no es una paradoja. Lili muestra que fragilidad y fuerza van de la mano, que hombres y mujeres pueden ser compañeros, que compartimos fiereza y ternura con el resto de los animales. A los 20 años dejó su casa, recorrió Asia con lo puesto, EE.UU. entre camioneros sin perder la inocencia, la misma que la convirtió en un marino durante años o en pastora transhumante después. Luego Lo cuenta en su pirmera novela “Allí, donde se acaba el mundo” (Lumen), que ha sido obra finalista del premio Goncourt.


Tengo 56 años. Nací en Alsacia. Vivo en Burdeos y mi compañero (hace diez años), en los Alpes: un buen equilibrio. Yo soñaba con la anarquía, pero el humano no es suficientemente responsable. Considero las religiones muy útiles, te llevan más allá de la realidad material, pero yo creo en la fuerza de la naturaleza

Y fue pastora trashumante. Tiene una sabiduría esencial, fruto de la libertad.
Siempre tuve la idea de que si recorría mundo con sencillez acabaría encontrando el sentido de la vida.

Se fue a los veinte años.
Estuve un año en Asia. En India dormía en las estaciones, sobre un trozo de tela, como los indios. Estaba sola y desnuda ante el mundo.

¿Y qué descubrió?
Que las cosas no eran como yo pensaba. Trabajé en bares en el puerto de Hong Kong sin darme cuenta de que aquel era un universo peligroso. Descubrí que la gente que tiene poco dinero, como las chicas que trabajaban allí, no son necesariamente buenas personas; ni los ricos necesariamente malos.

Desmontó tópicos.
Fue importante, porque como hija de un pastor protestante tenía muy marcado el concepto del bien y del mal.

¿Y no le daba miedo dormir en la calle?
A veces, pero siempre supe que era importante abandonar la seguridad; ahí empieza el viaje.

¿El mundo la trató bien?
Sí. Creo que la gente inocente, naif o estúpida, de algún modo está protegida.

Trabajó como temporera.
Sí, en Canadá. Con gente muy curtida llegada de todas partes del mundo, básicamente hombres: tuve que aprender a defenderme.

Es usted delgadita y frágil...
Has de correr más rápido, anticiparte, morder fuerte. No siempre sales indemne. Creo que es importante superar esas contingencias físicas; son como peleas de perros: rápidas, feroces..., luego todo queda en calma.

No es agradable que te acosen.
El acoso esconde una herida, una debilidad: esa necesidad de amor que ves por todas partes.

¿Amor o dominio?
Amor, no saben hacerlo de otra manera, su universo es físico. Después de la lucha, de venir a molestarme, sentían vergüenza. Acabaron respetándome.

¿Pero qué necesidad tenía de estar ahí?
No quería rendirme y marcharme. Amaba esa vida en la naturaleza, quería trabajar de sol a sol, dormir junto al lecho del río y no estar encerrada dentro de la condición de mujer.

También recorrió Estados Unidos.
Allí descubrí los grandes espacios. Crucé el país en autostop y deseé que nunca acabara. Supe de la fraternidad de la gente de la carretera. Los camioneros nunca me molestaron. A veces no había nada durante miles de millas y ellos me hacían un hueco en el colchón. Nunca me tocaron. En cierto modo eran como marinos. Pero cuando llegué a Alaska supe que ese era el lugar, la última frontera. Llevaba 12 años lejos de casa.

Llegó a un mundo duro y salvaje.
Sí, pero también un mundo en el que te sientes más libre. Si mantienes un cierto código del honor, puedes hacer lo que te dé la gana. Tal como dicen allí los marinos, tienes derecho a estar loco. Con los años me convertí en uno de ellos.

Vayas donde vayas te encuentras con la simpleza humana: borracheras, peleas...
Cierto, pero cuando estás en una vida primaria porque el trabajo es intenso, donde lo único importante es comer, poder dormir, tener un poco de calor..., entonces llegas más rápido al corazón de las cosas y de la gente.

¿Y ese corazón no es decepcionante?
No. En el barco lo que cuenta es la pesca y la supervivencia. Salir de ti y saber que hay algo más es una experiencia muy bella. Y cuando el tiempo era malo y veía ese vacío negro que llega después de la gran ola, me sentía fascinada.

¿Nunca tuvo miedo?
Sí, cuando un compañero cayó al agua y se ahogó. Pasábamos semanas en el mar abastecidos por barcos nodriza. Dormíamos en pequeñas literas arrullados por el ruido ensordecedor del motor, el olor de la humedad, de los cuerpos, de los trajes de plástico...

¿Qué descubrió en ese mundo masculino?
Acumulé un montón de hermanos que me descubrieron que yo era una mujer aunque vistiera un impermeable, tuviera la cara llena de sangre y el pelo lleno de pescado. “Eres una mujer mucho más allá de tu vestimenta –me dijeron–, lo eres en cada uno de tus gestos y en tu interior”. Me sentó muy bien, la apariencia no es nada.

¿Por qué huía de su feminidad?
Yo quería entrar en ese universo masculino, en la fuerza, en la aventura. No quería limitarme a una profesión femenina en la que tienes que cuidar tu cuerpo. Temía provocarles si me ponía un vestido bonito en tierra –demasiadas pocas mujeres–, y ellos se burlaban de mí: “Te puedes poner un vestido, Lili, no pasa nada”.

¿Cómo se llevaba con las mujeres?
Decían que conseguía trabajo acostándome con el patrón. Eran celos de mi proximidad con los hombres, porque ellas los tenían como amantes, pero yo conocía sus sueños. Me expulsó Inmigración porque no tenía papeles, alguien me vendió y no pude volver en diez años.

Cambió los hombres por las ovejas.
Fui pastora trashumante durante ocho años. Pasaba muchos meses sola con las ovejas. Aquello no distaba tanto de la vida en el mar.

¿Alguna conclusión?
Añoro los animales, su calor, su olor, su mal carácter y su inteligencia. Y no me gusta su final.

Ahora escribe, ¿a qué le da vueltas?
Yo creo que la naturaleza es nuestra base, es lo que nos equilibra. Lo demás, todo lo vivido, ya no nos pertenece, ya no sirve para nada. Hay que salir de uno mismo. Las fronteras las tenemos dentro.