El enigma de las Virgenes Negras

FUENTE: JACQUES HUYNEN, "EL ENIGMA DE LAS VÍRGENES NEGRAS". COLECCIÓN OTROS HORIZONTES. EDITORIAL PLAZA Y JANES - ENVIADO POR LLUM DEL COR, DE ARBOLEDA DE GAIA

Como el conocimiento iniciático, los favores de la Virgen Negra era realmente las “luces de las noche”, unas luces misteriosamente dadas y recibidas en el seno mismo de las tinieblas. Esta idea estaba reforzada por la situación particular en que estaba colocada la efigie para la veneración de los fieles: una cripta (Chartres, Clermont, Guincamp, Marsella, Mont-Saint-Michel)… una iglesia “negra” (Manosque, Aurillac), o una capilla “gruta” (Rocamadour). Incluso en los casos en que la estatua no estaba directamente presente en alguno de esos lugares, siempre iría asociada a su santuario o a su leyenda uno de esos elementos oscuros, secretos, ocultos; criptas y grutas, pero también pozo sagrado, abismo, tumba o sarcófago…

Las Vírgenes Negras tenían, por tanto, una cierta significación funeraria, dirán algunos. No obstante, lejos de aparecer como madonas de la buena muerte, nuestras estatuas eran ensalzadas como donadoras por excelencia de vida, de fertilidad, de fecundidad y de bienestar, como, por otra parte, indican suficientemente sus advocaciones: Nuestra Señora de la Buena Esperanza, de la Liberación, del Alboroto, de la Vida…

Estos accesorios pretendidamentc “funerarios” no pueden explicarse más que por esta asociación con las catacumbas, las grutas o los subterráneos en los que los iniciados frecuentemente eligieron reunirse y trabajar, y más aún, en sentido figurado, con el sistema de pensamiento, con el método de adquisición del conocimiento del adepto que sufría las pruebas iniciadoras…

El color negro de nuestras estatuas tiene, sin embargo, también otras significaciones mucho más precisas y mucho más claras.

Generalmente se admite que las Vírgenes Negras fueron la versión cristianizada de un culto antiguo, anterior al cristianismo, por supuesto céltico pero quizás aún mucho más antiguo. Por mi mismo, he llegado a esa certidumbre cada vez que he examinado y he estudiado una de esas estatuas.

Bajo diversas formas, a veces romanizadas, se adoraba en ellas, en nuestro país, a una divinidad femenina, una especie de diosa-madre, de tierra-madre, o, más concretamente, a una Diosa-Tierra. A veces una de las advocaciones que designaba su representación sobrevivió y permaneció asociada a la Vírgen Negra, como en Chartres o en Longpont, Virgo Paritura, la Virgen que debe dar a luz.

Según lo que sabemos de ello, ese culto céltico y precéltico era posible descubrirlo, con un sentido y unos atributos comparables, en la mayor parte de las grandes religiones y mitologías de la humanidad; el culto de Isis, de Cibeles, de Deméter y de Ceres, pero asimismo advertimos su presencia en las grandes religiones americanas precolombinas o en numerosas mitologías africanas, por ejemplo.

Su contenido es triple: popular y milagroso, cosmogónico y naturalista, espiritual y religioso…
Como la tierra es de un modo natural fecunda, de una fecundidad siempre renovada, la Diosa-Tierra era particularmente invocada por las mujeres estériles que deseaban tener un hijo. Más tarde, las Vírgenes Negras siguieron teniendo esa reputación milagrosa de conceder la fecundidad y, por extensión, de ser protectoras de los niños de corta edad.

Las gentes sencillas, muy atadas a esas prácticas, no hacían otra cosa que presentir la grandiosa concepción cosmogónica y naturalista que esta función milagrosa representaba.

En efecto, en la mayoría de los antiguos relatos sagrados de la humanidad, todo en el universo nacía siempre del encuentro y la síntesis de un principio masculino y un principio femenino. Así, la Tierra, virgen en su origen, fue fecundada por los rayos del sol, y es gracias a esta acción bienhechora que pudo dar vida a todo lo que existe, la Naturaleza y la Humanidad. Desde entonces, sin caer no obstante en un politeísmo primitivo, los antiguos hicieron de la tierra, de la Diosa-Tierra, la representación simbólica del gran principio femenino de todas las cosas, y del Sol, la del principio masculino por excelencia.

Este es el motivo por el que hemos notado, sin comprender siempre su profundo valor, que en todas las religiones en las que se venera a una Diosa-Tierra, siempre aparece indisolublemente asociado con ello un culto solar. Tanto entre los egipcios, como en el caso de los incas, los griegos o los celtas, no hay Diosa-Tierra sin Dios-Sol, su complemento indispensable.

¡Estamos lejos, evidentemente, de esa concepción ingenua que veía en tales prácticas una adoración del sol de carácter idolátrico!

Por otra parte, una vez estudiadas con detalle, todas esas religiones aparecen claramente como monoteístas, e, incluso en la Biblia, frecuentemente pueden hallarse estas alusiones solares, estas comparaciones y asimilaciones simbólicas de Dios al astro irradiante.

¿Y nuestras Vírgenes Negras?
Pues bien, por curioso que pueda parecer a primera vista, en la mayoría de los casos y en plena Edad Media cristiana, esta representación solar está también asociada a nuestras efigies…

Verdad es que, pasado el primer efecto de sorpresa, la lógica del pensamiento medieval imponía que ocurriera de ese modo, desde el momento en que se estaba convencido de que las Vírgenes Negras, no sólo remplazaban a las Diosas-Tierra, sino que, para sus autores, ellas eran Diosas-Tierra. Esta presencia solar aparece en ocasiones de una manera indirecta y sutil.

En algunos casos la Vírgen Negra se halla directamente colocada en un lugar antaño consagrado por los celtas a Belén. Ahora bien, Belén era el equivalente céltico del Apolo griego, es decir su “divinidad” solar.

Así, la etimología de Beaune indica la existencia de semejante centro sagrado; Toulouse poseía un lago de Belén y la abadía del Mont-Saint-Michel fue edificada antaño sobre el Mont Tombe, que para nuestros antepasados era la “Tumba de Belén”… Así ocurre también que Sara la Negra, que, en muchos aspectos, se relaciona con el culto de nuestras efigies, es venerada por los gitanos en Saintes-Mariesde-la-Mer, que antaño era la “ciudad de Rá”, consagrada al dios sol de los egipcios.

El toro, en las antiguas religiones, es simbólicamente el animal viril y solar por excelencia.
La leyenda del descubrimiento milagroso de nuestras estatuas asocia a él frecuentemente un toro (o un buey). Este animal es el que, arando un campo, desentierra la estatua, la hace surgir de bajo tierra, y la estatua se convierte en una fuente fecunda de beneficios para los habitantes del lugar. Lo mismo ocurre en Manosque, en Err, en Font-Romeu y en Prats de Molló, en los Pirineos Orientales, donde el toro “descubre” a Nuestra Señora del Coral en el hueco de un roble, el árbol sagrado de los druidas, significando “coral” en catalán la madera del roble que, una vez mojada, se vuelve negra como si fuera ébano… A veces, el toro es remplazado por otros animales, teniendo sin embargo el mismo valor simbólico viril, como el ciervo que dibuja en el suelo el plano de la iglesia del Puy o el león del milagro de Notre-Dame de l’Apport…

A mi juicio se trata de la misma indicación solar que justificó la atribución fabulosa de la creación de algunas de nuestras Vírgenes Negras (Rocamadour, Orcival, Marsella, Montserrat) al evangelista san Lucas, lo cual hizo establecer equivocadamente por parte del canónigo Perroud y algunos más una semejanza entre nuestras efigies y el Nicopeion bizantino. ¿Cuál es el emblema simbólico de san Lucas?Una vez más, el toro (o el buey).

Con esta historia, los benedictinos y otros promotores del culto mataban dos pájaros de un tiro, puesto que Lucas (o Luca) designa en celta lo que es particularmente sagrado, y dado también que a veces aún se encuentran cerca de nuestras Vírgenes Negras las huellas conservadas de un bosque de Luca o una etimología que se deriva de él…

Un toro “inventando” la Vírgen Negra, o san Lucas “fabricando” la efigie, que será precisamente la madona de la vida y de la felicidad. Estas figuras simbólicas son sinónimas de la gran idea: el sol “fecunda” la tierra que engendra la Vida.

De este modo adquiere todo su sentido la expresión del Apocalipsis, “una mujer revestida de sol”, que san Bernardo, tan presente en todo el fenómeno del culto medieval de Nuestra Señora, utilizaba con predilección para designar a la Vírgen María.

Y por otra parte, esta concepción cosmogónica encajaba muy bien en todos aquellos hombres con la idea que se hacían de María.

La Diosa-Tierra se convierte entonces en la Virgen que, por la propia acción de Dios, dará luz a un Hijo que, al mismo tiempo humano y divino, podrá salvar a la Humanidad, regenerarla, darle vida espiritualmente y, por lo tanto, aportarle “la salvación”. Y, si bien Jesús nace de María, con frecuencia encontramos en otras religiones vírgenes que engendran divinamente niños “divinos” como Khrishna, u Horus hijo de Isis, o “encantadores”, como el Merlín céltico nacido misteriosamente de una virgen. ¿Concepción herética, falsa desde el punto de vista religioso? Mi papel no es pronunciarme al respecto y, por otra parte, soy incapaz de hacerlo. Compruebo solamente que esta idea parece haber sido la de san Bernardo y de las minorías monásticas de la Edad media… ¿Un resto de paganismo aún no desarraigado, o piedra angular de un edificio espiritual iniciático?¿Y el color negro?

Precisamente este color es el que se utiliza simbólicamente para representar esa tierra primitiva que, una vez fecundada, será fuente de toda vida…Diosa-Tierra implica color negro.

Isis, Cibeles y Deméter fueron con frecuencia representadas negras mientras que la Gran Bretaña conoció una Black Annis. En Efeso, en el templo de Diana, una de las siete maravillas del mundo, se veneraba una estatua negra de la Gran Diosa, hermana del Apolo solar, y resulta sorprendente descubrir que es precisamente en Éfeso donde la Virgen María vivió tras la muerte de Jesucristo, y que hay una tradición que sitúa allí su Asunción, denominándose en turco el lugar mismo en que ello ocurrió karatchalti, es decir, exactamente “la piedra negra”.

En los Pirineos, en España, en Portugal y sin duda en otros lugares, se encuentran aun esas misteriosas piedras negras de origen inmemorial e indeterminado que son veneradas e invocadas por las mujeres para obtener la fecundidad.

Cuando los españoles invadieron México llevaron con ellos el culto de una Vírgen Negra, Nuestra Señora de Guadalupe. Vuelto católico México, esta Virgen destronó oficialmente al “dispater” mexicano que era una piedra negra lisa. En La Meca, el objeto religioso por causa del cual los musulmanes del mundo entero emprenden el famoso peregrinaje, culminación de su vida de creyentes, es una piedra negra que constituye un símbolo de fecundidad y de fertilidad. Según Saillens, el ídolo más antiguo de Hedjaz era una piedra negra, volcánica y meteórica, denominada la Kaaba, es decir, literalmente “la muchacha de senos muy desarrollados”, y, en un sentido más amplio, la Núbil, la Virgen que será fecundada… Desde hace siglos, está insertada en uno de los ángulos exteriores de un templo antaño consagrado, según se cree, a Saturno. Cuando Mahoma apareció, los árabes cristianos habían asociado a aquel templo unas imágenes de la Virgen María, entre otras representaciones sagradas detodas las tribus que frecuentaban la peregrinación. Los escritores de Bizancio pensaban entonces que la piedra representaba a Anáhita, es decir, Astarté, el Lucero del Alba, Afrodita o Venus…

Mahoma hizo desaparecer todas las imágenes y todos los íconos, pero no se atrevió a tocar la piedra negra venerable. Ésta fue entonces incorporada a la religión musulmana, y su fiesta, la de Venus, se ha mantenido sagrada.

Así, nuestros escultores medievales, al emplear a propósito el color negro, subrayaban de la manera más clara que la Virgen Negra era para ellos al mismo tiempo la María cristiana, la Diosa-Tierra céltica y la Isis egipcia situándola dentro de una concepción religiosa iniciática universal del gran principio femenino del Universo, fuente de toda vida terrestre y a la vez de toda religión, origen de la vida de las almas…Sin duda, como cristianos, tenían en la mente la frase del Cantar de los Cantares, tan estudiada por sus contemporáneos eruditos, “Soy negra y, no obstante, soy bella”, cuya significación real hay que buscar en otra parte.

Este color que, como es sabido, nunca fue dado a otra estatua que no fuera de la Virgen (salvo a santa Ana, madre de la Virgen, la madre de la madre, en un vitral de Chartres, por ejemplo, aunque de una manera muy excepcional) se justificaba ya por ese grandioso simbolismo a la vez naturalista y religioso, que muestra y confirma claramente el estado del pensamiento espiritual de los hombres de la Edad Media.Pero, además, tiene una significión alquímica muy concreta, que, por otra parte, es solamente una aplicación en el terreno científico de esta concepción cosmogónica que acabamos de evocar.

Los especialistas han conseguido, en líneas generales, descifrar suficientemente los viejos libros mágicos alquímicos para descubrir las grandes líneas de las operaciones a que se entregaba el alquimista para alcanzar los supremos objetivos que se había fijado, limitándose este conocimiento en la mayoría de los casos a las operaciones externas sin llegar a descubrir los materiales básicos sobre los que trabajaba, los únicos que permitirían lograr los resultados. Sabemos que la primera y más larga de las tareas consistía en fabricar la famosa “piedra filosofal”, elemento sin el cual ninguna de las operaciones siguientes podría ser ejecutada satisfactoriamente.

Para llegar a fabricar la piedra filosofal era preciso ante todo recoger una “materia primordial” que los alquimistas describen ligeramente, pero sin indicar por supuesto su nombre. Esta materia primordial, este tema de la obra, debía ser una sustancia negra, pesada, quebradiza, desmenuzable, semejante a una piedra, pero poseedora, sin embargo, de unas características vegetales, un elemento corrienre, gratuito, que estuviera a la disposición de todos y del cual nadie sospechara sus propiedades, convenientemente utilizadas…

Como el símbolo de la Diosa-Tierra, la materia primordial del alquimista es, así pues, negro, y los viejos escritos la consideran como la propia naturaleza femenina. Múltiples operaciones misteriosas, que exigen del alquimista meses, cuando no años, de trabajo, deben permitir, a través de diversos encantamientos, putrefacciones y sublimaciones, y gracias a la acción de una misteriosa “agua mercurial” y de un no menos misterioso “fuego secreto”, transformla poco a poco en esa materia noble que permitirá todas las transmutaciones, en la piedra filosofal.
Ahora bien, tal como escribió el alquimista benedictino Basilio Valentín, en el vocabulario gráfico de los hermetistas el agua mercurial indispensable para la fabricación de la piedra filosofal, que “trabajará” la materia primordial negra, es denomina leche de la virgen. Además, la piedra filosofal finalmente obtenida es comparada, en el mismo lenguaje, con el niño. No resulta asombroso, pues, que la alegoría de la “lactancia” de san Bernardo, es decir, su iniciación, se produzca justamente en presencia de una Virgen Negra.

Los alquimistas escriben que esta materia primordial negra habrá que ir a buscarla bajo tierra, en la mina, en los yacimientos metalíferos, lo que ellos traducen esotéricamente: en el “sexo de Isis”…Por otra parte, ¿acaso el único origen verosímil de la palabra “alquimia” no es el antiguo nombre de Egipto Al Jemit, es decir, exactamente la tierra negra.

A partir de ahí, el simbolismo alquímico del color negro de los rasgos de nuestras estatuas se hace singularmente patente. Este simbolismo reforzado también por el que podría deducirse del color dado a los vestidos de las Vírgenes Negras, a condición de que puedan encontrarse indicaciones fidedignas acerca de su policromía antigua, lo cual ya no es posible más que para algunas de ellas.

En la actualidad, la mayor parte están cubiertas con ropas recientes, hechas de tela, carentes de interés, y todas han sido repintadas en diferentes épocas.

No obstante, en los casos en que hallamos descripciones antiguas, vemos que, en su origen, los vestidos pintados en la misma madera de la estatua o sobre las cintas después del encolado eran de tres colores, a saber, azul, blanco y rojo. Los artesanos de la Edad Media no hacían nada porque sí, y los colores no eran elegidos para “hacer bonito”, sino en función de la representación de una idea teniendo cada color un impacto simbólico preestablecido, pudiendo ser combinado con otro sólo bajo ciertas reglas y estando proscrito para la decoración de un tema que no estuviera en relación directa con el valor que se le atribuía.

Nosotros, que apenas pensamos ya en términos de alegorías, que no estamos ya introducidos en el mundo de los símbolos, volvemos a encontrarnos con pena en esta especie de diccionario de las concordancias de colores de una extraordinaria complejidad que era rigurosamente impuesto a los antiguos en todas sus representaciones.

Sin entrar aquí en un estudio profundo de la correspondencia simbólica del rojo, el blanco y el azul, así como la que resulta de su combinación, dejo constancia solamente, como de algo particularmente interesante, de la comparación que puede efectuarse con los colores que el alquimista pretende encontrar con ocasión de sus preparaciones.

Sabemos que, en lo esencial, las operaciones alquímicas consistían en hacer pasar la materia primordial, sustancia negra, a través de todo tipo de operaciones complicadas, al estadio de piedra filosofal, de “catalizador” que permite la gran transmutación. De los tratados alquímicos se deduce que la materia primordial pacientemente transformada se coloreaba de diversas maneras durante las operaciones constitutivas de la gran obra, pero que, más allá de los matices, fundamentalmente eran tres los colores que dominaban claramente a los demás, a saber, el negro, el blanco y el rojo. Al negro se le asimilaba frecuentemente el azul oscuro, el azul noche, que representaba la putrefacción primera por la cual debía pasar la materia. El blanco correspondía la fase siguiente, que era la de la purificación de la materia, mientras que el rojo simbolizaba el fuego y la rubificación gracias a la acción del “fuego secreto”; éste era el color último, el del éxito de la obra.

Como, por añadidura, los vestidos de las Vírgenes Negras estaban a veces adornados con motivos dorados, y como ellas llevaban frecuentemente joyas y accesorios de oro, vemos que, con exclusión de los demás, todos los colores principales de la gran obra se encuentran simbólicamente reunidos en la policromía de la estatua. Al representar, sin duda alguna, el color negro asociado a los rasgos de la Madre y del Hijo, la materia primordial, los colores, blanco y rojo serían las tres transformaciones por las que pasa la materia durante la obra, y finalmente el color dorado, el del metal puro obtenido al término de la transmutación de los metales vulgares, sería el símbolo de la perfección iniciadora.

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• Claudio Naranjo: "El mal de la civilización es la mente patriarcal"

Claudio Naranjo. Chileno, estudió medicina, psiquiatría y música y acabó convirtiéndose en un referente mundial en la investigación de la mente humana. Integrador de la sabiduría tradicional y científica, oriental y occidental, y el conocimiento histórico, antropológico, sociológico, psicológico y espiritual del ser humano. Creador del programa SAT, en principio dirigido a profesionales de la psicoterapia y derivado en un programa de transformación individual y social para uso personal y en el ámbito educativo. Autor de más de 20 libros, traducidos a varios idiomas.

"La única salida a esta crisis es la transformación interior"

La crisis actual ha tambaleado muchos cimientos del sistema y ha acabado revelando algunas de sus muchas fisuras. El comunismo se hundió por sus fallos de funcionamiento pero el capitalismo no parece salir mejor parado. Llevamos siglos cambiando gobiernos, haciendo revoluciones políticas y sociales pero nunca llegamos a buen puerto quizás porque nos olvidamos de las transformaciones más básicas y elementales que tienen lugar en la revolución personal.
Tenemos el mundo que tenemos por el tipo de conciencia que se desarrolla a través de la educación, según Claudio Naranjo. Y si queremos salir de verdad de esta crisis económica, social y humana hemos de superar el ego individualista e iniciar una auténtica transformación interior.

- ¿La civilización está enferma? ¿De qué?
El mal de la civilización es la mente patriarcal. Y no me refiero sólo a la sociedad patriarcal que hace que los machos predominen sobre las mujeres y tengan un acceso más fácil al poder y a la economía. Me refiero a una forma de mentalidad que actualmente ya todos compartimos, hombres, mujeres y niños, contaminados por el mismo virus.

- ¿A qué nos referimos exactamente con esa "mentalidad patriarcal"?
A una pasión por la autoridad. Por el ego, el ego patrístico, un complejo de violencia, desmesura, voracidad, conciencia insular y egoísta, insensibilidad y pérdida de contacto con una identidad más profunda.
Hay quien cree que todo esto forma parte de la naturaleza humana y que siempre ha sido así.
Pues no. Hay indicios de la existencia de un pasado matrístico, y aún hoy existen algunas sociedades indígenas de estas características que no funcionan en absoluto con estas directrices y valores que conocemos en la civilización. Esta mente, lejos de ser inherentemente humana, en realidad empezó a gestarse hace sólo unos 6.000 años, cuando, ante una crisis de supervivencia, ciertas poblaciones agrícolas arcaicas indouropeas y semitas tuvieron que volver a hacerse nómadas y acabaron convirtiéndose en comunidades de guerreros depredadores.

- ¿Y cómo se manifiesta esta mente patriarcal?
En unas relaciones de dominio-sumisión y de paternalismo-dependencia, que interfieren en la capacidad de establecer vínculos adultos solidarios y fraternales. El cerebro patriarcal-racional llama a la competencia, mientras que el femenino llama a la cooperación. Esta dependencia y obediencia compulsiva (a los gobiernos y al poder en general) no sólo son enajenadoras para el individuo sino que constituyen distorsiones, falsificaciones y caricaturas del amor.

- Pero las cosas pueden ser de otra manera. Usted dice que, en realidad, somos seres "tricerebrados".
Efectivamente. En un lenguaje anatómico, poseemos un cerebro instintivo, que compartimos con todos los reptiles; emocional, como el resto de los mamíferos, y el racional, que es el último que se ha desarrollado y, sin embargo, ha acabado imponiéndose a los otros dos. Es como si en nuestro interior lleváramos a tres personas: una de tipo intelectual-normativo, que sería el padre; una persona emocional, que representa el principio del amor, que es la madre, y una instintiva, que sería el niño. Pues bien, en la sociedad actual, lo que denominamos la civilización, predomina el cerebro racional y tiene lugar el imperialismo de la razón sobre lo emocional y lo instintivo.

- Pero esta razón que impera, ¿es realmente racional o más bien irracional?
Ahí has dado en el clavo, porque en realidad no es racional ni inteligente, desde el punto de vista de los resultados en el bienestar social y personal. Ha corrompido conceptos como la inteligencia, la eficacia o la racionalidad misma. Es una mente rígida, aislada, autoritaria y normativa que busca resultados y ganancias a corto plazo, pero ganancias desde el punto de vista competitivo, materialista o consumista, no en cuanto al bienestar profundo, desarrollo personal o convivencia con el medio. Y, en consecuencia, toda la educación está sujeta a este paradigma racionalista.

- ¿Que se manifiesta en...?
En considerar la educación un mero traspaso de información, alejado de objetivos como el autoconocimiento, que debería ser prioritario. Y así vemos cosas en la escuela como que un niño o una niña llora y le llaman la atención.

- Y si se ríe le echan de clase.
Las emociones están prohibidas. Y lo instintivo aún más. Y sin embargo, para que la persona esté sana en una sociedad sana sería preciso el equilibrio entre los tres cerebros. Armonizar los binomios competencia/colaboración, agresión/ternura. Desarrollar una sana agresión en vez de la agresividad depredadora imperante. Y sobre todo desarrollar la capacidad amatoria, la ternura.

- ¿Estamos en el camino? Usted habla del ocaso del patriarcado.
Por una parte, vemos que el autoritarismo en las familias disminuye y también el de los gobiernos. Pero han cogido el poder las empresas y su control en la sombra es enorme. Pero quizás sí, podemos decir que la nave se está hundiendo pero la gente está más ocupada en mantener el estatus que en salvarse; en defender lo poco que les queda, aunque se haya visto lo poco que vale, que en la transformación, en dejarlo todo y empezar a construir de cero.

- Por eso insiste usted tanto en la importancia de la educación.
Claro, porque es más fácil prevenir que curar. Hemos de prevenir la destrucción de la mente. La educación actual cuenta con una agenda implícita que requiere que los niños sean igualitos a los papás, cuando los papás son el problema. Decimos que la educación es para transmitir nuestros valores y no nos damos cuenta de que estamos transmitiendo nuestras plagas.

- ¿Y esto es responsabilidad de la escuela, de la familia, de los medios?
De las autoridades en todos estos ámbitos, desde los profesores quemados hasta la misma opinión pública. Los padres aspiran a que sus hijos triunfen en este mundo de competencia económica, no importa que también sea un mundo de pobreza creciente mientras que no les toque a ellos. Prefieren la educación que sirve como una máquina de certificación. No les interesa educar sino servir al mundo del trabajo. Insisten en que desean el bien de los hijos pero en realidad no les interesa el bien de los hijos más que como eficacia en los negocios. Tenemos el mundo que tenemos por el tipo de conciencia que se desarrolla a través de la educación, que es una educación implícitamente explotadora.

- Es usted muy crítico con la educación y muy en especial con los educadores.
Porque no considero educación el mero traspaso de información, como una forma más de producción, de formación y explotación de nuevos trabajadores, que es en lo que consiste la escuela actual. Debemos volver a las raíces de la educación como autoconocimiento, en la búsqueda de ese "conócete a ti mismo" de Sócrates. Al autoconocimiento transformador que posibilite el cambio.

- Sin embargo, hay algunas iniciativas educativas diferentes, como por ejemplo las escuelas internacionales de Krishnamurti.
Sí, pero aún esas escuelas llegan hasta el debate, y eso está bien, porque por lo menos te da la oportunidad de aprender a pensar por ti mismo. Pero el debate en sí no transforma nada. Hay que integrar procesos de autoconocimiento transformador.

- La transformación individual para transformar y sanar la civilización.
No hay cambio posible sin pasar por el autoconocimiento individual. Siglos y siglos de cambios sociales y políticos han fracasado porque han pasado por alto el cambio de las personas. Sólo podemos sanar el tejido a través de las células, las personas. Y para eso tenemos que sembrar la semilla en la escuela. Pero ha de ser una nueva escuela que tenga en cuenta los tres aspectos de las personas: el conocimiento, la salud amorosa y la salud instintiva.

- Suena diferente.
Pero necesario, si queremos transformar las cosas de verdad. El otro día me invitaron a dar una conferencia en una universidad, y antes de empezar me pidieron que evitara los temas espirituales y los psicológicos y me limitara a la pedagogía. Chocante. La educación se resiste a integrar lo transcendental-espiritual y lo terapéutico y sigue considerándolo un campo ajeno porque, de lo contrario, complicaría las cosas. Y es cierto, las complicaría un poco, porque significaría permitir que las personas piensen por sí mismas. Así que no se asume el riesgo. Claro que no se calcula el precio.

- ¿Y cuál es el precio?
La infelicidad colectiva.

- ¿Y qué podemos hacer?
En primer lugar, reconocer que es un hecho que los niños llegan cada vez más emocionalmente dañados al colegio. En muchos casos los padres están ausentes de la educación de los hijos. Escasea el tiempo libre y casi no se disfruta del ocio, y mucho menos compartido en familia. Y sin embargo, el ocio está ligado al crecimiento y al espíritu, ya que te ofrece la oportunidad de estar contigo mismo.

- ¿Qué más?
Reconocemos también que están faltos de amor y de esa parte del saber, no científico, la sabiduría que nos permite tomar buenas decisiones en la vida. Decisiones que nos conduzcan de verdad a ser más felices.

- ¿La escuela tiene que ocuparse de todo esto?
Sí, la escuela tiene que incorporar ese aspecto humanizante. Revelar la insatisfacción latente y canalizarla. No sólo para sacar a flote este sistema económico en crisis sino por el coste personal y de sufrimiento.

- ¿A qué se refiere con revelar la insatisfacción?
Porque detrás de toda búsqueda hay una insatisfacción y si queremos iniciar una búsqueda personal hacia el autoconocimiento y la transformación debemos ser conscientes primero de que este estado de cosas no nos satisface. La insatisfacción está ahí, bien latente y bien visible, lo que pasa es que el consumismo nos da respuestas del tipo: cómprate un coche mejor, cambia de casa, de ciudad, de pareja, de trabajo. Pero no vale la respuesta del consumismo porque la insatisfacción, así, no sólo no se resuelve sino que acabamos haciéndonos adictos a ella, que en realidad es lo que necesita el sistema: que seamos unos obedientes consumistas insatisfechos crónicos. Necesitamos respuestas más profundas que nos lleven a hacer cambios significativos.

- Tengo la impresión que tanto en la escuela como en la familia no siempre está bien vista la búsqueda ni la insatisfacción.
Y así es. Porque nuestra cultura no reconoce la búsqueda como un valor sino como un síntoma. Sólo se admite si está en el camino de la ambición profesional, pero si es algo indefinido, que es como tiene que ser la búsqueda en estado puro, enseguida se etiqueta. Dicen "qué persona tan inquieta", y se la ve rara. Si además es muy apasionada, la búsqueda no comprendida ni apoyada se hace dolorosa y acaba en la consulta del psiquiatra. Cabe la posibilidad de que se acabe interpretando como un síntoma esquizofrénico, angustia, etc., cuando en realidad no es más que la insatisfacción natural ante la vida alienada, separada y desestructurada que llevamos.

- ¿De qué manera podemos actuar desde la familia?
Lo máximo que pueden hacer los padres por sus hijos es ocuparse de su propio desarrollo personal. Que el padre y la madre se desarrollen como personas y sean el ejemplo. Que no aspiren solo a que el hijo o la hija traigan buenas notas a casa. Que tomen conciencia de todo eso que está faltando en la educación y parece que nadie lo nota.

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• Giulia Tamayo: "Fujimori esterilizó a más de 300.000 mujeres peruanas"

ENTREVISTA DE SONIA GARCÍA GARCÍA - EL PERIÓDICO - BARCELONA - 30/06/2010
Amenazada por el Gobierno de Fujimori, Giulia Tamayo tuvo que refugiarse en España, donde trabaja como responsable de investigación y políticas de Amnistía Internacional. Hoy interviene en el debate Dones, drets humans i exclusió de gènere al Perú: les esterilitzacions forçoses, organizada por la Plataforma Q'atary Perú.

¿Por qué fue amenazada?
Por investigar las prácticas de esterilizaciones forzadas que se llevaron a cabo en el segundo Gobierno de Fujimori (1995-2000).

¿Esterilizaciones forzadas?
Sí, se ejecutó un plan de natalidad dirigido a los sectores más pobres de la población peruana, principalmente mujeres rurales, campesinas e indígenas.

¿A cuántas esterilizaron?
A unas 300.000 mujeres. Algunas murieron y otras quedaron con secuelas físicas y psicológicas muy importantes. Y por supuesto, no han obtenido justicia ni reparación del daño hasta ahora.

¿Existen pruebas?
Las evidencias se encuentran en diferentes informes, pero son oficiales y veraces. El programa de Anticoncepción Quirúrgica Voluntaria (AQV) fue aplicado desde el Ministerio de Salud.

¿Qué ocurrió con la denuncia?
Las organizaciones de mujeres denunciaron ante las instancias defensoras de los derechos humanos, pero tanto la fiscalía como el gobierno se han pronunciando garantizando la impunidad para los responsables.

¿Han archivado el caso?
Sí. La primera denuncia fue de 243 mujeres, y al final han sido archivadas un total de 2.074 denuncias.

¿A qué cree que se debe?
A que las estructuras de poder de la década de los 90 no han sido desmanteladas y hay muchos involucrados a los que se busca proteger.

¿Quiénes son los responsables?
Los programas de salud no eran hechos aislados, sino que se organizaron desde el gobierno. Incluso se impuso una cuota a los médicos. Cada mes se informaba a Fujimori de los avances. Hasta algunas enfermeras con muchos hijos fueron esterilizadas.

¿Por qué actuó así Fujimori?
Pensó que las mujeres indígenas no denunciarían y también creyó que nadie las escucharía.

¿Se equivocó?
Sí. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos calificó estas prácticas como un crimen de lesa humanidad.

¿No puede actuar la Corte Penal Internacional en este país?
No, porque su creación fue posterior. Pero es un delito en el que no se descarta la justicia interna: no ha prescrito ni ha sido juzgado ni investigado. Lo único que me pregunto es cuánto tiempo más van a tener que esperar las mujeres.

¿Quién o qué estuvo detrás de las esterilizaciones forzosas?
Hubo muchos intereses económicos y políticos para el control de la natalidad, tanto de EEUU como de laboratorios japoneses.

¿Y ahora qué harán ustedes?
Exigir justicia para las mujeres peruanas a quienes se les ha vulnerado sus derechos doblemente.

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