miércoles, 31 de agosto de 2016

• Sakkas Kruiper, sanadora bosquimana

Sakkas Krupier visitó España en Enero de 2016 para participar en el encuentro de Abuelos sanadores y guardianes de la sabiduría del mundo que se reunieron en Cambrils para oficiar sus ceremonias en el Llamado del corazón unido (www.edicionesga.con) y hacer de la Tierra un portal de la paz.

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• Nuestros cuerpos, nosotras decidimos

Arriba: la mujer en la playa. Abajo: La policía obligándola a sacarse
su ropa y multándola por llevarla.

Por Najat El Hachmi, Escritora  ::  Diario El Periódico  ::  26 de agosto del 2016.

La foto de la mujer a la que en Niza obligaron a quitarse su ropa en público humilla porque es una mujer, porque su origen és el que es, y porque ella es de una clase social determinada

De pequeñas nos lo enseñaron, nos dijeron: niñas, chicas, cuando empecéis a ser mujeres, vestíos como es debido, ocultad vuestros cuerpos porque en ellos está la tentación, la vergüenza, el demonio. Nuestro deseo de hombres es impetuoso, irrefrenable y no lo podemos controlar, es más fácil que seáis las mujeres las que os disimuléis bajo las telas para no provocarlo. En la zona de donde yo vengo, al norte del sur y al este del oeste, nos mandaban cubrirnos las cabezas una vez casadas para distinguirnos de las solteras, porque nada era más deshonroso que asediar a la mujer ajena. Asediar a la hija o la hermana de otro no era tan grave.

Nos decían que nos cubriéramos las partes que incitaban a las conductas prohibidas y antes incluso de tener culo o tetas ya sabíamos que estas eran carnes delictivas. Tampoco era tanta controversia; entonces, los vestidos de madres y abuelas, generosos trozos de tela, no dejaban mucho margen a la transgresión. Por eso no insistían mucho en los mensajes para reglamentar la indumentaria de las mujeres.

TRES HURACANES
Pero de repente todo se trastocó. Tres huracanes que no habíamos elegido lo convulsionaron todo. El primer huracán fue la modernidad que entró en las casas y en nuestros gustos, y que nos hizo descubrir nuevas formas de vestir, de llevar el pelo, de modificar nuestra apariencia más allá de los antiguos tatuajes, la henna temporal o el khol recién molido por las abuelas. Descubrimos pantalones y camisas, y después puntos y licras que se pegaban al cuerpo, aberturas nunca imaginadas.

El segundo huracán fue la emigración que envió a pueblos enteros hasta las desconocidas tierras europeas, donde tendríamos que pensar de nuevo como si hubiéramos salido de la nada, donde tendríamos que esforzarnos en picar piedra para entender las raíces y decidir libremente, se supone que ahora sí, cómo queríamos conjugar todas estas piezas: la tradición, la feminidad, la religión, la democracia y el gusto y la estética, por supuesto.

Todavía no habíamos empezado a pensar sobre ello cuando llegó el tercer huracán, el del miedo, el de la contrición, el que nos instaba a frenar las ansias de cambio, el que nos dice, en boca de turbios telepredicadores de poca monta -con toda la barba, eso sí- que el principal peligro para la supervivencia de nuestra religión, la quisiéramos o no, éramos nosotras mismas y sobre todo, sobre todo, nuestros cuerpos.

ANTE EL ESPEJO
Con todo esto crecimos, cada mañana ante el espejo teníamos que decidir qué nos poníamos, algo tan superfluo que se convirtió en el centro de todo. Según qué llevábamos o no sobre el cuerpo significaría unas cosas u otras; lleváramos lo quelleváramos seríamos siempre un mensaje, un posicionamiento en medio de una frontera que no sabíamos dónde empezaba y dónde terminaba, al ser más de los unos que de los otros. Que si te pones pañuelo eres de los unos, que si pantalones ajustados, de los otros, que si maquillaje, de estos, que si falda larga hasta los pies, de aquellos.

Por eso no tardaron en llegar las contradicciones, pantalones que cortan la respiración y cabeza tapada, enormes ojos sombreados, labios rojos y chilaba. Unas optaron por cubrirse porque eso las hacía sentirse seguras, protegidas. También hubo que lo decidieron a conciencia después de leer las fuentes y hacer el esfuerzo de interpretar ellas solas su propia religión, sin barbudos de medio pelo de por medio. Hubo quienes, hartas de que les pidieran que se camuflaran en las nuevas tierras, de que les dijeran mira que eres mora, un buen día se hicieron más moras que nunca con un pañuelo bien vistoso, así, en medio de la clase y ahora sí que tendréis motivos para decirme que no me integro.

Muchas otras decidimos, contra todo tópico, deshacernos de las ropas de nuestras madres, quitarnos la vergüenza del cuerpo femenino, destaparlo hasta donde permitía el gusto estético y no la moral. Elegimos esta opción para no pagar con nuestras carnes ninguna supuesta lucha de civilizaciones ni de religiones, para no marcarnos la piel con telas convertidas en símbolos identitarios. A las que elegimos no taparnos nos cogió un orgullo de cuerpo de mujer, fuera lo prohibido, fuera la vergüenza y fuera la deshonra. Si es tentación, que lo sea, es vuestro problema. Enseñaríamos lo que nos diera la gana para deshacernos precisamente de todos los escupitajos que se deslizaban sobre nuestra piel desde hacía siglos y que nos tildaban de impuras. Nos aferramos a esta actitud porque nos daba poder, suponía desafiar los preceptos, encararse con la herencia patriarcal con la carne y los huesos y reclamar, de paso, también nuestro derecho al deseo. Lo pagamos, claro, no fue fácil.

CON ELLOS NO SE ATREVEN
Según cómo vistes es que pides guerra, así que trágate las persecuciones diarias, las miradas y las palabras malsonantes en según qué barrios, trágatelo todo porque tú te lo has buscado. Pero hemos resistido, aunque a veces eran los propios autóctonos, los sin religión y criados en democracia, los que nos decían: chica, te has pasado, ¿en tu país te dejarían ir así de fresca y ceñida? Nos hicimos inmunes a los comentarios de unos y otros porque por encima de todo queríamos defender la presencia de nuestro cuerpo, nuestra presencia, en el espacio público, sin restricciones. Hasta al toples y las playas nudistas llegamos algunas.

Casi ya lo habíamos conseguido, ya habíamos olvidado que nuestras carnes pudieran ser campo de batalla. Y de repente nos llega la fotografía que plasma una agresión en toda regla: dos policías se acercan a una mujer en Niza y la obligan a desvestirse. Estaba la señora allí tumbada, ni siquiera había entrado en el agua, pero los policías no se fueron hasta que ella enseñó bastante carne. Un puñetazo, una humillación. Porque es mujer, porque su origen, reciente o remoto, es el que es, porque es de una clase social determinada. No se atreverá, no, el francés que gobierna a hacer desvestir las mujeres de los jeques del Golfo que se pasean por los Campos Elíseos negras hasta los ojos. Nos hierve la sangre ante la instantánea y de repente hemos retrocedido en el tiempo y estamos, de nuevo, en el punto de tener que conquistar de nuevo el espacio público. A ellos, los hombres, nadie les hará desnudarse, ni les dirá cómo deben vestir. Nos hierve la sangre y el nosotros que creíamos tan sólido cambia, nos engloba de nuevo a todas, tapadas y destapadas, porque ante todo es el nosotras de ser mujeres.

• El parto: Descan.. ¿¿qué??

Por Shiran Efraty, matrona - www.partoactivoblog.wordpress.com

Hace poco fui a hacer una visita puerperal a una mamá que dio luz 8 días antes. Esa mama tuvo un parto totalmente natural a un bebé que peso 4.500! Era su segundo hijo pero su primer parto.  La mayor nació por cesárea dos años antes.

La encontré un poco triste, pálida, sin animo.

- ¿Cómo estás?, le pregunté.

- Cansada, me dijo, No me da tiempo a nada y la casa esta fatal. Estoy un poco preocupada porque estoy sangrando mucho.

- Cuéntame como pasas el día, ¿que has hecho hoy?¨

 - ¿Hoy? Nada. Solo he  organizado la casa, he sacado los gatos, he hecho la comida, he lavado la ropa… ah! y he dado el pecho. Nada más…

Su tristeza, cansancio, palidez, sangrado,  tiene básicamente una solución . el descanso.

¿Y por qué una mujer puérpera tiene que descansar? 
Porque son mucho cambios corporales. Empezamos con el maravilloso útero que durante nueve meses ha criado a tu bebé de forma perfecta (¿le has dado las gracias?) y cuando tu bebé estaba preparado, le ayudó salir contrayéndose intensamente durante horas o incluso días. (Para que luego los ginecólogos lo definan como motor de parto. cualquier día lo sustituyen por uno de Volkswagen). Para que te hagas la idea, tu útero ha aumentado su tamaño de 60 gr. a 1 Kg., y su volumen se ha multiplicado ¡por 1000! ¿Impresionante, no? Pues todo eso tiene que volver a su estado original en poco días. Es lo que se llama la involución uterina y los famosos entuertos.
La involución uterina va acompañada de sangrado, los loquios. Estos duran normalmente entre 2 y 6 semanas. Y te cuento algo importante: cuanto menos descansas, más tiempo vas a sangrar. Así es. Y hablando de sangre, tu punto de partida ya es más bajo. Has perdido sangre en el parto. Hasta medio litro se considera una cantidad normal. ¡Poco no es!

No solo que tu cuerpo se tiene que recuperar sino que, además, tiene que invertir energía produciendo leche. Tu bebé ya no esta dentro, pero tú le sigues alimentando. La naturaleza es sabia y la producción de leche siempre será prioritaria, pero eso no significa que no te tengas que cuidar (te tienen que cuidar). Y eso sin hablar de las dificultades de la lactancia o el dolor tan frecuente al principio.  

Cuando estas con 8 cojines de lactancia alrededor, las tetas al aire y los pelos de loca, luchando con la posición, no quitas ojo del niño para no perder el milisegundo que abre la boca y engancharlo, tu marido metiendo la cabeza para ver si ha cogido la areola por debajo, ahora dudas si el niño respira, comprimes el pecho por si acaso y… se ha desenganchado. Todo de nuevo! Y allí en medio del salón, está el amigo de tu marido, que lleva ya 4 horas en tu casa, preguntando si hay algo para comer.

A nivel emocional son muchos cambios. Ha nacido un bebé y con él ha nacido una mamá. Necesitas tiempo para procesar lo que ha pasado en el parto, tiempo para asimilar el cambio de la estructura familiar, las relaciones con tu pareja, con tus otros hijos. Son muchos sentimientos y emociones a veces totalmente opuestos. Los cambios hormonales y la falta de sueño aumentan mucho la intensidad con que se viven esos cambios. Déjales espacio, toda adaptación requiere tiempo.

A la recuperación física, a los cambios emocionales, a la lactancia, habría que añadir el cansancio del parto en sí mismo, el llanto del bebé, las visitas, las noches sin dormir, la casa.. ¿pero cómo no vas a estar cansada? 

¿Por qué las mujeres tenemos tanta prisa de demostrar al mundo “estoy bien, aquí no ha pasado nada”?. ¿Cómo que no?

En todas las culturas tradicionalmente, la época del post parto se consideraba una época sagrada, con sus rituales y costumbres para proteger y cuidar a la mujer y al recién nacido. La cerrada de las parteras mexicanas, Yu-Fai (cerca del fuego) en Tailandia, La Henna en norte de África, el Sweat Lodge (cabaña de sudar) de los nativos americanos, los baños terapéuticos, los peinados especiales, la moxa…

En la India, por ejemplo, la mujer tiene prohibido entrar en la cocina durante 13 días. Hace tiempos no muy lejanos aquí también era de costumbre que las mujeres de la familia y las vecinas llevaban a la mujer recién parida una sopa caliente y comida casera especial, rica en proteínas e hierro. Ahora lo más frecuente es que te traigan es una caja de bombones…

Y por si todavía no estas convencida que tienes que descansar te he preparado esta lista. Tienes que descansar porque:

- Lo necesitas para tu salud mental; uno de los factores de riesgo de la depresión post parto es la falta de apoyo y el cansancio.

- Lo necesitas por tu suelo pélvico. Hay más riesgo de incontinencia o prolapsos si vuelves directamente a la actividad normal. Te recomiendo hacer sentada lo que solías hacer de pie y hacer acostada lo que solías hacer sentada.

- Lo necesitas por tu bebe, para poder dedicar tiempo a conoceros y comunicarte con él.

- Lo necesitas para la lactancia. Dar el pecho a demanda es prácticamente dar el pecho todo el dia. Recuerdo oír decir a una amiga (soltera y feliz) que me preguntó que estaba haciendo todo día después del parto, que si no me aburría. Pues aquí estoy, me acuerdo decir, acabo de dar el  pecho y hasta la siguiente toma estoy dando el pecho. Y tu? – Aquí,  me contestó, en la pelu, peinándome…

- Lo necesitas por tu familia. Es como las instrucciones que dan en el avión, primero te pones tú la máscara de oxigeno y luego se la pones a tu hijo. Va contra cualquier instinto maternal, pero tiene su lógica. Para cuidar a tu familia te tienes que cuidar a ti primero.

Yo también descanso
Te voy a poner una serie de afirmaciones que no deberías olvidar. Para recortar y colgar en una sitio visible y decírtelo en voz alta:

- Acabo de dar a luz, acabo de dar a luz, acabo de dar a luz
- Me permito descansar sin sentir culpable
- Pido ayuda
- Permito que la ayuda no sea perfecta 
- Me cuido, voy a comer bien y beber bastante.
- No levanto nada que pese más que mi bebé. 
- Cuanto más descanso antes me recupero

Como mujer y madre cuando pases esta etapa del post parto, acuérdate de tus amigas, compañeras, para cuando les toque a ellas. Llévales una sopa caliente, comida casera que le guste, presta atención a los hermanitos, dobla la ropa que tiene acumulada, ofrecele que se bañe mientras tu vigilas su bebé, prepárale una infusión caliente...

Esa mamá tendrá menos sangrado, menos mastitis, menos dolor, menos soledad y tristeza. Lo recordará y te lo agradecerá toda su vida. A su vez, ella ayudará a otra mamá en su post parto. Juntas podemos volver crear esta red femenina de apoyo. No sólo ganaremos mamás más felices y bebés más tranquilos, ya que también creo que estas cosas nos afectan a todos como una sociedad más sana y solidaria.


martes, 16 de agosto de 2016

Declaración fundacional del Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas



En Octubre de 2004 trece abuelas indígenas procedentes de diversos lugares del planeta se reunieron cerca de Nueva York. Asistieron allí en respuesta a las señales que indicaban que había llegado el momento anunciado en antiguas profecías comunes a todos sus pueblos. Estas profecías decían que llegaría un tiempo en que ellas serían llamadas a unirse para salvar a la Madre Tierra y todos sus hijos. En ese esperanzado encuentro ellas crearon el "Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas", cuyo manifiesto reproducimos a continuación:

"Somos 13 abuelas indígenas.

Venimos de la Selva Amazónica, del Círculo Polar Ártico de Norteamérica, del gran bosque del Noroeste americano, de las vastas planicies de Norteamérica, de los altiplanos de América Central, de las Blacks Hills de Dakota del Sur, de las montañas de Oaxaca en México, del desierto del sudoeste de América, de las montañas del Tibet y de la selva de África Central.

Afirmando nuestras relaciones con las comunidades de medicina tradicional de todo el mundo, hemos sido reunidas por la visión común de formar una nueva alianza global.

Nosotras somos el "Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas". Nos hemos unido como una sola mujer en una alianza de oración, educación y sanación para la Madre Tierra. Trabajamos por todos sus habitantes y por todos los niños de las próximas siete generaciones.

Estamos profundamente horrorizadas por la destrucción sin precedente de la Madre Tierra, por la contaminación del aire, agua y suelo; por las atrocidades de la guerra, el azote global de la pobreza, la amenaza de las bombas nucleares, el derroche de la prevaleciente cultura del materialismo, las epidemias que amenazan la salud de los seres de la Tierra, la explotación de las medicinas indígenas y la destrucción de nuestros modos de vida tradicionales.

Nosotras creemos que nuestras maneras pacíficas de gestión y modos ancestrales de oración y sanación son vitalmente necesarios hoy.

Nos hemos unido para nutrir, educar y formar a nuestros niños y niñas. Para defender la práctica de nuestras ceremonias y declarar públicamente nuestro derecho a usar nuestras plantas medicinales libremente, sin restricciónes legales. Nos hemos unido para proteger las tierras donde nuestras gentes viven y de la que dependen nuestras culturas, así como para salvaguardar la herencia colectiva de las medicinas tradicionales. En resumen, para defender la Tierra misma. Creemos que las enseñanzas de nuestros ancestros iluminarán el camino por este futuro incierto.

Nos unimos con todos aquellos que honran al Espíritu, con todos aquellos que trabajan y oran por nuestras niñas y niños, por la paz mundial, y por la sanación de la nuestra Madre Tierra.

Por todas nuestras relaciones."

Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas

Carta de la Abuela Maria Alice Campos Freire, del Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas

Carta Abierta a la comunidad global de las 13 Abuelas Indígenas
Por Maria Alice Campos Freire

Saludo a todas las personas que leen estas palabras con un saludo esperanzador y un corazón en paz.

Estas palabras intentan ser el inicio de un diálogo abierto con la Comunidad de apoyo a las 13 Abuelas de todo el planeta. Vengo hoy aquí con el corazón abierto para dirigirme a quienes han acompañado el Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas durante los últimos 12 años. Juntos, hemos logrado peregrinar alrededor del mundo, plantando las semillas de la oración y la fe y pidiendo protección y respeto a nuestra Madre Tierra y sus criaturas.

El Consejo de Abuelas ha concluido su plan original de visitar cada uno de los países de origen de las 13 Abuelas, sembrando en todos esos lugares la semilla de la oración y la conciencia. Durante estos años hemos asistido también a visitar otros países y territorios a los que fuimos invitadas, y nos hemos encontrado con mucha gente. De alguna manera nuestra presencia siempre ha llegado en el momento preciso al lugar correcto. Nos hemos sentido tocadas al conocer a muchas personas y a sus circunstancias, y también hemos tocado muchos corazones y creo que hemos marcado una pequeña diferencia con nuestra manera de caminar. Hemos visto germinar y multiplicarse muchas de nuestras semillas.

Ahora, podríamos decir que es tiempo de descanso para las abuelas. Sí, esta es la verdad y, sin embargo, sentimos que aún no hemos completado la misión. La Abuela Beatriz abrió una nueva puerta. Marchó al otro mundo y, en su último mensaje para las Abuelas dijo que teníamos que unirnos para limpiar nuestros corazones y orar uniendo nuestras manos una vez más. Su mensaje llegó a nuestros corazones.

Es hora de profundizar dentro de nuestros corazones y nuestras mentes para reconectar con el propósito original del Consejo, y aprender de lo que todo lo que hemos experimentado a lo largo de los últimos 12 años. Ahora que ella se ha ido, sabemos que su destino es nuestro destino, al igual que el destino de todos los seres humanos. Pero todavía tenemos algo más que hacer juntas. Nosotras aceptamos ser una de las abuelas, y t tenemos tenemos un legado para confiaros. Las palabras de nuestra hermana Beatrice fueron como un nuevo despertar. Ella, la primera en marchar, lo vio con claridad en el momento de su partida.

Nosotras necesitamos tomarnos de la mano una vez más y orar y meditar juntas sobre ese legado, sobre nuestra experiencia común y sobre su significado. Nosotras necesitamos pulir nuestros corazones, con el fin de transmitir la herencia pura de nuestra misión.

Es una bendición que Menla haya creado esta oportunidad para un retiro de sanación y realización del círculo que incluye a todas y todos. Nos basamos en su presencia y su apoyo para que esto pueda suceder, y queremos deciros que os honramos y esperamos contar con vuestra participación una vez más.

Con mucho amor y un gran abrazo universal
Abuela Maria Alice Campos Freire

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• 26 de Agosto: Participa de la plegaria de arte en acción en homenaje al Consejo Internacional de las 13 abuelas indígenas

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Por Marianna Doña Loba, de Arboleda de Gaia

Del 25 al 29 de Agosto el Consejo de las Abuelas se reunirá por última vez en Menla, Nueva York, territorio de lo que fue la Confederación Iroquesa. El lugar es el mismo en el cual nació, hace doce años, el Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas. El propósito de este retiro es completar y cerrar el círculo de oración y peregrinación de las 13 abuelas por todo el planeta, en compañía de todas las personas y comunidades que las han apoyado y han contribuido a su peregrinaje de paz y oración.

Como hermandad que ha apoyado y contribuido a la labor de las 13 abuelas en los últimos 8 años, Arboleda de Gaia ha sido invitada al evento para sembrar allí nuestro Laberinto de Luz, repitiendo la ofrenda que ya hicimos en Gabón, África, en julio de 2015, durante el Consejo que se celebró en la comunidad de la Abuela Bernadette Rebiennot.

Así las abuelas nos ofrecen la oportunidad de compartir una vez más con ellas nuestro arte ceremonial.

OS INVITAMOS A PARTICIPAR DE ESTA INICIATIVA desde vuestros hogares, en solitario o en círculo,  acompañando y embelleciendo esta plegaria en acción con el rezo de todas las personas de Iberia y América Latina que vibran con el mensaje de las 13 abuelas. Para ello sólo tenéis que descargaros las imágenes que encontraréis al final de este texto.

Para bajar las imágenes haz clic con el botón derecho del ratón sobre la imagen, pide "Guardar imagen cómo..." y guárdalas en tu ordenador. Luego imprímelas; si puedes en color, mejor.

Altar del Círculo de Ateca, Zaragoza, de Arboleda de Gaia
El Viernes 26 de Agosto, fecha en la cual las abuelas recorrerán el Laberinto, prepara un pequeño altar para acompañarlas. Entre las 20 y las 22 hora local, enciende una vela y recorre tú también el laberinto con un dedo de tu mano izquierda, la que está conectada a lo femenino y al corazón.

Cuando llegues al centro siéntete en conexión con las 13 Abuelas Indígenas, honra sus enseñanzas y eleva una oración para que su legado fructifique.

Imagina el planeta Tierra con una humanidad viviendo en paz, tolerancia y amor, con respeto a la tierra y a todos los seres vivos. Eleva tu rezo para que todas las mujeres puedan vivir protegidas, libres de la discriminación y de las violaciones, torturas y opresiones que las asolan. Suéñalas con medios para sacar adelante a sus familias; envíales fuerza y amor, porque ellas son las que darán a luz el futuro. Ora también por los hombres, para que puedan sanar sus heridas y despertar en sí mismos la nobleza del espíritu masculino que los guíe en el camino hacia la paz y la unidad. Imagina mujeres y hombres viviendo en armonía en un planeta en paz.

Círculo de Leganés, Madrid, de Arboleda de Gaia.
Coloca en tu altar la vela en un plato sobre el laberinto y deja que se consuma. Si eres mujer y estás menstruando puedes colocar una gota de tu sangre de vida en el centro para ayudar a prosperar el rezo.

Cierra los ojos unos instantes. Siente cómo recibes la bendición de las 13 Abuelas al sumarte a su intento. Siente también como los más antiguos ancestros de la familia humana te dan las gracias y te bendicen.

Sí lo deseas, y tienes condiciones como para hacerlo, también puedes dibujar con tiza el laberinto en el suelo, o con harina si es sobre la misma tierra, para luego caminarlo en estado meditativo. Para ello descárgate de los archivos adjuntos el diagrama para construirlo.  Cómo puedes ver en la foto del círculo de Leganés, puede hacerse en una sala.

Gracias por participar en esta plegaria en acción en agradecimiento a las 13 abuelas. Gracias por seguir acompañándonos en estas aventuras del espíritu.

Por las siete próximas generaciones
Por todas nuestras relaciones



Imagen tomada de Internet, desconocemos la procedencia.

miércoles, 1 de junio de 2016

• Así es un auténtico macho alfa

Por Carl Safina  ::  El País, mayo 2016  ::  Traducción de Mª Luisa Rodríguez Tapia  ::  Foto:
Yago Partal (Cordon Press).

El genuino líder de una manada de lobos es empático y respetuoso, lejos del estereotipo de padre y jefe controlador y agresivo con el que se identifican muchos hombres.

Los hombres se sienten a menudo presionados para comportarse como machos alfa. Macho alfa evoca la imagen del padre que deja claro en todo momento que tiene el control total de su hogar y que, lejos de su guarida, se convierte en un jefe malhumorado y agresivo. Pero ese estereotipo es una mala interpretación de cómo se comporta el genuino macho alfa en una familia de lobos, que es un modelo de conducta masculina ejemplar. En mis observaciones de los lobos que viven en manadas en el parque nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, he visto que los machos que mandan no lo hacen de forma forzada, ni dominante, ni agresiva para con los que le rodean. Los lobos auténticos no son así.

Sí son, en cambio, de otra forma: el macho alfa puede intervenir de forma decisiva en una cacería pero, inmediatamente después de la captura, irse a dormir hasta que todo el mundo está saciado. “La principal característica de un lobo macho alfa”, dice el guardabosques y veterano estudioso de esta especie Rick McIntyre mientras los observamos, “es una discreta confianza y seguridad en sí mismo. Sabe lo que tiene que hacer; sabe lo que más conviene a su manada. Da ejemplo. Se siente a gusto. Ejerce un efecto tranquilizador”. En definitiva, el macho alfa no es agresivo, porque no necesita serlo. “Piense en un hombre seguro de sí, o en un gran campeón; ya ha demostrado todo lo que tenía que demostrar. Imagíneselo así: piense en dos manadas de lobos, o dos tribus humanas. ¿Cuál tiene más probabilidades de sobrevivir y reproducirse, el grupo cuyos miembros cooperan, comparten y se tratan con menos violencia unos a otros, o el grupo cuyos miembros están atacándose y compitiendo entre sí?”.

Rick lleva 15 años observando la vida diaria de los lobos, y asegura que un macho alfa no ejerce casi nunca ningún comportamiento agresivo respecto a los demás miembros de la manada, que comprende su familia, es decir, su pareja, sus hijos, tanto biológicos como adoptados, y tal vez un hermano.

Ahora bien, saben ser duros cuando es necesario. Hubo un lobo famoso en Yellowstone —el 21, así llamado por el número de su collar—, a quien la gente que seguía de cerca su trayectoria consideraba un superlobo. Defendía ferozmente a su familia y, al parecer, nunca perdió una riña con una manada rival. Pero uno de sus pasatiempos favoritos era pelear con los cachorros de su manada. “Y lo que de verdad le gustaba hacer”, dice Rick, “era dejarse ganar. Le encantaba”. Aquel gran lobo macho dejaba que un lobezno diminuto se le tirara encima y le diera mordiscos. “Entonces él se dejaba caer patas arriba”, dice Rick. “Y el pequeñajo, con aire triunfador, se erguía sobre él sin dejar de menear la cola”. En una ocasión, había un cachorro algo más enclenque de lo normal. Los demás cachorros lo veían con desconfianza y no querían jugar con él. Un día, después de llevar comida a los lobeznos, el superlobo se puso a mirar a su alrededor. De pronto, empezó a mover el rabo. Estaba buscando al cachorro y, al encontrarlo, se acercó a estar un rato con él. Con todas las historias de victorias que cuenta Rick del superlobo, esta anécdota es su preferida. La fuerza nos impresiona, pero lo que deja un recuerdo indeleble es la bondad.

Si uno observa a los lobos, no sólo con toda su belleza, su flexibilidad y su capacidad de adaptación, sino también con su violencia a la hora de defenderse y de cazar, es difícil evitar la conclusión de que no existen dos especies más parecidas que los lobos y los humanos. Teniendo en cuenta que vivimos en grupos familiares, nos defendemos de los “lobos” humanos que nos rodean y controlamos a los “lobos” que llevamos en nuestro interior, es normal que reconozcamos los dilemas sociales y las búsquedas de estatus de los lobos de verdad. No es extraño que los indios norteamericanos consideraran a los lobos como almas gemelas.

Pero es que las similitudes entre los machos lobos y los humanos son asombrosas. Hay muy pocas especies en las que los machos proporcionen comida y protección a las hembras y las crías durante todo el año. Las aves llevan comida a sus hembras y sus polluelos sólo durante la época de cría. Entre algunos peces y algunos monos, los machos cuidan de sus hijos, pero sólo mientras son pequeños. Los micos nocturnos transportan y protegen a sus recién nacidos, pero no les dan de comer.

Ayudar a obtener comida durante todo el año, llevársela a los recién nacidos, ayudar a criar a los hijos durante varios años hasta que alcanzan la madurez y defender a las hembras y a los jóvenes todo el tiempo contra los individuos que amenazan su seguridad, son un conjunto de atributos poco frecuentes en un macho. Los humanos y los lobos, y poco más. Y el más fiable, el más seguro, no es el humano. Los lobos macho cumplen mejor sus obligaciones, ayudan a criar a sus hijos y ayudan a las hembras a sobrevivir con una lealtad y una devoción modélicas.

Nos pueden enseñar a gruñir menos, tener más confianza, respetar a las hembras y compartir la crianza

Y otra cosa más: “En los viejos tiempos”, dice Doug Smith, “la gente decía que el macho alfa era el jefe”. Sonríe y añade: “Eran sobre todo biólogos varones los que lo decían”. En realidad, explica, en la manada existen dos jerarquías, “una de machos y otra de hembras”. ¿Y quién manda? “Es sutil, pero da la impresión de que las hembras son las que toman la mayoría de las decisiones”. Es decir, adónde dirigirse, cuándo descansar, qué ruta seguir, cuándo salir de caza. Smith dice que hembra alfa es un término obsoleto. “Yo utilizo la palabra matriarca para hablar de una loba cuya personalidad establece la tónica de toda la manada”.

En conclusión: a nuestro estereotipo del macho alfa no le vendría mal una corrección. Los verdaderos lobos nos pueden enseñar varias cosas: a gruñir menos, tener más “discreta confianza”, dar ejemplo, mostrar una fiel devoción al cuidado y la defensa de las familias, respetar a las hembras, compartir sin problemas la crianza. En eso consistiría ser un verdadero macho alfa.

Carl Safina es escritor, ecologista y profesor. Su último libro es Beyond Words; What Animals Think and Feel.