sábado, 11 de marzo de 2017

• Mujeres que sobreviven como los árboles


Extractos del libro Sabia como un árbol de Jean Shinoda Bolen, Ed. Kairós. ISBN: 9788499881324.

Sobrevivir como un árbol
“En muchas partes del mundo forma parte de la cotidianeidad pegar a las mujeres, violarlas y venderlas a redes de prostitución. Se les niega el acceso a cuidados médicos y a la educación, y carecen de derecho económico y político. Cambiar esto podría cambiarlo todo.” Estas palabras, publicadas en la portada de The New York Times Magazine del 23 de agosto del 2009, describen escuetamente la causa que se defendía en este número de la revista bajo el epígrafe “Salvar a las mujeres del mundo”. La inspiración provenía de Nicholas Kristof, columnista habitual de la página de tribuna del Times. El editorial resumía cómo la causa de la opresión de las mujeres es la causa por excelencia de los derechos humanos de nuestro tiempo, y que su liberación podría ayudar a resolver muchos problemas del mundo, desde la pobreza hasta la mortalidad infantil o el terrorismo.

La violencia contra las mujeres es universal. La publicación de Amnistía Internacional Está en nuestras manos. No más violencia contra las mujeres, de 2005, se refiere a las estadísticas de violencia mundial contra las mujeres como una catástrofe de los derechos humanos: al menos una de cada tres mujeres del mundo ha recibido palizas, ha sido obligada a mantener relaciones sexuales contra su voluntad, o será víctima de cualquier otro tipo de abuso a lo largo de su vida. En toda zona de guerra hay estrés crónico, agresividad, paranoia y miedo exacerbados; el desempleo, las matanzas, las mutilaciones y las pérdidas aturden a la gente. Es espeluznante, por tanto, aunque no inesperado, saber que el 87 % de las mujeres de Afganistán sufren abusos domésticos, lo cual hace de este uno de los lugares más peligrosos del mundo para ser mujer.

Kristof y WuDunn escribieron que, cada dos horas aproximadamente, se produce en la India la “quema de una novia”, para castigarla por haber aportado una dote inadecuada o para quitarla de en medio a fin de que un hombre se pueda volver a casar; pero esto no tiene interés como noticia. Como tampoco es noticia que en China 100.000 niñas fueran secuestradas y vendidas a los burdeles, o que 130 millones de mujeres de distintas partes del mundo hayan sido sometidas a una ablación genital. Esta suele hacerse cuando la muchacha es joven y, dependiendo de la magnitud de la mutilación, causa dolor, sangrados e infecciones en el momento de practicarla, y, más adelante, hace que el coito y el parto sean extremadamente difíciles y dolorosos.

Generocidio
La portada de The Economist del 6 al 12 de marzo del 2010 era de color negro con la palabra “GENEROCIDIO” escrita en color rosa brillante. Bajo el impactante titular aparecía la pregunta: “¿Qué les sucedió a 100 millones de niñas recién nacidas?” y “Asesinadas, abortadas o desatendidas, al menos 100 millones de niñas han desaparecido, y la cifra sigue creciendo”. Cuando las niñas recién nacidas no cuentan, y la tecnología prenatal para la determinación del sexo va unida a una fertilidad en declive, el resultado es una proporción desajustada de los niños y niñas que nacen.

Normalmente, por cada 100 niñas nacen entre 103 y 106 niños. La proporción es tan estable que puede considerarse un orden natural, de acuerdo con el cual habrá aproximadamente el mismo número de jóvenes de uno y otro sexo, dado que los niños tienen una probabilidad ligeramente mayor de morir durante la infancia que las niñas. Según la Academia de Ciencias Sociales china, para el 2020 habrá entre 30 y 40 millones más de hombres que de mujeres, debido a la preferencia por los niños, uno de cada cinco jóvenes no podrá encontrar novia. Vemos esta clase de desequilibrio en algunas partes de la India, en Corea del Sur, Singapur y Taiwán, y, desde que se disolvió la Unión Soviética, ha habido un aumento proporcional de niños sobre niñas en varios de los antiguos estados soviéticos. En la India, en el 2001 había 46 distritos donde la proporción era de 125 niños por cada 100 niñas.

Las niñas desaparecen desde el principio de su concepción, siendo víctimas de abortos selectivos, o bien mueren por no recibir los mismos cuidados sanitarios y la misma alimentación que los niños. En la India, por ejemplo, tienen menos probabilidades de ser vacunadas que los niños y solo se las lleva a un hospital cuando están muy enfermas; como resultado de ello, las niñas indias de entre 1 y 5 años tienen un 50 % más de probabilidades de morir que los niños de su misma edad. Las mujeres son las víctimas de los conflictos armados; se las hiere, viola o mutila y, como consecuencia, mueren, o se las mata en el acto como daños colaterales. Aunque la violación supone un riesgo de género común a todas la mujeres, lo es aún más en África, donde actualmente se utiliza como arma contra los hombres, para desmoralizarlos y humillarlos. Y por si todo esto fuera poco, las mujeres mueren innecesariamente al dar a luz, por no contar con los cuidados médicos adecuados.

Siempre que haya un número elevado de hombres solteros en países donde el estatus y la aceptación social dependan de estar casado y tener hijos, como es el caso de China, de la India, y en realidad e la mayoría de los países, el aumento de hombres solteros que se sienten frustrados a causa de esa situación conduce al crimen y a la violencia en general, así como a los secuestros, al tráfico de mujeres, a la violación y a la prostitución; y esto, a su vez, lleva a los gobiernos a intentar combatir el crimen volviéndose más autoritarios. Por si esto fuera poco, en los países musulmanes lo hombres mayores adinerados tienen varias mujeres, tal como su religión les permite, y esto aviva aún más la frustración de los jóvenes sin recursos. El desempleo y la falta de educación y de oportunidades significa para estos jóvenes no poder pagar una dote, lo cual hace de ellos reclutas idóneos para el terrorismo.

La crisis económica global y su efecto sobre mujeres y niñas
En el 2010, el contexto era el de una crisis económica y financiera global, que se sumaba a la crisis alimentaria y energética ya existentes. El Banco Mundial estimó que, como consecuencia, 53 millones de personas más se habían visto abocadas a la pobreza, y la Organización Internacional del Trabajo advirtió que el número de mujeres desempleadas habría aumentado en 22 millones. Cuando disminuyen los recursos familiares, las niñas y las mujeres sufren: se eleva el número de niñas que dejan la escuela, y los niveles de violencia hacia mujeres y niñas crecen –hay más violencia doméstica, son mayores la trata de seres humanos y la explotación sexual, y esto aumenta el contagio del VIH y el sida, proliferan las actividades criminales y los riesgos para la seguridad ciudadana-. Todo ello acaba afectando a las niñas.

Entre lo que ahora sé sobre la disminución de las selvas pluviales y lo que sé sobre la lucha de las mujeres en el mundo, tal vez lo más fácil sería concluir que este no es un buen momento ni para ser mujer, ni para ser árbol, tanto en un país en desarrollo como en muchos otrossitios del mundo. Sin embargo es a la vez el peor y el mejor de los tiempos. Para las mujeres que se han beneficiado del movimiento de la mujer, jamás ha habido un tiempo mejor para ser mujer. Tenemos oportunidades, libertad, educación y recursos, y vivimos más años que ninguna generación anterior. Vivimos en un tiempo en que se empieza a tomar conciencia de que tal vez los árboles y las mujeres sean lo único que puede salvar el planeta y rescatar a la humanidad del borde del precipicio. En muchos países en desarrollo hay mujeres líderes que empezaron trabajando en distintas ONG. En conferencias internacionales, patrocinadas a menudo por la ONU, se reúnen cada año y reciben una guía e inspiración que las ayuda a tener un concepto más trascendental de sí mismas, lo cual las anima a seguir ascendiendo y asumir mayores responsabilidades.

Progresión geométrica
(…) Creo firmemente que el cambio lo provoca una creciente toma de conciencia colectiva: círculo a círculo y persona a persona. La progresión geométrica hace que las ideas puedan propagarse como un virus, y extenderse a una población receptiva provocando en cada persona un cambio real de actitudes y convicciones. Esto es lo que cambió el mundo para las mujeres a finales de la década de 1960, concretando las acciones de los grupos concienciados en el movimiento de la mujer. En matemáticas es “3 elevado a la potencia 19”: si 3 mujeres aprenden algo y cada una de ellas se lo cuenta a otras 3, habrá 9 mujeres más; si cada una de las 9 se lo cuenta a 3 más, habrá otras 27, y si cada una de estas se lo cuenta a su vez a otras 3, serán 891. Si entonces cada una de ellas se lo transmite a otras mujeres, el mensaje, en tan solo 4 pasos, habrá llegado a 243 personas, y en 19 pasos, a más de 1.000 millones.

Cuando un número crítico de personas acepta una idea nueva, la cultura da un giro, y aquello que se rechazaba o ridiculizaba, o incluso se  condenaba por considerarse que era contrario a la voluntad de Dios –como la idea de que las mujeres debían tener derecho al voto-, se convierte en la nueva norma.

Árboles que nacen de la cabeza de las mujeres: Betty Makoni
La primera vez que oí hablar de Betty Makoni fue a Ann Smith, una de las coordinadoras del Millonésimo Círculo y cofundadora de Circle Connections, mientras escribía este capítulo, y me intrigó saber por Ann que Árboles que nacen de la cabeza de las mujeres es un símbolo del empoderamiento de mujeres y niñas. Betty Makoni es una mujer africana de 38 años, superviviente del abuso infantil, activista, fundadora de la Girl Child Network (Red de trabajo sobre niñas] en Zimbabue, y una de las 10 heroínas más destacadas por la cadena de televisión CNN en el 2009. Betty fue violada a los seis años por un tendero, conocido por hacer esto a las niñas. Tenía ocho años cuando intentó persuadir a su madre de que denunciara la violencia doméstica que soportaba y su madre la hizo callar. A los nueve presenció cómo su padre pegaba a su madre hasta matarla., y cuenta que entonces se dio cuenta de las consecuencias potencialmente mortíferas del silencio de una mujer. Con 14 años, su tío la violó, dejándola embarazada y contagiándole el VIH.

El abuso que sufrió Makoni le hizo tomar la determinación de salvar a las niñas y a las mujeres, y de recibir una buena educación a fin de tener voz. Fue a la universidad y se hizo profesora. Cuando se dio cuenta de que las niñas dejaban de repente de ir a la escuela en proporciones alarmante, ser reunió con aquellas que todavía estaban en la escuela y les sugirió: “¿Qué os parece si tenemos un espacio solo para nosotras, en el que podamos hablar y encontrar soluciones?”, y este fue el principio de Girl Child Network. Para finales de aquel año, 1998, había un centenar de clubs de Gil Child Network repartidos por todo Zimbabue; y para el año 2000, Betty había dejado su trabajo para dedicarse de lleno  a GCN, y había fundado el primer poblado de empoderamiento destinado a niñas y mujeres, un lugar de acogida para aquellas que habían sido víctimas de violación. Cuando se rescata a las niñas y se las lleva allí, se les proporciona medicación de urgencia, y se las aconseja y ayuda a volver a la escuela. Las niñas se ayudan unas a otras a transformarse de víctimas en líderes.

Muchos hombres de toda África creen que el VIH/sida puede curarse violando a una virgen, y Zimbabue es un país donde la incidencia de esta enfermedad es de las más altas del mundo. Los curanderos tradicionales de Zimbabue se han encargado de perpetuar dicho mito (que alude a la misma supuesta “curación” que fue la causante de que los europeos infectado de sífilis violaran a muchachas vírgenes después de que el descubrimiento del Nuevo Mundo trajera esta enfermedad a Europa). Como resultado de esta falacia, de esta idea tan extraordinariamente cruel, los zimbabuenses infectados de sida se han dedicado a violar a las niñas. Según UNICEF, cientos de estas niñas aún no habían comenzado a caminar cuando fueron violadas. Cuenta Betty Makoni que la víctima de violación más joven tenía un día de vida y murió por la penetración.

Los poblados de empoderamiento son una parte esencial de la labor de salvar a las mujeres y a las niñas. Lo mismo que los albergues establecidos en Norteamérica para las mujeres que necesitan escapar de una violencia doméstica abusiva, los poblados de empoderamiento ofrecen un lugar donde sentirse a salvo y curarse.

El poder de los círculos de mujeres
Cuando las mujeres y las niñas se reúnen en círculos de conversación en los que se sienten seguras, dicen la verdad al contar sus casos y oír a otras mujeres hablar, y el compartir así sus experiencias les permite reconocer lo que tienen en común. Normalmente, se siente compasión primero por las demás, y luego por una misma.

Después se dialoga sobre la conveniencia o no de denunciar al perpetrador, y sobre cómo impedir que vuelva a abusar de ninguna niña. Y aquí es donde la charla estratégica comienza; ¿quién las creerá, y en quién se puede confiar? Existe la posibilidad de que el demandado tome represalias: ¿qué hacer al respecto?; ¿Cómo movilizar a la comunidad y establecer formas en que se pueda ayudar a las mujeres? En estos diálogos, los efectos psicológicos son enormes. Una víctima avergonzada se transforma, gracias a esta experiencia, en una líder; tiene amigas y aliadas, un círculo base de apoyo que la ayuda a madurar. Es algo muy similar a lo que sucedió en los grupos de concienciación, que crearon programas y protestas y se apoyaron unos a otros para hacerse agentes del cambio. Para el año 2009 había 30.000 niñas en la Girl Child Network, y 500 clubs de niñas en Zimbabue. Los clubs ofrecen un lugar seguro donde las niñas se reúnen con voluntarias competentes que les ayudan a romper su silencio. Se centran en cinco aspectos: identificar las necesidades, idear y poner en práctica estrategias para hacer públicos los incidentes de violación, alentar el liderazgo en las niñas, y fomentar el desarrollo y empoderamiento de la comunidad.

Árboles y mujeres: tenaces supervivientes
Las mujeres y los árboles pueden ser asombrosamente tenaces, y sobrevivir en condiciones desfavorables, a veces tan extraordinariamente difíciles como es el caso del árbol huarango peruano.

La primera iniciativa de las mujeres, con la que consiguieron salvar unos árboles de las sierras de los taladores –y que no solo fue un triunfo, sino que recibió notable cobertura mediática-, la llevaron a cabo un grupo de mujeres indias, que se abrazaron de verdad a los árboles que lograron salvar. Se le llamó el movimiento Chipko, pues chipko, en hindi, significa precisamente “abrazaárboles”. El 26 de marzo de 1974, un grupo de 27 mujeres campesinas de Reni, una aldea del Estado de Uttarakhand, que limita con la cordillera del Himalaya, en la India, detuvieron la deforestación local abrazándose a los árboles para impedir a los taladores que los derribaran, Fue un hito histórico del movimiento Chipko en la época moderna, y esta protesta no violenta inspiró cientos de acciones de base del mismo tipo, que ralentizaron la deforestación de la India y sirvieron de modelo a iniciativas similares en todas partes. Las mujeres de los países en desarrollo con las que más directamente sufre los efectos de la deforestación y las más conscientes de lo que supone, puesto que son la que cultivan los alimentos, recogen leña y acarrean el agua.

Al cabo de 10 años, el movimiento Chipko de mujeres había organizado cooperativas que se encargaban de vigilar los bosques locales, trabajaba reacondicionando la tierra agostada y había creado viveros en los que se reproducían determinadas especies. Se ocuparon asimismo del problema social del alcohol y de sus efectos, ya que las corporaciones que contrataban a los taladores también les vendían alcohol. Las mujeres que colaboran y trabajan de modo cooperativo hablan al mismo tiempo de sí mismas y de sus vidas, y lo que sale entonces a la superficie son los problemas genéricos de la comunidad. El éxito obtenido con lo que fue un desesperado esfuerzo por salvar los árboles tuvo un efecto dominó de gran alcance. En 1980, el gobierno promulgó un decreto, firmado por la entonces primera ministra india Indira Ghandi, por el que se prohibía talar ningún árbol de las regiones del Himalaya en 50 años, hasta que la capa verde se hubiera restablecido.

Amrita Devi y sus tres hijas
El precedente histórico de Chipko sucedió en 1730, cuando Amrita Devi y sus tres hijas fueron martirizadas. El maharajá de aquella región había mandado a sus hombres a que talaran los árboles khejri de la aldea para hacer allí una balsa de cal viva con la que construir su nuevo palacio. Pero estos eran árboles sagrados para los bishnoi, el movimiento religioso hindú al que pertenecía Amrita Devi, y ésta se opuso a que los talaran. Se cuenta que dijo: “Si un árbol se salva, incluso al precio de mi cabeza, habrá valido la pena”. Provocados por sus palabras, los taladores usaron entonces sus hachas para decapitarla; y sus hijas, imperturbables ante lo que acababa de sucederle a su madre, ofrecieron sus cabezas también. En respuesta a aquella oposición de resistencia, el maharajá ordenó que se talaran todos los árboles verdes de la vecindad. La noticia llegó a los bishnoi, que tomaron la determinación de salvar sus árboles sagrados, y los voluntarios se abrazaron a los árboles y sacrificaron así sus vidas. Los taladores no se sintieron capaces de continuar con la matanza, y le dijeron al maharajá que no podían cumplir su misión. Para entonces, 363 bishnoi, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, casados y solteros, ricos y pobres, se habían convertido en mártires por salvar los árboles. El maharajá se disculpó por el error que habían cometido sus oficiales y prohibió la tala de árboles dentro del perímetro de las aldeas bishnoi.

El khejri (Prosopis cineraria) era el árbol sagrado por el que Amrita Devi y sus hijas se dejaron martirizar. Es un árbol de pequeño a mediano tamaño, de hoja perenne, o casi, pues produce abundantes hojas nuevas antes del verano. Tiene propiedades maravillosas. Se encuentra mayormente en el desierto de Rajastán, en la India,; es resistente a las heladas y a la sequía, y capaz de soportar vientos abrasadores y temperaturas extremas. Su extenso sistema radicular afianza la arena impidiendo el movimiento de las dunas; fija en la tierra el nitrógeno atmosférico y la nutre, además, con la materia orgánica que resulta de la descomposición de sus hojas, y su profunda raíz primaria puede extenderse hasta 30 metro para absorber humedad, por lo cual no compite por el agua con los sembrados contiguos. Sus hojas y vainas son pasto para todo tipo de ganado, y la gente las comía en épocas de hambruna; se dice que incluso la corteza, de sabor amargo, servía de alimento. Ofrece sombra y cobijo, y puede servir de cortavientos. Su madera es dura, y excelente para hacer leña y carbón. Tiene una larga lista de propiedades medicinales, y se preparan remedios con sus flores, su corteza, la goma que segrega en los meses de mayo y junio, sus hojas y sus vainas. Es en verdad un árbol generoso, actualmente valorado y protegido.

Árboles, círculos de mujeres y oxitocina
Vi una fotografía de las mujeres de Chipko que, agarradas de la mano, formaban un círculo alrededor de un árbol para impedir que lo talaran, y pensé para mis adentros que habían formado un círculo de mujeres con el árbol en el centro. Las mujeres que constituyen el movimiento Cinturón Verde de Kenia se reunían en círculos para aprender a plantar árboles; la idea del árbol estaba en el centro de sus círculos. En los bosques de secuoyas se pueden encontrar círculos de “hijas de las secuoyas”, que se forman años después de que el árbol madre muera; en el pasado solía ocurrir después de que los sucesivos incendios causados por los rayos produjeran daños al árbol madre. Crecían frágiles arbolillos de las semillas diminutas que se soltaban de los pequeños conos por el calor del fuego que rodeaba el perímetro del árbol antiguo, o brotaban nuevos árboles de los nudos formados en las raíces del árbol madre, ya que la corona de raíces puede sobrevivir después de que el árbol muera. Hay un precioso círculo de hijas de secuoya en Old Mill Park, de Mill Valley, en California, donde juegan los niños. Transmite una sensación de círculo mágico.

El millonésimo círculo proponía que los círculos de mujeres solidarias que se ayudan unas a otras, que comparten una intención, se alientan mutuamente y tienen una conexión espiritual pueden cambiar no sólo a las mujeres que forman el círculo, sino tambié al mundo. El “millonésimo círculo” es un círculo metafórico; es el círculo que, cuando se añada al resto de los círculos que existen, creará una masa crítica, o un punto de inflexión, que instaurará en el mundo el principio femenino y el equilibro de sexos. Aunque los círculos constituyen una forma de reunión natural para las mujeres, cuantos más círculos haya más fácil será que se formen otros nuevos y, entre ellos, círculos mixtos de mujeres y hombres y círculos de hombres.

A la vista de los resultados de una investigación sobre el estrés de la Universidad de California en Los Ángeles, resulta cada vez más obvio que cuando un círculo o comunidad de mujeres se enfrentan juntas a una situación difícil, su respuesta natural es hablar sobre lo que está pasando, lo cual crea vínculos entre ellas, o los fortalece, y reduce el estrés que sentirían si estuvieran solas. Esta es la reacción de la oxitocina, que se concreta en “prestar cuidados y entablar amistades”, es la respuesta que dan las mujeres como género, frente al reflejo masculino de “lucha o huida” provocado por la combinación de adrenalina y testosterona.

Las mujeres como género tienen más conexiones neurológicas, más fibras conectoras, entre el hemisferio derecho o el izquierdo del cerebro, y gracias a ello pueden ver una situación desde diferente ángulos, así como diferentes posibilidades, incluida la de que todo podría estar conectado. Cuando las mujeres se hacen oír y pueden contribuir a un debate en el que se tiene en cuenta las necesidades de todos aquellos a quienes concierne, la polarización agresiva se reduce al mínimo.

Las constantes guerras y conflictos civiles, así como los enfrentamientos entre bandas callejeras dentro de un barrio, normalmente están dirigidos por hombres que buscan tener poder y control, y a lo que mueve el miedo a la humillación o las fantasías de venganza. El destino de un barrio, o del mundo, está entonces en manos de hombres psicológicamente adolescentes impulsados por un exceso de adrenalina y testosterona, que eluden a toda costa identificarse con la debilidad y son, por tanto, incapaces de sentir compasión. El antídoto de la oxitocina es el poder de las mujeres que se unen para mantener a salvo a sus hijos, que apelando a la energía de la madre osa saben que ha llegado el momento de decir ¡basta!, y trabajan por la paz cuando los hombres son incapaces de ver ninguna salida al conflicto.

lunes, 20 de febrero de 2017

• Elisenda Pascual y su libro para criaturas sobre el abuso sexual infantil


Por Luna Longoria  ::  www.citeyoco.com

Elisenda Pascual Martí nos presenta un nuevo punto de vista con su libro “Clara y su sombra” donde trata el abuso sexual infantil. Un libro para niños a partir de 3 años, con un tema muy delicado pero imprescindible tratar con ellos, ya que están muy expuestos a un campo que hasta hoy y gracias a Elisenda Pascual Martí, les era desconocido. Entrevistamos a su autora para descubrir más sobre este libro que llega para poner un rayo de luz entre tanta tiniebla.

¿Cómo surge la idea de escribir este libro?
Pues el cuento lo escribí una madrugada sin saber muy bien lo que estaba relatando. Estaba estirada en mi cama entre la vigilia y el sueño, y Clara y su sombra vino a llamar a mi puerta. ¡Podría decir que fue el cuento quien me encontró! Una vez redactado, pensé cómo podría darle uso en mi entorno profesional.
Hace más de diez años que me dedico al acompañamiento de familias en la crianza que va desde la concepción hasta los 7 años. A lo largo de este tiempo he observado el creciente interés de los padres y las madres para obtener herramientas y hacerlo “bien”. Muchas han sido las temáticas que he trabajado en talleres y formaciones. Pero casi nunca, se ha hablado del abuso sexual, a pesar de las alarmantes estadísticas. Investigando un poco me di cuenta que las adultas teníamos miedo de hablar de algo que no sabemos cómo abordar, así que escribí el manual pedagógico que acompaña el cuento para proporcionar recursos a quienes lo lean.

¿Ha utilizado alguna referencia real para poder documentar esta historia?
Muy a mi pesar puedo decir que a lo largo de estos años he detectado varios casos de abuso sexual infantil; tanto a niños y niñas, como a padres o madres que me revelaban lo que habían sufrido en su infancia y temían por la salud de sus hijos e hijas.

Hasta ahora no se habían planteado este tipo de argumentos en un libro infantil, parece que son incompatibles con este tema y sin embargo son realmente cercanos. ¿Cómo abordar algo tan delicado para presentárselo a un niño?
La premisa básica que doy en mis talleres sobre la prevención del abuso sexual infantil es que las adultas no tengamos miedo de contar este cuento. Son precisamente los niños y las niñas los únicos que están expuestos a sufrirlo. Si no les damos herramientas para poder identificar que algo no debe gustarles, aunque se lo diga un adulto de su confianza, habrá pocas probabilidades que vengan a contárnoslo.

A veces ni la sociedad “adulta” está preparada para abordar el abuso sexual, ¿cómo consigue que no se convierta en un libro de terror?
El abuso sexual infantil es una realidad con la que pueden toparse únicamente los niños y las niñas. Es un tema prioritario en sus Vidas, y aún y así, lo censuramos por nuestra incapacidad adulta de tratarlo. Me parece injusto y es por eso que el cuento, narra la historia de Clara sin mucho dramatismo ni oscuridad, precisamente para que los niños y las niñas se interesen por el libro y las adultas tengamos la oportunidad de trabajarlo con ellos y ellas. A lo largo de la historia, que empieza enfatizando una sombra muy oscura y grande, va apareciendo la luz y los recursos con los que Clara conecta para resolver su problema. En el manual pedagógico se explica todo el simbolismo del cuento con mucho detalle.

A lo largo de la historia se utilizaban los cuentos infantiles para educar a los niños frente a los peligros que podían sufrir, después vino Walt Disney y el mensaje se perdió un poco entre colores y canciones, ¿Este libro intenta recoger esa parte educativa dirigida a los niños, es decir; no vayas solo, no hables con desconocidos, etc.?
El cuento aborda una temática específica y crear un marco concreto para que los niños y las niñas logren identificarse con el personaje. Es para esto que fueron creadas las historias. Nuestros inicios como especie humana presentan el conocimiento como una transmisión narrativa y oral. Este cuento pretende recuperar la metáfora y el simbolismo para presentar el abuso sexual infantil de una forma clara y adecuada, que ayude a pequeñas y grandes a hablar y comprender situaciones con las que pueden encontrarse y que no deben tolerar.

La infancia es la base de toda nuestra educación, ¿tener presente estos peligros desde la infancia no generará una sociedad más atemorizada?
Vivimos en un mundo que trata de esconder debajo de la alfombra aquello que no le gusta. Nos pasa con muchos temas como el cambio climático, el machismo imperante, los refugiados de guerras, la inmigración, etc. Este cuento pretende ser una toma de conciencia para tratar el abuso sexual infantil como lo que es: un tema indispensable del que hablar para no seguir escondiendo la cabeza bajo el ala y dejar a los niños y a las niñas expuestos a sufrir. Afrontar los miedos des del conocimiento y la prevención es la única manera que dejen de ser tan fuertes.

En su experiencia como psicóloga infantil, ¿considera que el abuso sexual es uno de los principales problemas en la infancia? ¿Existen más casos de los que se creen?
Obviamente sí. Las estadísticas nos hablan de más de un 60% de casos no denunciados, es decir, que se quedan en el ámbito intrafamiliar, que es donde la mayoría de ellos suceden. Y cuando normalmente salen a la luz, es cuando esos niños y niñas pierden el miedo a hablar por sí mismos y deciden explicar lo que sufrieron o siguen sufriendo. Es cuando las personas empezamos a conectar con nuestra madurez que nos es más fácil expresar aquello que vivimos. ¿Hace falta esperar tanto? Muchas vidas podrían ser transformadas si empezamos con la prevención en lugar de trabajar exclusivamente en pro de la detección y tratamiento.

¿Cómo surge Clara? ¿Por qué elegir a Clara, una niña, en el papel protagonista? ¿Es por la fragilidad que refleja una niña o por que suelen ser las que sufren más acoso sexual infantil?
Como ya he explicado antes, el cuento me encontró a mí, así que puedo decir que Clara, se manifestó en forma de niña y me pareció adecuado en un posterior análisis. Más del 90% de abusadores son hombres heterosexuales, y el mayor porcentaje de víctimas se da en niñas. Se cree que 1 de cada 4 niñas es susceptible de sufrir abuso sexual. Estas estadísticas nos recuerdan que vivimos en una sociedad sexista, donde se sigue viendo a la mujer como un ser más frágil e inferior. Queda mucho trabajo por hacer para desprogramarnos del patrón patriarcal de conquista, posesión y sometimiento de seres humanos, en especial, de las mujeres.

¿Dónde y a qué edades cree que va a ser más imprescindible dar a conocer Clara y su sombra?
El cuento está pensado para niños y niñas a partir de los 3 años, que es cuando entran en la etapa genital y surge el deseo de explorar sus genitales y diferenciarse de las demás personas. A partir de esta edad su capacidad e interés para absorber el conocimiento del medio que les rodea cobra sentido. El cuento debería estar en espacios donde niños y niñas pueden tener acceso: en las escuelas, CDIAPs, EAPs, centros de acogida, bibliotecas, hospitales, etc. Eso sí, para edades tan tempranas, es imprescindible que las adultas que lo expliquen se hayan leído el manual pedagógico y/o hayan asistido a algún taller de los que propongo. Es muy importante estar preparadas para sus preguntas, sus reacciones y que éstas no nos infundan miedo a no saber qué responder.

¿Para qué espacios está concebido este libro; aulas, talleres, para casa…?
Tal como decía antes, este cuento está concebido para niños y niñas a partir de los 3 años. Cualquier espacio donde exista la posibilidad de interacción con ellos es totalmente adecuado. La única premisa es que las personas adultas hayamos podido trabajarlo un poco antes de compartirlo, precisamente para que los miedos que puedan surgirnos no afecten y alteren el espacio de lectura.
La realidad es que en los talleres que realizo, la mayoría de personas que asisten son padres y madres que están interesados en trabajar la prevención desde el hogar.

¿Cómo podemos adquirir Clara y su sombra?
El libro está disponible en las principales librerías del país. Me consta también que se puede pedir por Amazon, aunque ceo que el tiempo de espera si no hay stock es más largo que el de las librerías. El manual que acompaña el cuento es gratuito y se descarga de la página web del cuento: www.claraysusombra.com

• La necesidad de una iniciación masculina


Entrevista de Keith Thompson a Robert Bly

Keith Thompson: - En la antigua tradición griega un joven podía abandonar a su familia para estudiar con un hombre mayor las energías de Zeus, Apolo o Dionisos. Parece que nosotros hemos perdido el ritual de la iniciación, aunque los jóvenes tienen una gran necesidad de ser introducidos en los misterios de la masculinidad.

Robert Bly: - Eso es lo que se ha perdido en nuestra cultura. Entre los hopi y otros nativos americanos del sudoeste, se aparta a un muchacho a los veinte años y se le conduce abajo, al interior de la Kiva; permanece ahí abajo seis semanas, y pasa un año y medio antes de que vea a su madre. Entra de lleno en el mundo instintivo masculino, lo que supone una fuerte ruptura con sus dos padres. Mire, el fallo de la familia nuclear no es tanto que sea disparatada y que esté llena de duplicidades (eso es también cierto en las comunas, tal es la condición humana); la consecuencia es que el hijo pasa por un tiempo difícil rompiendo con el campo de energía de los padres, especialmente el campo materno, y nuestra cultura no ha previsto nada para esa iniciación.
Las sociedades de la antigüedad creían que un muchacho se hace hombre sólo a través del ritual y el esfuerzo –que debía ser iniciado en el mundo de los hombres-. No podía hacerlo por sí mismo, y no podía hacerlo porque comía semillas de trigo. Y sólo los hombres pueden hacer ese trabajo.

Keith Thompson: - Tendemos a ver la iniciación como una serie de pruebas que el joven debe pasar, pero seguramente hay algo más que eso.

Robert Bly: - También podemos imaginar situaciones como eses momento en que los hombres de más edad dan juntos la bienvenida al varón más joven al mundo de los hombres. Una de las mejores historias que he oído acerca de esa forma de bienvenida tiene lugar entre los kikuyu de África. Cuando un joven está ya dispuesto para la bienvenida, se le aparta de su madre y se le lleva a un lugar especial que los hombres han dispuesto a una cierta distancia del poblado. Ayuna a lo largo de tres días. La tercera noche se encuentra sentado en medio de un círculo de fuego con los hombres mayores. Tiene hambre y sed, se siente alerta y aterrorizado. Uno de los hombres mayores coge un cuchillo, se abre una vena de un brazo y deja que fluya un poco de sangre en un cuenco. Cada uno de los hombres del círculo se hace un corte en un brazo con el mismo cuchillo mientras el cuenco pasa de mano en mano y deja fluir en él un poco de sangre. Cuando el cuenco llega al joven, se le invita amablemente a que se alimente de él.
El muchacho aprende muchas cosas. Aprende que hay un cierto tipo de alimento que no procede de su madre, sino de los varones. Y aprende que el cuchillo se puede utilizar con muchos propósitos además de herir a otros. ¿Puede caberle ahora duda alguna de que es bien recibido en el mundo de los hombres?
Una vez hecho esto, los hombres pueden enseñarle los mitos, las narraciones, las canciones que sirven de vehículos de los valores masculinos, no sólo lo relativo a la caza, sino los valores espirituales. Aprendidos los “mitos pregnantes”, llevan al muchacho más lejos aún de su padre personal, a la humedad de los padres de los pantanos que llevan ahí siglos y siglos. 

Keith Thompson: - Si el joven de hoy no tiene acceso a los ritos de iniciación del pasado, ¿cómo puede cumplir el paso a su energía instintiva masculina?

Robert Bly: - Déjeme que le devuelva la pregunta: ¿cómo lo ha hecho usted?

Keith Thompson: - Bueno, me ha parecido oír muchas cosas acerca de mi propia trayectoria en sus observaciones sobre los hombres suaves o blandos. Tenía yo catorce años cuando mis padres se divorciaron, y mis hermanos y yo nos quedamos con mi madre. Mis relaciones con mi padre habían sido remotas y distantes, y ahora el ya no estaba en casa. Mi madre tenía la ayuda de una serie de sirvientas sucesivas mientras nosotros íbamos creciendo, en especial una maravillosa anciana campesina que hacía de todo, desde cambiarnos los pañales hasta enseñarnos a rezar. Llegó a ocurrir que mis mejores amigos eran mujeres, incluyendo algunas mayores y enérgicas que me introdujeron en la política, la literatura y el feminismo. Eran amistades platónicas, del tipo que se da entre mentor y discípulo. Me sentí especialmente influenciado por la energía del movimiento de las mujeres, en parte debido a que había crecido bajo la influencia de mujeres fuertes aunque cariñosas y en parte porque la ausencia de mi padre me hacía pensar que no se podía confiar en los hombres. Así que durante diez años, hasta que cumplí los veinticuatro, mi vida estuvo llena de mujeres seguras de sí mismas y con experiencia, y amigos masculinos que, como yo, se inclinaban lacia la vulnerabilidad, la amabilidad y la sensitividad. Desde el punto de vista del varón de los años sesenta y setenta, lo había hecho así. Aunque hace unos años empecé a pensar que había perdido algo.

Robert Bly: - ¿Qué era lo que había perdido?

Keith Thompson: - Había perdido a mi padre. Empecé a pensar en mi padre. Él empezó a aparecer en mis sueños, y cuando miraba viejas fotos de familia, viendo su retrato sentía una gran pena; pena por no conocerle, porque la distancia entre nosotros parecía tan grande. También empecé a consentirme sentir la soledad por su ausencia. Una noche tuve un sueño tremendo. Me había llevado a la profundidad del bosque una manada de lobos que me alimentaban y cuidaban con amor y cuidado, y yo me había convertido en uno de ellos. Aunque, en cierto sentido inexpresado, estaba siempre un poco aparte, era diferente del resto de la manada. Un día, después de haber estado corriendo por el bosque junto a ellos, en una hermosa formación y a una velocidad de vértigo, llegamos a un río y empezamos a beber. Cuando nos inclinamos hacia el agua, puede ver el reflejo de todos ellos, pero ¡no puede ver el mío! Había un espacio vacío en el agua donde se suponía que yo debía estar. Mi respuesta inmediata en el sueño fue sentir terror: ¿estaba yo allí?, ¿existía? Sabía que el sueño tenía que ver en cierto sentido con el hombre ausente, a la vez conmigo y con mi padre. Decidí dedicarle un tiempo, para ver quiénes éramos cada uno en su vida ahora que los dos éramos un poco más adultos.

Robert Bly: - O sea que en sueño ahondó en la añoranza. ¿Le vio usted?

Keith Thompson: - Sí. Fui al Midwest unos meses después para verles a él y a mi madre, porque los dos se habían vuelto a casar y vivían en nuestra casa de antes. Al principio, pasé bastante más tiempo con mi padre que con mi madre. Él y yo íbamos a pasear por el lugar para recuperar el tiempo perdido durante mi niñez, viendo los graneros, los tractores y los campos, que parecían no haber cambiado en absoluto. Yo le decía a mi madre: “Voy a ver a papá. Nos vamos a dar un paseo y cenaremos juntos. Hasta mañana”. Eso no hubieses ocurrido unos años antes.

Robert Bly: - El sueño es la historia global. ¿Qué ha pasado desde entonces?

Keith Thompson: - Desde que recuperé el contacto con mi padre he ido descubriendo que tengo menos necesidad de que mis amigas mujeres sean mis únicas confidentes y confesores. En este sentido, me he vuelto más hacia mis amigos, especialmente aquellos que trabajan en temas similares. 
Lo que hay de común en nuestra experiencia es que al no haber conocido o no habernos relacionado con nuestros padres, y al no tener mentores masculinos de más edad, hemos intentado derivar una fuerza de segunda mando de las mujeres que derivan su fuerza del Movimiento Feminista. Es como si muchos de los jóvenes blandos de hoy quisieran que esas mujeres, que son más fuertes y juiciosas, les iniciasen en algún sentido.

Robert Bly: - Creo que eso es cierto. Y el problema es que según el antiguo planteamiento, las mujeres no puede iniciar a los varones, es algo imposible. 
Cuando estaba dando conferencias acerca de la iniciación de los varones, bastantes mujeres de la audiencia que estaban educando ellas solas a sus hijos me decían que habían tropezado precisamente con este problema. Tenían la sensación de que sus hijos necesitaban cierta dureza o disciplina, como quiera que se llame, pero que veían que si intentaban proporcionársela, empezaban a perder contacto con su propia femineidad. No sabían qué hacer.
Yo dije que lo mejor que se podía hacer cuando un chico tiene doce años es llevarle con su padre, pero muchas mujeres decían de forma terminante: “No, los padres no son atentos, los hombres no cuidarán de ellos”. Yo le dije que había manifestado serias reservas acerca de la crianza de los niños hasta que me llegó el momento de educar a mis hijos. También creo que un hijo siente una especia de anhelo físico por el padre que hay que tener en cuenta.
Una mujer contó una historia interesante. Estaba educando a un chico y dos chicas. Cuando el chico llegó a los catorce años se fue a vivir con su padre, pero se quedó con él sólo un mes o dos y luego regresó. Ella dijo que sabía que, con tres mujeres, había demasiado energía femenina para él en la casa. Era algo descompensado por decirlo así, pero ¿qué podía hacer?
Un día ocurrió algo raro. Dijo ella amablemente: “Es la hora de cenar, John”, y él la golpeó. Entonces ella dijo: “Creo que ha llegado el momento de que vayas con tu padre”. Y él dijo: “Tienes razón”. El muchacho no podía expresar conscientemente lo que necesitaba, pero su cuerpo sí que lo sabía. Ella comprendió que era un mensaje. En Estados Unidos hay muchos chicos grandes y musculosos alrededor de las cocinas, actuando con rudeza, y yo creo que lo que intentan es resultarles menos atractivos a sus madres.
La separación de la madre es crucial. No digo que las mujeres hayan estado equivocándose necesariamente. Creo que el problema consiste más bien en que los hombres no están haciendo en realidad lo que les corresponde.

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• Ser buena desde la cuna hasta la tumba

Por Ute Ehrhardt
La mayoría de las mujeres prefieren ser buenas antes que disfrutar de la vida; durante generaciones se les ha inculcado que han de ser resignadas y complacientes. Pero la experiencia demuestra que solo aquellas que conocen sus metas y luchan por ellas digan lo que digan los otros, las alcanzan.

A lo largo del libro “Las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes” de Ute Ehrhardt (Debolsillo Clave, ISBN 978-84-9989-779-0) la autora analiza las coartadas amenazas y trampas que las mujeres se tienden a sí mismas para impedirse el acceso una forma más amplia y enriquecedora de existencia: tópicos, prejuicios, reflejos de sumisión están tan interiorizados que son lastres en el camino de su plena realización. Para luchar contra ellos, propone una serie de estrategias cuyo fin es liberar a las mujeres de los sentimientos de culpa y de la mala consciencia que les produce su derecho a intentar ser felices por ellas mismas. 

Las mujeres son el sexo bueno. Amables, complaciente, modestas y generosas. Eso es lo que se espera de ellas, pero también concuerda con la imagen que toda mujer alberga en su interior.

Se tiene la impresión de que ser buena es la clave del éxito, cuando lo cierto es que ocurre todo lo contrario.

Hoy en día, las mujeres ya no quieren ser sólo buenas. La idea que tiene de sí mismas ha cambiado. Sin embargo, la nueva mujer todavía está llena de contradicciones. Sabe imponerse, pero a menudo con mala conciencia. Por fuera permanece impasible, pro por dentro se desencadena un conflicto: por una parte, la nueva mujer quiere gustar y caer bien, y se esfuerza por agradar a todo el mundo, pero, por otra parte, también sabe que de este modo entra en el juego de las dependencias. Desea imponerse, pero sin herir; aspira a alcanzar su meta, pero no quiere arrollar a los demás; pretende ser crítica, pero sin dejar a nadie en mal lugar; procura expresar su opinión y convencer, pero no quiere manipular a nadie; desea mostrarse segura de sí misma, pero le aterra asustar a los demás.

Sin embargo, las dudas ocultas acaban por salir a la superficie, aunque sólo sea fugazmente. Se manifiestan a través de ligeros matices del lenguaje corporal. Una cabeza levemente inclinada, un atisbo de indecisión en la mirada o una breve sonrisa insegura significan: “En el fondo no estoy tan segura”. Un leve gesto apenas esbozado, aparentemente insignificante, se convierte en un desafío: “Hazme cambiar de opinión”. O bien: “Mi resistencia no es del todo sincera”.

Las mujeres tienen facilidad para ponerse en la situación de los demás. Entienden los motivos que les llevan a sostener una opinión determinada. Se meten en su pellejo. De ahí que les resulte difícil imponer sus deseos o mantener su opinión.

Si observamos el papel que desempeña habitualmente la mujer en las series de televisión, nos encontramos con un personaje perfecto y todopoderoso, aunque siempre complaciente. Con una sonrisa en los labios, se ocupa de las tareas del hogar, de su trabajo, de los niños y de cumplir con sus obligaciones como esposa. Apoya con abnegación la carrera de su marido. Es guapa, va siempre arreglada, está en plena forma y llena de energía. Es atenta, dócil y servicial. Se sacrifica y no espera gratitud. Aunque en un puesto subalterno, obtiene ciertos éxitos profesionales.

Las mujeres padecen más ansiedades y depresiones que los hombres. Creen que tiene que rendir más que ellos para alcanzar el mismo reconocimiento, y la experiencia les da la razón. Las mujeres se esfuerzan en ser más perfectas, más aplicadas, más flexibles, más complacientes y en mostrar más compañerismo que sus colegas masculinos. Sin embargo, obtienen unos resultados bastante modestos. A menudo rinden efectivamente más que ellos, pero no se les paga ni se las valora según su rendimiento; ellas mismas son las que menos reconocen sus méritos.

Aún sigue teniendo validez el viejo refrán: “No hay atajo sin trabajo”. Así que las mujeres e matan a trabajar y rinden mucho; pero, por desgracia, casi siempre donde no deben. Realizan los trabajos auxiliares, ayudan a los demás y creen que de este modo van a acumular puntos positivos para ir ascendiendo. Descargan a sus colegas masculinos o a sus maridos de las tareas más ingratas, y éstos se lanzan sin dudarlo hacia trabajos mas prometedores. Las ayudantes, en cambio, se quedan a medio camino. Sólo las mujeres que utilizan estrategias más hábiles consiguen llegar hasta la cima. Trabajar para otros es una mala estrategia, tan mala como la modestia. Muchas mujeres ocultan sus méritos; no quiere vanagloriarse. Esperan que los otros las descubran, y si nadie reconoce sus aptitudes, en el mejor de los casos se vuelven refunfuñonas y, más probablemente, depresivas o alcohólicas. “Las mujeres han nacido para servir a los demás”, afirma un jefe de sección. En su opinión, las mujeres trabajan mejor en el área de prestación de servicios, donde, si  bien en pequeña escala, pueden ser independientes. Según él, “servir a los demás” forma parte de su naturaleza. Y muchas mujeres, con su conducta, le dan indirectamente la razón: hacen exactamente lo que se espera de ellas; no se abren paso; renuncian a imponer sus buenas ideas. Tanto en la vida profesional como en la privada, las mujeres creen que salen ganando si son buenas y resignadas. Confían en retener para siempre a un hombre guardando silencio, mostrándose comprensivas y complacientes y librándole de lo molesto. Esperan recibir la aprobación y el afecto a cambio de su altruismo y servidumbre. Consideran el ser amable como la única estrategia de éxito; de eso no les cabe la menor duda. Todavía siguen apostando por el modelo de sus madres, cuando la experiencia hace tiempo que les ha enseñado que las mujeres descaradas, las rebeldes y las atrevidas son las que salen adelante ¡Nunca las buenas, y rara vez las mejores!

Las mujeres se exigen con frecuencia una capacidad de rendimiento y de aguante que puede alcanzar extremos irreales. Los éxitos ¡que se obtienen con cierta facilidad no tienen, para muchas mujeres, ningún valor. Se esfuerzan increíblemente y avanzan mucho, y si llegan a la meta, piensan que ha sido cosa del destino. No creen que su éxito será el resultado de su esfuerzo. Piensan que sus aptitudes y su trabajo no bastan por sí solos para conseguir buenos resultados. Si algo les ha salido bien, lo atribuyen a circunstancias exteriores, a la suerte o a la casualidad. Si no alcanzan su propósito, ello les confirma el concepto que tienen de sí mismas aunque no lleguen a expresarlo: no están suficientemente capacitadas. Seguro que otros lo hubieran hecho mejor. Se irritan consigo mismas, se repliegan y cogen miedo a los desafíos.