martes, 28 de agosto de 2018

Yo aborté en Argentina

por Marianna García Legar
Dedico este texto a todas las mujeres de mi linaje 
que murieron a consecuencia de un aborto.
Yo tenía 17 años cuando aborté en Argentina. Me quedé embarazada porque, al estar en el segundo día de la menstruación, no me puse el diafragma. No imaginaba que era posible quedarse embarazada durante la regla, pero luego supe que era muy frecuente y les pasaba a muchas chicas.
Yo no quería tener una criatura a esa edad. Mi novio de 19 años tampoco, aunque hubiera respetado y apoyado mi decisión si yo hubiera querido tenerlo. Pero yo no quería, bajo ningún concepto. En la ingenuidad de mi juventud no me daba miedo abortar, estaba tan convencida de lo que quería hacer que nada me lo hubiera impedido, a pesar de que en esa época el aborto era ilegal no sólo en Argentina, sino en casi todo el planeta.
Busqué alguien que hiciera abortos. Alguien que conociera a alguien que conociera a alguien que hubiera abortado y sobrevividoAsí funcionan estas cosas y, en general, acabas en manos de gente de la que, en realidad, no sabes casi nada. Pero como el tiempo corre y cuanto más avance el embarazo peor es la cosa, eliges sin saber muy bien a quien estás eligiendo. Por lo menos me dijeron que no hacían el aborto insertando una aguja de tejer en el orificio del cuello del útero, algo muy frecuente que causa perforaciones de útero, infecciones y muertes. No hubo más explicaciones.
No realizaron ninguna cita previa, nadie me revisó antes de operarme, ni me encargó análisis de ningún tipo. Concerté la hora por teléfono, y esos fueron todos los preliminares; me vieron por primera vez para realizarme el aborto. 
El día del aborto me acompañaron mi novio y mi madre. El lugar quedaba por Floresta, una típica casa porteña de barrio, de esas que tienen un patio al que dan todas las habitaciones. La habitación era un cuarto con dos mesas, una de las cuales hacía las veces de camilla. Entré, me tumbaron sobre la mesa y me durmieron con una inyección, nunca supimos qué me pusieron para hacerlo. Según me contaron mi madre y mi novio que me esperaban fueraen cuanto me durmieron yo comencé a gritar que no quería que me operaran. El tipo que me intervenía y la mujer que lo ayudaba me ataron a la mesa, cerraron la puerta con llave para que mi familia no pudiera entrar y me hicieron el aborto. Me dijeron que yo grité todo el tiempo como una loca que me dolía, aunque luego no recordaba nada. 
Al acabar, me desperté llorando entre vómitos que duraron mucho rato. Lo primero que vi al despertar fue un bote de insecticida para cucarachas, que estaba en la misma mesa sobre la que me habían intervenido. Luego nos mandaron a casa sin concertar ninguna cita posterior para revisarme y ver cómo estaba. Tampoco me recetaron antibióticos. Afortunadamente no hubo complicaciones y sobreviví sin secuelas.
Mucha gente cree que las únicas que reclamamos el derecho al aborto en Argentina somos las mujeres feministas, pero, aunque sean ellas las que están dando la cara en primera fila, en realidad están allí representando a todas las mujeres. El aborto no es algo nuevo, ni un invento feminista producto de esta época. Se calcula que a mediados del siglo XIX aproximadamente la mitad de los embarazos eran abortados, ya que el aborto siempre ha existido, a pesar de que cuanto más nos remontamos al pasado, más peligroso era. 
En todas las familias ha habido muchas muertes por abortos. Todos los linajes tienen una larga y silenciada lista de mujeres muertas a consecuencia de un aborto que fueron y son consideradas una deshonra, cuando en realidad lo que son es una vergüenza para la sociedad en la que han ocurrido. En mi familia materna, una tía abuela mía murió a consecuencia de un aborto mal realizado. La pobre tenía ya 5 hijos y no quería más, pero su marido no paraba de embarazarla. Aunque en mi familia siempre se dijo que había muerto de peritonitis, mi madre me contó la verdad. Por todas ellas, por todas nuestras parientas muertas en abortos y nunca reivindicadas, estamos luchando para lograr en Argentina un aborto libre, legal, gratuito y digno. Parte de nuestra batalla debería pasar por conocer y honrar en nuestras familias sus nombres, y quizá deberíamos salir la calle con esos nombres escritos en nuestras pancartas. Ya es hora de reivindicar a las mujeres de nuestras familias que murieron abortando y sacarlas del silencio con el que fueron enterradas.
Además, muchas de nuestras madres, abuelas y tías también son supervivientes del aborto, pero lo ocultan considerándolo una mancha horrible. Estos abortos, al estar escondidos y considerarse una infamia, afectan inconscientemente a nuestros linajes e influyen sobre nuestras vidas de un modo profundo e ignorado. Yo sé que mi madre y mis abuelas abortaron, ya que mi madre me lo contó. Quizá ya también sea hora de comenzar a preguntar a las mujeres de nuestras familias si ellas también han abortado, devolviendo esa realidad a la luz y ayudándolas a sanar estas supuestas deshonras que, en realidad, sólo son dolorosas heridas femeninas.
Si las mujeres que hemos abortado estuviéramos dispuestas a relatar nuestras experiencias, si pudiéramos dejar de lado la vergüenza y fuéramos conscientes de lo sanador que puede resultar hablar de esto, comenzaríamos a cambiar el paisaje del mundo interno femenino. La idea de que la principal función de la mujer es tener hijos está profundamente arraigada en nuestro inconsciente, ya que es la base sobre la cual se construyó el patriarcado. Cuando decidimos abortar, cuando nos elegimos a nosotras mismas antes que a la criatura que llevamos en nuestras entrañas, 4000 años de ideología patriarcal religiosa e institucional se levantan contra nosotras en nuestro interior, por no mencionar lo que ocurre a nivel social. 
Sin embargo, también es importante recalcar que estas experiencias sólo deben ser compartidas en espacios seguros, donde sepamos que no seremos juzgadas. No se trata de exponernos inútilmente ni de hacer de heroínas, ya que no tenemos por qué demostrar nada. Por ello sólo debemos compartir estas vivencias donde sepamos que podremos hablar con tranquilidad, ya que seremos escuchadas con empatía y cariño, sin que nadie nosenvíe a la hoguera, nos llame asesinas, o divulgue esta información donde no corresponde, sólo para hacernos daño. Este es un tema que levanta muchísimas ampollas y no debemos correr riesgos innecesarios. 
Otro estigma que se arrastra es el de los abortos repetidos. Muchísimas mujeres han abortado varias veces. Esto se vive como una de las mayores vergüenzas que podemos experimentar y de la que nunca se habla, ni siquiera en confianza. Ya es hora de abrir también esas puertas y sacar a la luz esos hechos. 
A veces la mujer queda embarazada porque está con un hombre maltratador, que no acepta usar métodos anticonceptivos (y ya es hora de que seamos conscientes de que cuando un hombre se niega a usar métodos anticonceptivos nos está maltratando). Pero también esto puede suceder porque la mujer ha hecho de su relación con los hombres una forma de abuso contra su propio cuerpo y su propia fecundidad, lo cual suele generar un inmenso odio hacia una misma. Quizá deberíamos comenzar a preguntarnos porque algunas mujeres imitamos la deplorable costumbre, tan extendida entre muchos hombres, de tener relaciones sexuales sin tomar medidas anticonceptivas. Quizá deberíamos preguntarnos porque no nos negamos a tener relaciones sexuales con esos hombres, o porque aceptamos ser penetradas en esas circunstancias, exponiéndonos una y otra vez a la hiper fecundidad masculina. Quizá deberíamos investigar qué se esconde bajo ese comportamiento autodestructivo, ya que somos nosotras las que, luego, pagaremos las consecuencias teniendo que someternos a una intervención invasora e ilegal y al trauma emocional que comporta. 
Ni yo ni nadie se enorgullece ni se siente feliz de haber abortado, aunque una siga adelante con su vida con un cierto alivio por no haber tenido ese bebé. Pero cuando pasan los años ves con más claridad cuánto y cómo te ha herido abortar, así como la culpa que guardas encapsulada en tu interior por no haberle permitido vivir a tu criatura. Pero, en la mayoría de los casos, ni aun así te arrepientes de haberlo hecho. 
Sin embargo, todo en nuestra vida cambia a partir de un aborto, porque la maternidad no puede ser deshecha y deja huellas en el alma, marcas que es necesario reconocer y honrar. Por ello cada criatura no nacida debe ser acogida en nuestro linaje, ya que todas ellas forman parte del mismo. Asimismo, el trauma tiene que emerger a la consciencia para ser sanado, de modo que la mujer pueda continuar su camino sin hacerse daño a sí misma por la culpa inconsciente. 
Mientras en un país el aborto no esté legalizado, las clínicas donde abortan las mujeres adineradas seguirán en manos de mafias organizadas que sobornan con dinero a la policía y al estado para poder hacer ese trabajo. Y las mujeres pobres seguirán abortando de la única manera que pueden, con personas que actúan como carniceros que no respetan su salud ni sus vidas. 
En Argentina, sobre una tasa de 750.000 nacimientos al año, se realizan unos 500.000 abortos, lo que significa que por cada dos nacimientos, hay más de un aborto. El 17% de las muertes de mujeres gestantes se producen por abortos inseguros que, además, son la primera causa de muerte de mujeres embarazadas en Argentina, país en el cual cada 3 horas nace un bebé no deseado de una madre que tiene entre 10 y 14 años.
En Uruguay la legalización del aborto logró hacer descender las muertes de mujeres gestantes del 37% al 8%. ¿NO HA LLEGADO YA LA HORA DE QUE EL ABORTO SEA LEGAL EN ARGENTINA? 
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lunes, 27 de agosto de 2018

El suelo pélvico en la niña, la adolescente y la joven

Por María Urien, fisioterapeuta especializada en uroginecología y obstetricia. www.crianzanatural.com
Al salir de la bañera, mi hija resbala, solo un poco, lo justo para caer a horcajadas sobre el borde. Yo, que observo la escena porque la esperaba con la toalla desplegada en mis manos, pongo la misma cara que habréis puesto al leerme. "Ayyy, mamá, ¡qué daño en mi vulvita!". Ya envuelta en la toalla y en mis brazos, se seca las últimas lágrimas y me suelta desde sus cuatro sabihondos años: "Mamá, a ti te digo vulva porque eres medio médico y te gusta, pero que sepas que se llama chichi." Bueno, me digo, al menos puede manejar dos registros porque, y es mi opinión, la educación para la salud del suelo pélvico (y, por tanto, de la sexualidad, de la identidad, de la continencia urinaria, etc.) empieza por llamar a las cosas por su nombre, sin tapujos, con naturalidad y con respeto: si quieres llamar chichi a tu vulva me parece bien porque lo importante es que sepas nombrarla en cualquier situación o ambiente.
Lo que se nombra existe, y muchas nos hemos criado en un entorno familiar donde los genitales no existían. Como mucho, y a ser posible lejos de los hombres, escuchamos a nuestra madre protestar por la incomodidad o el dolor de sus menstruaciones. ¿Y cómo actuamos ahora con nuestras hijas? Somos conscientes del peso de aquel vacío, de aquel tabú, y encontramos palabras para nombrárselo a nuestras hijas así como también les contamos, orgullosas, que algún día ellas menstruarán con nosotras y todas encontraremos la manera de respetar el tempo sosegado que los días de río rojo nos piden. Que honraremos nuestra sangre menstrual como signo de nuestra capacidad de albergar la vida. Incluso idearemos un ritual para celebrar su menarquia.
Pero ¿qué cuidados hemos de prodigar/enseñar a sus suelos pélvicos? ¿Es demasiado pronto para prevenir? ¿Existe la posibilidad que se debiliten si aún no hay ni embarazos ni partos?
La infancia y primera juventud son el espacio de prevención por excelencia, pues nos decantamos por unos estudios, por unas prácticas deportivas, por unas actividades y actitudes que marcarán nuestro modo de vida y nuestra salud. También la de nuestro suelo pélvico.
La prevención pasa por tener una cierta idea de cómo es la constitución física de nuestra hija ya que, si tiene tendencia general a la hiperlaxitud, también los ligamentos que sostienen sus vísceras pélvicas serán más elásticos y pedirán más esfuerzo de soporte a los músculos del suelo pélvico...que también serán más laxos. Repetir una actividad típicamente infantil como saltar en la cama elástica puede estar sentando las bases de un futuro suelo pélvico sobreestirado e incapaz de contener las vísceras en su lugar. Si a alguien le parece exagerada o alarmista esta afirmación puede revisar el estudio de Ellisson et al1, en el que se desvela que el 80% de las saltadoras profesionales de trampolín presentan pérdidas de orina ¡con una media de edad de 16 años!
¿Cómo podemos saber cuál es la constitución de nuestra hija? Tendremos la sospecha fundada de que es hiperlaxa si puede extender sus codos y/o rodillas más
Musculatura hiperlaxa
allá de los 180º (como muestra el dibujo), si tiene tendencia al pie plano, si ha sufrido hernias inguinales o umbilicales o si muestra una gran elasticidad muscular.
Como nuestros tejidos vienen determinados por nuestra genética, para obtener más datos podemos revisar sus antecedentes familiares en busca de parientes con estas características.
Las niñas hiperlaxas deberían escoger con cuidado el deporte que quieren practicar, tratando de evitar aquellos que pongan en situación de estrés las estructuras ligamentosas y musculares que sostienen sus vísceras pélvicas. Son especialmente delicados aquellos que conlleven saltos, carrera, alteraciones en la estática fisiológica de la columna, como promover una postura con hiperlordosis lumbar (ballet clásico, danza rítmica...), levantamiento de pesos y ejercicios de abdominales clásicos sin protección del suelo pélvico. Por supuesto que las caídas y golpes, tanto las deportivas como las de la vida normal, también tienen repercusión en la estática de las vísceras pélvicas y habrán de ser revisadas.
Si, a pesar de todo, su práctica deportiva es alguna de las anteriores, convendría
irle haciendo valoraciones periódicas para ver si nos acercamos a un estado patológico, incluso en ausencia de sintomatología, y tratar de adecuar el entrenamiento en función de su ciclo menstrual, pues los tejidos corporales van cambiando al son de las subidas y bajadas hormonales: desde de la ovulación hasta el sangrado, cuando más alta está la progesterona, más delicados están todos los tejidos (incluso se ha llegado a ver mujeres que pierden un 25% del tono muscular) y sería el momento de evitar picos de esfuerzo. En cualquier caso, y en cualquier constitución, cuanto más alto subamos en el escalafón deportivo y más exigente sea el entrenamiento, más riesgo para su suelo pélvico.
Otra situación relativamente frecuente es el estreñimiento. Más de una hija se ha visto sentada en el inodoro incapaz de soltar la bola fecal y escuchando "Vamos, empuja, hombre, empuja" mientras su carita se ponía colorada por el esfuerzo. Cada empuje sobreestira el suelo pélvico y, si es una situación que se repite, puede llegar a no ser capaz de volver a su sitio. Mucho cuidado. Es el momento perfecto para aprender cuan importantes son las señales de nuestro cuerpo, pues algunas patologías de vejiga y algunos estreñimientos vienen de habernos acostumbrado a desoír la necesidad de ir al baño. Animémosla a escuchar y respetar esas señales. Además podemos colocar un banquito para que apoye sus pies mientras defeca u orina. Y, por supuesto, tomaremos medidas dietéticas.
Y ¿qué decir de las toses crónicas o de los meses de estornudos de las alérgicas? Que también necesitan una atención especial, pues comprometen la salud de su suelo pélvico no solo por el empuje brusco que el diafragma, a modo de émbolo, ejerce sobre todo lo que hay debajo de él en cada tos o estornudo, sino porque los antihistamínicos debilitan el tejido conjuntivo (que forma parte de todo nuestro organismo, y también del suelo pélvico, claro.)
Si nuestra hija tiene afición por la música, todo está bien mientras escoja un instrumento de cuerda o percusión, pero habremos de vigilar de cerca su suelo pélvico si escoge uno de viento o el canto (aunque la mayor parte de los maestros de canto son muy conscientes de la función y el cuidado del suelo pélvico al ser parte de su "instrumento"). ¿Por qué? Por la misma dinámica de transmisión de presiones dentro del abdomen que nos daba problemas en los estornudos o toses. En este caso, para lanzar el aire con la potencia suficiente para obtener el sonido deseado, hemos de "empujar" desde el diafragma y usar nuestros músculos abdominales, lo que vuelve a aumentar la presión en el abdomen cuya base es, ya sabemos, el suelo pélvico.
Por último, dentro de la etapa infantil, una pincelada de una cuestión íntimamente relacionada con el suelo pélvico y que tiene tratamiento con la fisioterapia uroginecológica: la enuresis. La consideraremos como tal y podremos empezar a tratarla cuando el niño o niña haya rebasado los 6 años; antes es difícil que colabore con el tratamiento y podemos tener un efecto contraproducente de rechazo y hastío. Si no hay una alteración anatómica (existencia de un tercer uréter que drena a vagina, por ejemplo), muchas enuresis se deben a una vejiga hipereactiva o inestable que se contrae y vacía antes de tiempo sin control voluntario. Con fisioterapia esto puede tratarse de forma no invasiva y sin efectos secundarios.
Como todos sabemos, la adolescencia suele ser una época emocionalmente convulsa en la que alguna nos hemos encontrado con un charco de orina a los pies después de un ataque de risa incontrolado. En estos casos, siempre y cuando no haya pérdidas de orina en otras circunstancias como toses, saltos o estornudos, el problema no sería achacable a una debilidad del suelo pélvico sino al paso por el sistema límbico de uno de los circuitos del reflejo de la micción. Este sistema límbico es muy sensible a las emociones fuertes y, bajo el estímulo de una, puede desorganizar el correcto funcionamiento del reflejo de la micción hasta el punto de desencadenar una descarga completa de la vejiga sin previa orden voluntaria. Si esto ocurre de forma ocasional, esperaremos que unos años más traigan serenidad y control emocional. Si es más frecuente, puede ser interesante valorar si no está acompañado de una vejiga hiperactiva y buscar un tratamiento fisioterápico.
Más adelante, cuando escoja una profesión, tendrá que cuidar más de su suelo pélvico si le gusta una actividad en que tenga que estar mucho tiempo de pie, llevar tacones, levantar pesos, saltar, correr o levantar la voz.

Conclusiones
Ya desde la infancia se puede cuidar del suelo pélvico y la continencia futura. Conociendo los riesgos de ciertas actividades podemos buscar la manera de evitarlas, minimizarlas o compensarlas si es que la niña o joven no quiere o no puede eliminarlas. Para compensarlas empezaremos por enseñarle a reconocer sus estructuras pélvicas internas y externas, a sentir y activar los músculos implicados y, después, a entrenarlos y a asociar su contracción a las prácticas potencialmente peligrosas para así protegerlos. Es decir, el planteamiento sería el mismo que aplicaríamos con una mujer adulta, sí, pero mucho más lúdico y más lento.
El detalle del tratamiento, aunque sea preventivo, vendrá dado por la situación particular de la niña, su actividad, sus tejidos, su grado de conciencia corporal y ha de ser diseñado y seguido por un fisioterapeuta especializado.

Referencias:
Eliasson K, Larsson T, Mattsson E. Prevalence of stress incontinence urinary in nulliparous elite tranpolinist. Scand. J Med Sci Sports. 2002; 12:106-10
Nygaard IE, Thompson FL, Svengalis SL and Allbright SP. Urinary incontinence in Elite Nulliparous Athletes. Obstetrics and Gynecology. 1994:2, (84): 183-7
Para más información sobre incontinencia urinaria asociada a mujer deportista consultar el siguiente enlace: www.elsevier.es

“La agricultura ha destruido el planeta y la cultura humana”, entrevista a Lierre Keith

Por Miguel Ayuso. Julio de 2018
Después de seguir una dieta vegana durante 20 años la salud de Lierre Keith “colapsó catastróficamente”. Este fue el problema que la llevó a investigar sobre cuál era realmente el motivo para no comer ningún producto de origen animal. Y llegó a la conclusión de que todo lo que daba por cierto no tenía sentido, ni a nivel ecológico ni político.
En su libro El Mito Vegetariano(Editorial Capitán Swing. ISBN: 9788494871023), un ensayo que está levantando polémica allá donde se publica, Keith, que actualmente edita la revista feminista Rain and Thunder, lee la cartilla a la práctica totalidad de la humanidad pues, en resumen, asegura que llevamos cargándonos el planeta desde hace 10.000 años, cuando inventamos la agricultura. Y dejar de comer animales no va a hacer más que empeorar el problema, pues ni es bueno para la salud, ni para el Medio Ambiente. No es bueno, siquiera, para el conjunto de los animales.
En realidad, el discurso de Keith no es novedoso, y aunque ella ha logrado atarlo de forma encomiable el escenario que pinta es tan incómodo que preferimos ignorarlo. Su postura es radical –por esencial, no por extrema–, pero te hace replantearte muchas cuestiones. Y no ha merecido la pena eliminar una sola frase de la conversación que hemos mantenido.

No sé si eres consciente de que tu libro no complacerá a nadie.
Sí, soy muy consciente de que este libro enfada a la gente, pero también ayuda a aquellas personas que son veganas y vegetarianas, que ya saben que la dieta les está perjudicando, no entienden por qué no funciona y están muy confundidas porque su mundo se está viniendo abajo.

En el libro planteas un punto esencial en todo el debate sobre el veganismo, y es que la vida es imposible sin la muerte, pero ¿es posible una muerte sin sufrimiento? ¿Es posible comer carne y preocuparse por el bienestar de los animales al mismo tiempo?
Siempre enfatizo que la ética vegetariana no está en cuestión. Los valores que subyacen al vegetarianismo (justicia, compasión, sostenibilidad) son los únicos valores que nos llevarán al mundo que necesitamos. Los valores no son el problema. El problema es la información que tenemos.
Existe una gran negación cultural sobre la naturaleza de la agricultura. La agricultura es lo más destructivo que las personas han hecho en el planeta. Tenemos que entender qué es la agricultura. La agricultura es una guerra contra el planeta. En términos muy brutales, tomas un pedazo de tierra, limpias todo lo que está vivo en él, y me refiero a que eliminas hasta las bacterias, y luego lo siembras para uso humano. Es una limpieza biótica. Y esto permite que la población humana crezca en proporciones gigantescas, porque en lugar de compartir esa tierra con millones de otras criaturas, solo crecen humanos en ella. Además del hecho de que has desplazado permanentemente a un inmenso número de especies –y cuando digo desplazado, estoy hablando de extinción–, el otro gran problema es que estamos destruyendo la capa superior del suelo. Y el suelo es la base de la vida; al menos de la vida de la tierra. Le debemos toda nuestra existencia a esos 15 centímetros de tierra vegetal y al hecho de que llueve. Así que ahora mismo, deberías sentir un escalofrío de terror. Porque a excepción de las cuarenta y seis últimas tribus restantes de cazadores-recolectores, la raza humana se ha hecho dependiente de una actividad que está matando al planeta. Esto se debe a que el 80% de las calorías de los alimentos que se usan para apoyar a la población humana actual provienen de la agricultura, de esos monocultivos anuales. Somos dependientes por completo de la destrucción de nuestro planeta. Doscientas especies se están extinguiendo todos los días. El 98 por ciento de los antiguos bosques y el 99 por ciento de los pastizales del mundo desaparecieron, destruidos por la agricultura. Comer una dieta vegana no es sostenible ni amable con los animales. La pregunta no es: ¿qué está muerto en mi plato? La pregunta es: ¿qué ha muerto por tener comida en mi plato? En el caso de los alimentos agrícolas, la respuesta es TODO.
No hay una opción libre de muerte. Para que algo viva, algo más tiene que morir. La única opción que tenemos es realizar los sacrificios mal o bien. A todas las criaturas les debemos nuestro humilde agradecimiento: las plantas, los animales, el fitoplancton, las bacterias. Todos hacen posible nuestras vidas. Tenemos el deber de asegurarnos de proteger la red de la vida, y cuando matamos directamente, hacerlo de forma que otros seres sufran lo menos posible.

Mucha gente que compra carne ecológica cree que esto evita el sufrimiento de los animales, pero ¿no es una especie de autoengaño?
Hay dos cosas por las que debemos preocuparnos. Una es la vida del animal. ¿Ha podido expresar su naturaleza completa? En otras palabras, ¿es feliz? La segunda es la muerte del animal. ¿Es la muerte lo más rápida e indolora posible? Ambas condiciones se pueden cumplir. Las vacas en pastoreo en una manada natural que cuidan a sus crías hasta que son destetadas naturalmente, por ejemplo. Pollos que tienen una gran cantidad de bosques y prados, y que pueden actuar de acuerdo con su naturaleza. Es muy posible atender completamente las necesidades de los animales. Lo que no es posible es producir alimentos que no impliquen animales muertos. Ahí es donde nos engañamos a nosotros mismos. Y no solo individuos muertos, sino especies enteras y comunidades bióticas enteras: esa es la naturaleza de la agricultura. Es irónico que la gente piense que una dieta vegana es la más pacífica cuando en realidad se basa en la actividad humana más letal.

Tu libro ataca en gran medida a la agricultura y es posible que, como señalan muchos antropólogos, el estilo de vida sedentario nos haya llevado a trabajar más y a vivir en una sociedad más injusta, pero ¿podríamos vivir de manera diferente hoy en día?
La agricultura ha destruido el planeta y también ha destruido la cultura humana. Es el comienzo del militarismo y el comienzo de la esclavitud. En los lugares donde comenzó la agricultura, la sociedad humana ha seguido siempre el mismo patrón. Lo llamamos civilización o, por usar una definición realmente básica, “la vida en las ciudades”. La agricultura es lo que hace posible la civilización. Una pista: cuando digo civilización, no digo que sea algo bueno. Son personas que viven en asentamientos lo suficientemente grandes como para requerir la importación de recursos. Por definición, han sobrepasado su base terrestre. 
La agricultura es esencialmente una guerra contra el mundo natural y es intrínsecamente destructiva. El patrón de la civilización es un centro de poder inflado rodeado de colonias conquistadas, desde donde el centro extrae lo que quiere. Las sociedades agrícolas terminan militarizadas, y siempre lo hacen, por tres razones.
Primero, la agricultura crea un excedente, y el excedente necesita ser protegido. Y, si se puede almacenar, puede ser robado.
La segunda razón es el imperialismo. La agricultura es esencialmente una guerra contra el mundo natural y es intrínsecamente destructiva. Eventualmente los agricultores necesitan más tierra, más mantillo y más recursos. La gente no renuncia voluntariamente a su tierra, su agua, su capa vegetal o sus árboles. Entonces, hay toda una clase de personas cuyo trabajo es la guerra, cuyo trabajo es arrebatar tierras y recursos a la fuerza: la agricultura lo hace posible y también lo hace inevitable.
Y el número tres: la esclavitud. Algunos de esos recursos son ni más ni menos que otros seres humanos. La agricultura también es un trabajo agotador. Los cazadores-recolectores solo trabajan unas 17 horas a la semana. Para los agricultores, el trabajo nunca termina. Para que cualquiera tenga ocio, son necesario esclavos. Hemos perdido la memoria cultural de esto porque hemos estado usando combustible fósil en su lugar. Pero si la energía utilizada por el estadounidense promedio tuviera que ser producida por humanos, necesitaríamos cada uno 300 esclavos. ¡Trescientos! Y, por supuesto, una vez que tengas un gran número de la población esclavizada, necesitarás a alguien que los mantenga así. Por lo tanto, soldados. Este es el ciclo en el que hemos estado viviendo durante diez mil años.
Hacia el año 1800, las tres cuartas partes de las personas en este planeta vivían en condiciones de esclavitud, contrato o servidumbre. Así que una y otra vez tienes este ciclo: donde el centro de poder se eleva tienen que salir y obtener más recursos, eventualmente se agotan y luego hay un colapso de la población. Entonces todo vuelve a empezar.
La civilización que conocemos se ha vuelto global debido a los combustibles fósiles. La inevitable caída será catastrófica. Y estamos derribando todo el planeta con nosotros. Me preguntas si podríamos vivir de manera diferente hoy. No solo podemos, sino que tenemos que hacerlo, si queremos sobrevivir.

En tu libro explicas que el pastoreo es la forma más sostenible de ganadería, pero ¿nos permitiría comer a todos? ¿No generaría otros problemas?
Hay 6 mil millones de personas que están aquí solo debido a los combustibles fósiles. Este plan no tiene futuro. El petróleo se va a acabar. Nada de lo que hacemos es sostenible en nuestros números actuales. No hay forma de que el tipo de reparación que necesita el planeta proporcione alimentos a todos los que están aquí: comenzamos a sobrepasar la capacidad del planeta desde el día que los humanos asumimos la agricultura. Muchos de los argumentos políticos para el vegetarianismo se centran en esta idea de que una dieta vegetariana podría alimentar al mundo. Queremos un mundo justo donde se alimente a todos los niños. Pero nuestra especie comenzó a sobrepasar su límite hace diez mil años y eso no se puede hacer. “Los hechos no son derogados por la negativa a enfrentarlos”, escribió Catton. Nosotros –la raza humana– vamos a tener que enfrentar este hecho si tenemos alguna esperanza de trazar el camino hacia la verdadera sostenibilidad sin pisotear los derechos humanos y preservando el orden cívico. La alternativa son escenarios sombríos y desagradables de inanición masiva, plagas, conflictos raciales y tribales, misoginia, fundamentalismo y colapso acelerado del ecosistema.
SI DEJÁRAMOS DE TOMAR LO QUE NO ES NUESTRO, ENTONCES LOS BOSQUES Y LAS PRADERAS, LOS HUMEDALES Y LOS RÍOS, PODRÍAN REBROTAR Y REGRESAR.
La verdadera pregunta es: ¿qué métodos de producción de alimentos reconstruyen la capa superior del suelo mientras se usa solo el sol y la lluvia? Porque ningún otro recurso es sostenible. Usando esos métodos, y solo esos métodos, ¿cuántos humanos podría soportar el planeta? Porque el día en que produjéramos sólo a uno más de nosotros que ese número, sería el día en que deberíamos avergonzarnos de nosotros mismos como especie. Y ese día ya ocurrió, hace 10.000 años.
Necesitamos hablar sobre la población humana. La gente tiene miedo de este tema, pero no es necesario. Treinta y tres países ya tienen un crecimiento poblacional estable o negativo. Se puede hacer. ¿Y cuál es la acción número uno que podemos tomar para reducir la tasa de natalidad? Enseñar a una niña a leer. Eso es. Cuando las niñas y las mujeres tienen incluso más poder sobre sus vidas, eligen tener menos hijos.
Deberíamos preocuparnos por esto de todos modos, porque nos importan los derechos humanos, y las niñas cuentan como humanas. Pero resulta que asegurarse de que las niñas cuenten es la única forma de avanzar. No estamos hablando de las personas contra el planeta. Son las personas más el planeta.
Se podría hacer. No hay obstáculo físico en el camino. No tenemos que violar las leyes de la física o la química. En el transcurso de dos o tres generaciones, podríamos apoyar los derechos humanos para reducir nuestros números a algo sostenible mientras reparamos lo que hemos destruido. Si nos alejamos del camino, si dejamos de tomar lo que no es nuestro, entonces los bosques y las praderas, los humedales y los ríos, regresarían. Porque la vida quiere vivir. Ferozmente, quiere vivir.

¿Qué piensas de la agricultura ecológica? Como sabes, también existe mucha controversia sobre su utilidad para proteger el medio ambiente y muchos lo consideran menos eficiente, de hecho, que la agricultura convencional.
Bueno, no creo que la agricultura ecológica frente a la química sea realmente el problema. Creo que la agricultura es el problema ya sea ecológica o no.
El veganismo generalmente tiene un fuerte contenido político, pero ¿es realmente posible luchar contra el capitalismo al dejar de comer animales?
No, comer una dieta vegana solo empeorará el problema. Los vegetarianos creen que si todos comiéramos una dieta basada en plantas habría suficiente comida para todos, no tienen conciencia de que la agricultura es la destrucción del mundo. Tampoco entienden que la cantidad de grano que se produce en este momento solo puede ser alcanzada gracias a una reducción tanto del suelo como del combustible fósil. Cuando comes cereales estás comiendo petróleo en rama. Eso ha sido cierto desde la década de 1950, desde la llamada revolución verde.
El argumento es que todo el grano que se destina a alimentar a las vacas debe ir a alimentar a las personas. Es un argumento simple y puedo entender su atractivo. Lo creí por años. Pero no tiene nada que ver con la realidad. Iowa no está cultivando maíz para que se pueda alimentar a los animales. Los vegetarianos políticos entienden esto al revés: el cereal no se produce para alimentar a las vacas, es un excedente que se usa de esa manera porque el precio del grano es muy bajo. Y ha sido llevado a un precio tan bajo por las seis corporaciones que esencialmente controlan el suministro mundial de alimentos.
Necesitamos entender esto. Cargill es la tercera empresa privada más grande del planeta. Cargill y Continental representan cada uno el 25 por ciento del comercio de cereales: eso es la mitad entre ambos. Cinco compañías controlan el 75 por ciento del maíz; cuatro poseen el 80 por ciento del procesamiento global de soja.
Reducen los precios por debajo de los costos de producción y los mantienen allí. Tienen un monopolio. Hicieron que el gobierno federal, los contribuyentes de los Estados Unidos, compensaran la diferencia. Los granjeros en los Estados Unidos están atrapados en esta horrible cinta de correr. Con el precio por los suelos tienen que producir más y más y más solo para no perder el control del agua. Todavía no pueden recuperar sus costos de producción debido al monopolio de los cárteles de cereales. El Gobierno dará un puntapié justo para mantener a los agricultores en el negocio. Y luego, al año siguiente, la misma historia es peor, ya que el precio es aún menor debido al excedente del año pasado. Eso es lo que está pasando en el Estados Enidos rural. Y por eso hay tantos suicidios entre los granjeros.
Partiendo de nuestra economía capitalista alguien descubrió que teniendo el tan barato, se podía alimentar a animales confinados y producir carne realmente barata. No importaba qué se les hiciera a los animales o al medioambiente.
Las vacas no están destinadas a comer maíz. Eso las mata. Unos pocos meses en una unidad de engorde es todo lo que pueden aguantar. Están diseñadas para la celulosa, para comer hierba, no maíz. La ganadería industrial comenzó en la década de 1950, no existía antes porque no tenía sentido económico. Lo que impulsó la ganadería industrial fue la revolución verde. Había una montaña de cereal excedente y no había lugar donde meterla. Necesitamos detener la ganadería industrial. Cualquiera debería estar de acuerdo. Pero eso no impedirá que un solo agricultor deje de producir maíz en exceso. Hemos entendido esto al revés durante 30 años. Esta parte del mito vegetariano no tiene relación con la realidad.
Y creo que la razón es porque ninguno de nosotros pertenece al mundo rural. La realidad de los agricultores tiene tanto que ver con nuestras vidas como el lado oscuro de la luna. Pero tenemos que entender lo que el poder corporativo le ha hecho a nuestra comida, nuestra salud, nuestra economía, nuestro gobierno y nuestro planeta. La otra cosa que debemos entender es que el cereal estadounidense está causando hambruna en todo el mundo. No está ayudando. La agricultura industrial crea esos rendimientos industriales. Esos superávits son luego arrojados a los países pobres, destruyendo sus economías de subsistencia locales, expulsando a los agricultores de sus tierras y convirtiéndolas en la miseria urbana. Puede parecer contradictorio, pero el último lugar donde deberíamos poner comida barata es cerca de personas con hambre crónica. El grano estadounidense está causando inanición, no aliviándola.
SI TE IMPORTA EL HAMBRE EN EL MUNDO Y COMPRAS UNA HAMBURGUESA DE SOJA, ESTÁS DANDO DINERO EXACTAMENTE A LAS PERSONAS QUE SON EN GRAN PARTE RESPONSABLES DEL PROBLEMA
Según Oxfam, “Los exportadores pueden ofrecer excedentes de los EEUU a la venta a precios de alrededor de la mitad del costo de producción; así destruyen la agricultura local y crean un mercado cautivo en el proceso. Este ciclo de control corporativo, sobreoferta y dumpingconduce a la destrucción de las economías locales de subsistencia. Socava los medios de subsistencia del 70 por ciento de las personas más pobres del mundo”.
Esta no es una solución al hambre en el mundo. De hecho, condena a las naciones pobres a participar en una economía de mercado donde tienen que producir materias primas, como madera y metales, o bienes de consumo baratos para las naciones ricas, como zapatillas de deporte o chips de ordenador. Con los centavos que reciben a cambio, luego tienen que comprar su comida a esas mismas naciones ricas. Es un sistema destructivo, inhumano y opresivo. Tengo que creer que los vegetarianos a los que le preocupa la política no lo han pensado bien.
Quiero que comprendamos esto porque si te importa el hambre en el mundo y compras una hamburguesa de soja, estás dando dinero exactamente a las personas que son en gran parte responsables del problema.

En el libro dices que ser vegana te ha causado grandes problemas de salud. Muchos nutricionistas argumentan, sin embargo, que es posible seguir una dieta vegetariana saludable y, por supuesto, los veganos piensan que es más saludable no comer carne. ¿Puede ser realmente peligroso?
Sí, es peligroso. Hay criaturas que han enfermado seriamente porque sus padres veganos se niegan a escuchar a la ciencia. Esto es muy serio.
Las dietas vegetarianas tienen dos problemas: uno de exceso y otro de deficiencia. Estas dietas contienen demasiados carbohidratos y demasiados ácidos grasos Omega-6. El cuerpo humano nunca estuvo hecho para manejar tanta cantidad de azúcares, y los Omega-6 producen inflamación en todo el cuerpo. Esos dos problemas son, en gran parte, responsables de los problemas de salud asociados universalmente con los pueblos agrícolas. Tenemos un nombre para esto: Enfermedades de la Civilización. Cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedades autoinmunes, toda la cohorte de condiciones degenerativas y crónicas que asumimos que son normales. Estas enfermedades eran desconocidas entre las poblaciones de cazadores-recolectores, tanto en las históricas como en las actuales. Un arqueólogo puede ver a simple vista si un hueso era de un granjero o de un cazador. Los huesos del cazador eran largos, fuertes y libres de enfermedades. Los huesos del agricultor eran cortos, frágiles y plagados de enfermedades. Lo primero que ocurrió cuando las personas se dedicaron a la agricultura fue que redujeron su estatura unos quince centímetros y comenzaron a tener problemas con los dientes y los huesos. Y esto ocurrió en todo el planeta.
Para mucha gente vegana los carbohidratos del grano reemplazan los productos de origen animal. Las deficiencias que resultan de ello son numerosas: hay carencias de proteínas, grasas, vitaminas liposolubles como las vitaminas A y D, las vitaminas B, el hierro hemo. Todos estos nutrientes son esenciales para la reparación y el mantenimiento del cuerpo humano.

En España tenemos un gran problema de despoblación rural. Tres cuartas partes del territorio están enormemente deshabitadas y la población se concentra en las grandes ciudades. Esto hace, por supuesto, más difícil seguir una dieta de proximidad. ¿Ayudaría la recuperación de las áreas rurales a alcanzar los objetivos de los que hablas en el libro?
Seguro que sería un componente importante. Las economías locales pueden revivirse ofreciendo alimentos que dan vida a los humanos. Al buscar y apoyar granjas basadas en pastos, podemos ayudar a sanar el planeta en cada comunidad. El dinero gastado en esas granjas es crucial para revitalizar las economías locales.

Siendo realistas, ¿siempre es posible saber de dónde viene la comida? ¿Podemos realmente generar nuestra propia comida?
Todo es posible. En las últimas dos generaciones, el control corporativo del suministro de alimentos ha forzado la migración masiva hacia las ciudades. La población rural ha perdido el control de la tierra y ha tenido que abandonar su modo de vida. Hay profundas injusticias aquí. Podemos revertir eso. Pero la gente tiene que entender los mecanismos que han creado esta situación. Muchas personas están despertando. Donde vivo, en los EEUU, hay un próspero movimiento de alimentación local que comprende los temas entrelazados de la nutrición humana, las economías locales, el bienestar animal y el calentamiento global. ¡Por suerte podemos correr la voz! Saber que tu comida está reparando tu cuerpo, el suelo, la comunidad biótica y las conexiones entre humanos es algo maravilloso. La gente está hambrienta de este conocimiento y del mundo mejor que nos espera si somos capaces de integrarlo.

Entrevista a la Abuela Julieta Casimiro, del Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas


LAMENTAMOS INFORMAR DE LA MUERTE DE LA ABUELA JULIETA EL PASADO 22 DE AGOSTO. PARA HONRAR SU MEMORIA PUBLICAMOS ESTA ENTREVISTA REALIZADA CUANDO LAS 13 ABUELAS VISITARON ESPAÑA.

“Los niñitos santos te dan la sabiduría y la maravilla”
por Ima Sanchís. La Contra de La Vanguardia. 2008
“Tengo 73 años. Nací y vivo en Huautla de Jiménez, en México. Soy campesina. Enviudé hace poquito, tengo 10 hijos, todos vivos, y 30 nietos y 20 bisnietos porque mis hijos son muy mujeriegos. A mí no me gusta la política, yo sigo el camino de Dios, del espíritu.”
-Usted es una sanadora.
-Sí, gracias a Dios puedo ayudar un poquito.
-¿De quién aprendió?
-De mi suegra, Regina Carreras, que hacía sus trabajillos. Yo me casé con 17 años y desde entonces sé bordar, cocinar, cultivar mi huertito, fabricar artesanía y sanar a la gente. Ella me llevaba allí donde iba para que aprendiera su trabajo santo.
-Utiliza usted hongos sagrados.
-No me gusta que los llame hongos, porque hay gente que se confunde y no son cosas malas ni para divertirse.
-¿Teonanacatl?
-Carne de los dioses significa. Pero yo los llamo niños santos, porque son niñitos que salen de la madre tierra. Yo los tomé por primera vez tras tener mi primer hijo, porque se me cayó el cabello y me puse muy débil de los pulmones.
-¿Y qué pasó? 
-Recibí imaginaciones, sofocos y también la fuerza y el conocimiento para vivir el mundo y para sanarlo.
-¿Son una puerta de entrada al mundo interior?
-Sííí, porque los niños santos te abren la mente y el corazón, no tiene nada que ver con el vicio, a estos niños nadie los siembra, cuando es el tiempo salen solos, son medicina para nosotros.
-¿Medicina para el alma?
-Sí, a los niños se les consulta y hay que esperar, lleva tiempo. Pero te dan la sabiduría y la maravilla.
-¿Qué es la sabiduría?
-La luz del entendimiento. Cuando una persona toma los hongos sagrados y permite que yo la guíe, atraviesa los pensamientos y sentimientos cotidianos, lo superficial, y se adentra en sus miedos, y tiene visiones profundas y llega al conocimiento místico. No es un juego.
-No, no…
-Yo no lo hago por dinero.
-¿Qué es la maravilla?
-Estar de verdad en los cinco sentidos, aceptar y ver. ¿Y qué ves? La maravilla. De los honguitos no hay que abusar. Se le da a una persona un poquito, y luego, cada cabeza es un mundo, igual otro poquito, según lo sienta. Yo le he dado hasta a los obispos y sacerdotes, porque lo necesitan.
-¿Los toman los sacerdotes?
-Sí, y también se los he dado a los policías. Se los doy porque si la gente está haciendo daño no hay que pegarles. No a base de metralleta y pistola entiende la gente. Así los policías cogen la razón, sólo algunos claro, porque no todos aceptan estas cosas sagradas.
-¿Usted consigue que personas violentas se vuelvan más pacíficas?
-Yo lo he visto pues. Hasta un grupo de soldados en mi tierra, algunos enfermos, han venido a casa. Ellos hablan conmigo y yo les pregunto ¿qué quieres?
-Es una pregunta difícil de responder…
-Pues me dicen que están malitos del estómago, que les da asco la comida, que vomitan… Y yo les digo con respeto: “Si su jefe no le deja no me vaya usted a acusar, las medicinas que yo doy son buenas, si usted quiere las va a probar y va a sentir” y los niñitos les dan el equilibrio. Cada cabeza es un mundo. Y después vienen todos, después de haberle pedido permiso a su jefe, a mi pobre casa.
-Pobre pero poderosa.
-Yo represento a México, soy una abuelita indígena del Consejo Internacional y por eso andamos por el mundo, para mostrar nuestro trabajo y juntar nuestros espíritus y nuestras oraciones para conseguir la paz del mundo, para que la gente entienda que hay que cuidar la madre tierra porque tenemos hijos y nietos y ellos se van a quedar aquí cuando usted, yo y el que nos lea nos hayamos ido.
-¿Usted ya sabía que haría este gran viaje por el mundo?
-Sí, claro, me lo dijo el niñito santo que iba a ampliar mi campo de cultivo y que para ello iba a viajar mucho, y aquí estoy. Los niños santos te lo explican todo si sabes preguntarles.
-¿Y qué curan?
-Si uno tiene fe y se entrega, lo pueden curar todo, te equilibran lo que se ve y lo que no se ve, y a mi casa ha venido gente con enfermedades muy malas.
-¿Le vienen a ver muchos extranjeros?
-Sí, muuuuuchos, muchos, mi hijita, durante los últimos cuarenta años ha venido mucha gente a curarse a mi casa y a recibir consejos. Y algunos trastornan las cosas, comienzan a decir “yo soy fulano” o “yo soy fulana” y es un lío, yo a esos los miro y no digo nada.
-¿Cómo sabe cuántos niños santos debe tomar cada persona?
-Pues lo siento, yo siento su cabeza, a veces estoy hasta cinco horas con una persona para que salga de su problema. Yo les pregunto primero: “¿Qué es lo que sientes?”, y luego ya les toco con mi mano y siento lo que tienen, les paso la mano y siento los quistes, o el riñón malito, o lo que sea que tenga la persona. Yo rezo, hago mis cantos, les doy la medicina. Y luego, al cabo de las horas ellos me abrazan.
-¿A quién le pasará usted sus conocimientos?
-A una hija; pero todos mis hijos y mis nietos han tomado sus honguitos para que sepan. Yo guío a mi gente.
-¿Cree que las mujeres tienen algún problema?
-Sí, cuando no saben mantenerse económicamente por sí mismas, vivir se les convierte en problema.

Cuerpo, adicción y espiritualidad. Una entrevista a Marion Woodman

Ha muerto Marion Woodman, la gran terapeuta junguiana especializada en psicología femenina y autora de libros tan importantes como “Los frutos de la Virginidad” o “La adicción a la perfección”. Honrando a esta gran maestra, fundamental en nuestro camino femenino, publicamos este extracto de una entrevista que le hizo la escritora Rachel V. para su libro Family Secrets: Life Stories of Adult Children of Alcoholics (New York: Harper & Row, 1987).  
Traducción Marianna García Legar.
A principios de la década de 1930, el Dr. Jung trabajó con un hombre alcohólico llamado Rowland y ese trabajo contribuyó, años más tarde, a la creación de la organización Alcohólicos Anónimos. Durante el año en que Rowland estuvo en Suiza haciendo terapia con el Dr. Jung, fue capaz de mantenerse sobrio, pero, en cuanto regresó a los Estados Unidos volvió a beber. Entonces fue nuevamente a Suiza a consultar con Jung, y éste le dijo que la única esperanza que tenía para abandonar la bebida consistía en que asumiera que necesitaba una transformación espiritual. Sin esa opción, no habría “cura”. Años después Jung y Bill Wilson, uno de los fundadores de Alcohólicos Anónimos, intercambiaron correspondencia sobre el tema. En 1961, Jung señalaba que no era casual que al alcohol también se le llamara “espirituoso” ya que la sed de alcohol del alcohólico era equivalente a la sed del alma por lograr la unión con Dios. “Alcohol en latín es spiritus, y esa misma palabra se utiliza tanto para referirse a la experiencia religiosa más elevada, como para hablar del veneno más depravante que puede esclavizarnos. La fórmula útil sería: Spiritus contra spiritus–escribió Jung a Bill Wilson, en una carta de 1961– Esta sería la fórmula alquímica que enseña que sólo con el Espíritu se puede contrarrestar la adicción.”
Si podemos entender el alcoholismo y todas las adicciones como anhelos espirituales, esto indicaría que algo muy diferente es lo que está sucediendo en una sociedad como la nuestra, profundamente adictiva. Se podría decir que no tenemos tanto una crisis con el alcohol y las drogas –o lo que sea que necesitemos consumir–, como una crisis espiritual. Al mismo tiempo la adicción es una perversión que muestra que nuestra propia naturaleza espiritual se está devorando a sí misma. La epidemia de adicciones también puede verse como un intento del Espíritu de volver a participar de nuestra cultura humana. Con estos pensamientos en mente, Rachel V. viajó a Toronto para entrevistar a la terapeuta junguiana Marion Woodman.

Rachel V: En su libro Los frutos de la virginidad usted dice que la curación sólo puede llegar a través de la misma herida que se pretende sanar. Esa paradoja me recuerda ciertos comentarios de Cristo acerca de cómo los débiles pueden confundir a los fuertes.
Marion: El débil siempre confunde a los fuertes. El Yo consciente puede saber exactamente lo que quiere, puede moverse en la dirección correcta a lo largo de toda la vida de manera muy firme dirigido hacia un objetivo claro, pero inconscientemente hay un lado infantil de la personalidad capaz de abatir al Yo. De hecho, hundirá al Yo, a menos que sea reconocido.
Nuestro lado débil es el lado adictivo, así que sólo funcionará una terapia si trabaja con ese lado inmaduro / infantil que el individuo es en última instancia. La cadena es tan fuerte como lo sea su eslabón más débil. Es ese lado débil el que está involucrado con la divinidad, tal como yo lo veo. Esa parte infantil tan incontrolable, tan exigente y tan tiránica, es al mismo tiempo la que trae la alegría y la creatividad a la vida. Esa parte es el alma que nunca puede ser silenciada y que, enterrada en la materia, anhela el espíritu. Un anhelo de alcohol simboliza un anhelo de espíritu. Piense en el dios griego Dionisos, el dios de la vid; la ebriedad y la experiencia trascendente con ese dios estaban íntimamente conectadas.
Piense en el simbolismo de la misa cristiana, donde el vino se convierte en la sangre de Dios y el pan en el cuerpo de Dios, y ambos simbolizan la materia y el espíritu respectivamente. Los alcohólicos están tan sumidos en la materia que anhelan el espíritu, pero cometen el error de concretar esa búsqueda en el alcohol. Si ellos realmente entendieran lo que anhelan y pudieran entrar en el reino de la imagen, en el reino del alma, entonces algo muy diferente sucedería.
¿Qué es esa terrible hambre que se manifiesta en cualquier adicción? Es como si toda nuestra civilización estuviera alimentando esa hambre, pero no para satisfacernos, sino para dejarnos más hambrientos. Ese es el sentido del “Quiero más, quiero más, quiero más de lo que sea a lo que estoy enganchada”. 

En los trastornos de alimentación, anorexia, bulimia, encontramos la misma impulsividad. La gente adicta hace todo lo posible para disciplinarse a sí misma y puede hacer un muy buen trabajo de 7 de la mañana a 9 de la noche. Pero luego llega la noche, la fuerza de su Yo se derrumba y, de repente, emerge el inconsciente. Tan pronto como el inconsciente irrumpe con todos sus impulsos instintivos, el Yo pierde el control. A continuación, la adicción coge el mando como una tirana. Su voz es la de una niña perdida muerta de hambre: “Yo quiero, quiero, quiero… y voy a conseguir lo que quiero...” Hay una instancia de lo débil que confunde a lo fuerte.

Rachel V: No sé mucho acerca de la anorexia y la bulimia, excepto que parece semejarse a una especie de profundo rechazo del cuerpo.
Marion: Sí y, por tanto, a un profundo rechazo de la materia. A menudo, se encuentra un síndrome que va desde la bulimia a la anorexia, al alcoholismo, a la drogadicción, al fanatismo religioso, al victimismo... La gente adicta tiende a pasar de una adicción a otra. Mientras permanezcan en una conducta adictiva, no harán más que sustituir una adicción por otra, porque la curación no se ha producido. Piense en aquellos alcohólicos que pueden mantenerse sobrios, siempre y cuando sean adictos al trabajo, por ejemplo. Esa impulsividad sigue funcionando en casa. En tales situaciones, los hijos recogen el inconsciente del padre o de la madre que quiere un trago desesperadamente y corre a comer, o corre a trabajar, sólo para mantenerse lejos de la botella. La criatura recoge ese anhelo tácito, esa vida no vivida y, también, esa repetición compulsiva que expresa e intensifica la negación. La criatura, a su manera se sintoniza con lo que está ausente en ese padre o esa madre, y corre tras ello.
Creo que, para llegar a la esencia del problema, se tiene que mirar qué es lo que le hemos hecho al cuerpo, qué le hemos hecho a la materia en nuestra cultura. La palabra latina mater significa “madre”. Madre es la que cuida, nutre, recibe, ama, ofrece seguridad. Cuando la madre no puede aceptar a la criatura en su pis, en sus heces, en su vómito, en síntesis en su totalidad animal, la criatura también rechazará su propio cuerpo. Después de ese rechazo, ya no tendrá ningún hogar seguro en esta Tierra y, en ausencia de dicha garantía primordial, sustituirá a su madre por otras madres: la Madre Iglesia, la Madre Alma Mater, la Madre Seguridad Social, la Madre Alimentos... Se desarrolla así una relación desesperada de amor / odio. El terror de perder a la madre es igual al terror de ser devorado por ella. Sin la seguridad que nos ofrece habitar la casa del cuerpo, a los individuos no les queda más remedio que confiar en sustitutos que reemplacen esa seguridad que han perdido. Aún más, si el cuerpo es rechazado, su destrucción se convertirá en el modus operandi. Por eso el miedo al cáncer, por sí solo, no logrará que una personalidad adicta deje de fumar.
En ausencia de una madre nutricia, personal o arquetípica, las personas tratan de encontrarla en cosas concretas, como si así pudieran hacer presente lo que saben que está ausente. Irónicamente, no logran capturar una presencia, sino sólo la ausencia en sí misma. Piense en esa gente que trata de fotografiarlo todo, de grabarlo, de capturar un evento y mantenerlo en estado estático. Eso es lo que quiero decir con “concretar”. 
Fui a ver al Papa en Toronto, él pasó por nuestro lado, y después una mujer delante mío se echó a llorar, gritando: “¡No lo pude ver!”. Tenía una cámara y había estado tan ocupada tomando fotos que no “vio” al hombre que había venido a ver. Por concretar ese momento, se lo perdió. La persona que vino a ver fue fotografiada, pero esa foto sólo le sirve para recordar que ella estuvo ausente de la experiencia. Piense en los turistas saltando fuera de un autobús en el Gran Cañón. Toman fotos, pero nunca llegan al Gran Cañón. No se abren a la experiencia. Interiormente no se nutren de su grandeza. Son como diapositivas archivadas en una caja que nadie quiere mirar.
William Blake dice que el cuerpo es “esa porción del alma que se manifiesta por los cinco sentidos.” Yo vivo según esa idea. Me siento y miro por mi ventana, aquí en Canadá, y veo los árboles de otoño dorados bajo el cielo azul. Puedo sentir su “alimento” llegando a mis ojos y cómo éste va hacia abajo, abajo, abajo, interactuando allá dentro y llenándome de oro. Mi alma se alimenta de este modo. Y veo, huelo, saboreo, oigo, toco. A través de los orificios de mi cuerpo, doy y recibo. No trato de capturar lo ausente. Ese intercambio entre el alma encarnada y el mundo exterior es un proceso dinámico. Es así como el crecimiento se lleva a cabo. Así es la vida.
La mayoría de las personas no alimentan sus almas porque no saben cómo hacerlo. En esta cultura la mayoría de nosotros somos criados por padres y madres que, como el resto de la sociedad, están corriendo tan rápido como pueden tratando de mantenerse económica y socialmente. Hay una impulsividad a la que las criaturas son sometidas, incluso dentro del útero. En la infancia se espera que el niño o la niña se realicen. A menudo, las figuras parentales no son capaces de recibir el alma del niño, porque no tienen tiempo para recibirla, o porque no les gusta como es esa criatura. Muchos padres están demasiado interesados en que sus hijos e hijas asistan a clases de baile o de patinaje, reciban una buena educación y sean de los mejores de la clase. Están tan preocupados por todo lo que quieren “dar” a la criatura, que no pueden recibir nada de ella.
Una criatura, por ejemplo, viene corriendo con una piedra, con los ojos llenos de asombro, y dice: “Mira esto tan hermoso que he encontrado”, y la madre dice: “Ponla de nuevo en la tierra a donde pertenece”. Esa pequeña alma pronto dejará de traer piedras y se centrará sólo en lo que puede hacer para complacer a mamá. El proceso de crecimiento se convierte así en un ejercicio que trata de encontrar la manera de complacer a los demás, en lugar de ampliar su experiencia. Las criaturas que no son amadas, luego no saben cómo amarse a sí mismas. Cuando adultas, tienen que aprender a nutrirse, a ser madres de su propia criatura perdida.

Rachel V: La negación de los sentimientos y el énfasis en la búsqueda del placer, la paz y la realización no se limita sólo a las familias alcohólicas.
Marion: Es cierto, pero creo que hay alguna adicción en la mayoría de las familias, ya que nuestra cultura es adictiva. La adicción puede cubrir una amplia gama de problemas: padres o madres que están involucrados con otra pareja, adicción a las relaciones, adicción a la comida, al tabaco, al juego, a dormir, adicción a la televisión, que es otra manera de dormir. Hay muchas maneras de dormir, tengo pacientes que se duermen en el mismo momento en que yo digo algo que no les gusta. En un instante, caen “dormidos”. No pueden aceptar la confrontación. No pueden enfrentar el dolor y, en cuanto lo ven venir, caen en la inconsciencia lo cual elimina la posibilidad de que puedan crecer. No pueden confrontarlo. Se requiere auténtica fuerza para la confrontación espiritual o para experimentar un verdadero encuentro de almas, pero ellos ni siquiera pueden recibir el amor. Tienen miedo al amor, porque los hace vulnerables. Más allá de eso, lo que queda es un bebé, una criatura abandonada en el interior del cuerpo. El cuerpo se convierte en una inmensa cavidad con un pequeño bebé gritando en su interior. Es la criatura abandonada. En un plano simbólico, podríamos decir que es el niño o la niña divinos. Tarde o temprano, esa criatura divina comenzará a gritar y, aun siendo tan débil, derribará las partes aparentemente fuertes de la personalidad. Así, de esta forma tortuosa, la adicción puede estar tratando de conectar con el dios o la diosa incorpóreos que necesitan encarnar en cada persona.

Rachel V: ¿Sabe de otras culturas en las que encontremos esta imagen de llegar a ser como un niño para entrar al reino de Dios?
Marion: En muchos mitos una mujer humana es fecundada por un dios. En otras palabras, la materia es penetrada por el espíritu, y el fruto de esa unión de la materia y el espíritu serán el niño o niña divinos.
¿Qué está pasando entonces en una persona que se ve obligada a rendirse y a decir: “Sí, soy alcohólica, soy adicta, soy impotente ante mi adicción, tengo que entregarme a un poder mayor”?.En esa persona la materia se está rindiendo ante el espíritu. Esa es la unión que puede crear a la criatura divina. La adicción ha hecho posible la receptividad. Muchos de nosotros no podemos comprender lo poderosa que es la Diosa hasta que caemos de rodillas ante ella a través de la adicción o la enfermedad.
Creo que es importante reconocer que, en algún nivel y de alguna manera peculiar, todos estamos en el mismo lío, seamos alcohólicos, hijos de alcohólicos, anoréxicos, adictos al trabajo, a las drogas, al sexo, al dinero… o a lo que sea. Los adictos tratan de huir de Dios lo más rápido posible y, paradójicamente, sólo están corriendo directamente hacia sus brazos. Sólo la conciencia podría hacer que se dieran cuenta de cómo el alma está tratando de llevarlos a la presencia de lo divino, si ellos fueran capaces de entender el simbolismo inherente a la conducta adictiva.
Tomemos los alimentos como el objeto adictivo. El mayor problema en el tratamiento de una persona anoréxica es que, una vez que empiece a comer, el ayuno se detendrá y romperá la euforia que provocaba y, entonces, la persona sentirá que la vida es aburrida. Con el tiempo, tendrá que asumir que, rechazando la comida, está rechazando su realidad de ser humano, y que su conducta adictiva es la actuación de su tiránica niña interior decidida a controlar o a escapar del tiránico padre o madre, ya sea esa figura parental interna o externa. Así que la persona anoréxica, y esto es cierto para todos los adictos, tiene que llegar a una nueva forma de vida.
Si una vive día a día en contacto con el mundo que la rodea, aunque sea sólo un minuto al día como dice Blake, ese es el único instante diario en que Satanás no nos podrá encontrar, es lo único que una necesita para mantener viva su propia alma. En ese instante una podrá ver el azul del cielo y podrá escuchar en ese silencio a su niña interna. Así, la vida nunca puede ser aburrida. Pero hay demasiadas personas que nunca dan lugar a ese momento del día y corren por ahí buscándolo en el exterior. Ese es el problema: tratan de encontrarlo fuera de sí mismos y es eso lo que los arroja a la adicción.
Todo el camino está marcado por el trágico temor de no ser amados, y ese terror nos lleva a un comportamiento autodestructivo. Y, como sociedad, nos conduce a la autodestrucción global. Pero las adicciones pueden ser el camino divino que nos lleve a abrir nuestro corazón a aquello que el amor ama en nosotros mismos, y eso es el amor que sentimos por los demás, o el amor hacia el querido planeta en el que vivimos.
Otras personas tratan de encontrar el espíritu a través de la sexualidad. Piensan que a través de un orgasmo pueden ser liberados de la materia; en ese breve instante esperan experimentar la extraordinaria unión de espíritu y materia. Pero si el sexo no incluye lo relacional, eso no se logra. Con el tiempo se convierte en algo mecánico y, luego, en algo desesperado. “Tengo que lograrlo. Va a funcionar. Necesito mi dosis”La sexualidad sin conexión emocional es como la materia sin el espíritu. Las personas que son incapaces de amar pueden ser adictas a la sexualidad, pero lo que están proyectando sobre la sexualidad es el deseo de la unión divina de la que tan desesperadamente carecen en su interior.
Jung dijo que lo contrario del amor no es el odio sino el poder, y que donde hay amor no hay voluntad de poder. Creo que este es un tema central en el trabajo con las adicciones. Tarde o temprano el Amor, que es ni más ni menos que el rostro femenino de Dios, nos mira directamente a los ojos. Podemos aceptarlo, rechazarlo o morir.
No sé cómo son los muffins en otros lugares del mundo, pero en Canadá son numinosos. Una paciente con una adicción alimentaria vino ayer llorando. “No sé qué hacer –me dijo–. Me dicen que tengo que conectar con mis sentimientos. La mayoría de las veces no hago lo que quiero hacer, porque creo que no está bien. Estaba viniendo hacia aquí, y tuve ganas de traerle un muffin. Entonces pensé que a usted no le gustaría. Aunque sé que a usted le encantan los muffin, creo que una no le regala un muffin a su terapeuta. Y luego comencé a sudar, porque mi deseo de traérselo era muy fuerte. Paré el coche, lo compré y lo tengo en el bolso, pero ahora no sé si dárselo o no. Me siento como una niña estúpida y no sé qué hacer”.
“Bueno”, le dije, “Quiero recibir ese muffin.”
Lo partí en dos y le di la mitad a ella. Debido al amor que había en el muffin, y a que lo compartimos, ese acto fue una comunión. Es una historia sencilla, simple, pero, en ese nivel de sentimientos, la gente está tan aterrorizada de ser rechazada que un muffin puede poner de manifiesto el rechazo de toda una vida. Exteriormente esta mujer es muy competente, muy profesional, y altamente respetada. Todo el mundo la considera muy madura y, de hecho, lo es, excepto en su aspecto de niña rechazada. Aquí podemos ver nuevamente como lo débil aparece a través de la niñita que dice, “Quiero darle a Marion un muffin”. Si esa niña ha sido rechazada, y rechazada, y rechazada, va a entrar en un estado casi de no-existencia. Entonces la persona experimentará una pérdida del alma y se volverá incorpórea, y ese será el instante de vulnerabilidad ante la adicción. Pero también será el instante en el que Dios puede entrar en ella.
La cuestión espiritual está en el centro de todo. Nuestra alma es nuestra relación eterna con la divinidad. El lenguaje del alma es el lenguaje de los sueños. Tal como yo lo veo, todo sueño es una comunicación con la divinidad. Los sueños nos ofrecen símbolos e imágenes, pero como somos tan concretos, no entendemos sus símbolos y creemos que los sueños son tonterías o locuras. Nos hemos aislado del mundo simbólico, y por eso hemos olvidado el lenguaje de los sueños. De este modo cometemos el error de asumir que, si estamos inquietos o inseguros, es algo concreto lo que necesitamos. ¿Sientes un vacío en el estómago? Crees que necesitas sexo, comida o cualquier cosa concreta que puedas conseguir. Pero es el alma la que te está llamando a través de los símbolos. Es por eso que tenemos que ser muy cuidadosos al interpretar sueños. Un sueño sexual, por ejemplo, puede ser la forma en que el alma exprese su necesidad de unión con el espíritu.
Tenemos que disciplinar a nuestra propia niña interior para liberar su enorme poder espiritual. Si nos identificamos con su lado infantil que dice: “Siempre fui una víctima, siempre seré una víctima y todo es culpa de mis padres”, entonces iremos el resto de nuestra vida con mirada de perro apaleado. Pero podemos, por el contrario, elegir identificarnos con la parte niña más sabia, esa capaz de decir: “Mis padres fueron víctimas de una cultura, al igual que sus padres y los padres de sus padres. Yo no voy a ser una víctima y voy a asumir la responsabilidad de mi propia vida. Voy a vivir creativamente. Voy a vivir en el presente”.
Ser como niños es ser espontáneos, capaces de vivir el momento, concentrados, imaginativos y creativos. La mayoría de nosotros hemos olvidado cómo jugar, hemos olvidado la alegría de la creatividad. Sin alegría, nos encontramos huyendo siempre del dolor. Sin creatividad, huimos siempre del vacío. Cuanto más rápido corremos, más graves se tornan nuestras adicciones, inclusive la adicción a ser una víctima. 
En el Nuevo Testamento, cuando nace el niño dios, el rey Herodes ordena la matanza de todos los niños del reino. Eso es lo que pasa cuando nace nuestro propio niño interior. Herodes simboliza las actitudes colectivas convencionales, que serán destruidas si la nueva vida prospera. Tan pronto como nuestro niño interior se llena de vida y dice: “Esto es lo que soy. Estos son mis valores”, todos los aterrorizados Herodes de nuestro entorno se levantan y dicen: “Tú eres un tonto”. Se necesita un valor inmenso para averiguar los valores de nuestra propia criatura divina, y aún más fuerza para vivir según esos valores. Las adicciones ahogan, hacen pasar hambre, tratan de matarte, pero, irónicamente, te mantienen en contacto con eso ya que te hacen correr dando vueltas alrededor del agujero donde se halla oculta tu criatura divina.
Los adictos se encuentran atrapados en las ilusiones de su propio poder, ilusiones que les roban su vida humana. Son impulsados por una voz interior, “Tengo que hacerlo... No puedo hacerlo... Lo tengo que hacer... No, no lo haré...” Pero lo que anhelan es vivir en un paraíso, no en esta Tierra. Ellos no quieren estar aquí, pero lo están. Algunos adictos se sobrepasan, permitiendo que el cuerpo caiga en estados de estupor. Los viernes en la noche, por ejemplo, si el cuerpo está blindado y tenso, una mujer se puede decir: “No voy a beber… no lo haré…”, pero otra voz interna le dice, “Voy a explotar si no lo hago... He hecho todo lo que los demás quieren que haga durante toda la semana... Basta ya... Ahora voy a demostrar quién manda aquí... Voy a beber hasta quedar inconsciente... No quiero sentir nada…”. Tratando de ser un dios o una diosa durante toda la semana, se puede dar la vuelta y acabar siendo un animal todo el fin de semana. No hay equilibrio humano en el adicto.

Rachel V: ¿Nos podemos liberar de una adicción? 
Marion: En Alcohólicos Anónimos, aunque se lleven muchos años sin beber, una sigue diciendo: “Yo soy alcohólica”. ¿Cuántas personas conoce usted que volvieron a caer en la trampa después de una copa o de un cigarrillo? El inconsciente es como el océano: la obsesión puede sumergirse profundamente en el fondo del océano, pero cualquier crisis puede ponerla a flote. La vida se mueve en ciclos, la conciencia se expande. Cada vez que nos enfrentamos a una nueva verdad acerca de nosotros mismos, muere una parte nuestra y nace otra. Con el tiempo tenemos que movernos a través de un canal de parto y los canales de parto pueden ser peligrosos. En cualquier experiencia, la gente tiende a repetir su trauma del nacimiento original cada vez que intenta salir del vientre cálido que la ha contenido. Si fueron nacimientos por cesárea pueden temer la confrontación; si fueron partos de nalgas, puede ser que las cosas vayan al revés; y si su madre estaba drogada, tenderán a encontrar algún anestésico (drogas, alcohol, comida) para arrojarlo todo al inconsciente. Estos puntos de transición en los que estamos llamados a alcanzar una nueva maduración son los momentos clave en los que la adicción es más propensa a resurgir.
Cambiar el comportamiento habitual es extremadamente difícil, ya que es el único comportamiento que se conoce y, también, a que está conectado con el comportamiento inconsciente de uno o ambos padres. Si alguien está convencido de que en algún momento en una relación va a ser víctima de una emboscada y caer en un agujero negro, entonces puede dar por seguro de que caerá en esa emboscada antes de darse cuenta, porque esa es su tendencia inconsciente. Pero, si una puede afinar su conciencia y decirse: “No tengo porqué caer en esa trampa”, entonces caminará a un ritmo cauteloso y podrá prever ese peligro. Creo que es desarrollando esa conciencia perceptiva cómo es posible llegar al punto de quietud en que una esté libre de la adicción.
Nuestra cultura no acepta el tiempo que es necesario para procesar. Se valora la seguridad y el statu quo y, como estamos viviendo bajo la sombra de la aniquilación del planeta, tratamos de aferrarnos a lo que podamos, a cualquier cosa que parezca permanente. El dolor de dejar atrás una vieja vida y enfrentar una vida nueva, sin ninguna comprensión real de lo que somos, se vuelve insoportable. Algunas culturas tienen ritos de paso que dan sentido y compañía a las personas en proceso de transición, pero la mayoría de nosotros experimentamos una soledad total. En un estado de desconexión de la Tierra y de la gente, el terror puro nos puede conducir de vuelta a la adicción.
Las transiciones son como el infierno. Nuestros seres queridos mueren o se van y nos quedamos solos. Eso es el infierno, pero también es una oportunidad de crecer. Solos, podemos dialogar con nuestros propios cuerpos, con nuestras almas cuya sabiduría es exactamente lo que necesitamos para lograr nuestra propia integridad, para tener muy claro qué es real y qué una ilusión, para quitarnos capas de falso orgullo y hacernos realmente humanos… ¡Qué alivio ser un humano, en lugar de ser el dios o la diosa que mamá y papá proyectaron sobre nosotros!
Cada infierno quema aún más las ilusiones. Entramos en el fuego, morimos y renacemos. Para decirlo en términos cristianos, llevamos nuestra propia cruz, somos crucificados en nuestra propia cruz, y morimos y resucitamos a un nuevo nivel de conciencia. Encontramos equilibrio por un tiempo y luego es necesario otro período de crecimiento y, por ello, comienza un nuevo ciclo.
La adicción, como cualquier enfermedad, puede llevarnos a habitar nuestros cuerpos. La curación viene a través de la realización del alma, del alma que sólo vive en el aquí y en el ahora. El cuerpo ES. El alma encarnada en la materia es el aspecto femenino de Dios. La agonía de una adicción puede romper el corazón que está abierto al amor. Ese punto de ruptura que es tan importante, es el filo que los adictos tienden a vivir como aniquilación o apocalipsis. En nuestra era tecnológica la velocidad nos empuja de tal modo que aniquilamos lo que nos está pasando. Pasamos de largo por los momentos en que el alma se manifiesta. Nos movemos de incidente en incidente sin estar presentes. Una persona anoréxica en un trance eufórico puede encontrarse al borde de la muerte literalmente, sin tener ninguna conciencia de lo que está ocurriendo. Si le digo: ”Escuchame… te estás muriendo…”, ella me mira asombrada. En el alma no ocurre nada si no se toma conciencia de lo que está pasando. Lo que ocurre en el alma tiene que ser concienciado, pensado, hablado, escrito, pintado, bailado, hecho música... En otras palabras, tiene que pasar de ser literal a ser metafórico, para que pueda ser asimilado y dar fruto. 
De eso se trata la terapia. Como terapeuta me convierto en un espejo que refleja y devuelve al paciente lo que me está diciendo, lo que su cuerpo le está diciendo sin que esa persona pueda escucharlo. Sin un espejo, no podemos vernos a nosotros mismos. Los padres que están encerrados en su propia necesidad narcisista no pueden proporcionar un espejo a sus criaturas, y por lo tanto estas no pueden desarrollar su identidad individual. Tome el pequeño incidente del muffin. Si no hubiéramos tenido tiempo para reflexionar sobre la necesidad y el amor y la fe personificados en la compra de ese muffin, podríamos haber asesinado esa acción del alma una vez más. Un intercambio tan pequeño parece poco, hasta que una recuerda los momentos de su propia infancia, en que una esperaba y amaba y lo daba todo y… no recibía nada. Eso es como la muerte.
Sucede una y otra vez con mis pacientes. Su dolor es tan profundo que se necesita mucho, mucho tiempo para que el sentimiento REAL pueda emerger. La gente está avergonzada de lo que ellos llaman su infantilismo, pero esos sentimientos bloqueados no pueden madurar si no tienen a nadie con quien interactuar desde su verdad durante largo tiempo y con frecuencia. Mientras seguimos decididos a avanzar a nuestro propio ritmo rápido y lógico, la niña o el niño internos permanecen ocultos, porque los ritmos naturales del cuerpo son lentos. La pequeña ave-alma que se escondió en una caja oscura en la infancia, necesita tiempo para aprender a confiar de nuevo y abrirse al mundo.