"GOZAD DE LAS MARAVILLAS DEL MUNDO" ME DIJO LA VIRGEN


Angela Volpini, que a los siete años vio a la Virgen

VÍCTOR - M. AMELA - 25/06/2012 – BARCELONA, LA CONTRA.
Mística
De los 7 a los 16 años, Angela Volpini veía a la Virgen el día 4 de cada mes. Vivió una experiencia extática, mística, un arrobo que le insufló la experiencia de una conexión íntima e intensa con la vida, y la dotó de una presencia de ánimo indestructible. No se doblegó ante la jerarquía eclesiástica. Y algunos hablaron de que había visto a una "Virgen Roja". No tuvo vocación religiosa, se casó, y su marido ("serás el segundo... después del mundo", le advirtió) la respaldó para fundar el centro cultural Nova Caná, que ayuda a gente desde su pueblo. También escribe libros: Una nova imatge de Déu i de l'ésser humà -con Teresa Forcades- y Viatge a terra de Jesús (Abadia de Montserrat).
Tengo 72 años. Nací en un pueblecito del norte de Italia, y ahí vivo. Dirijo el centro cultural Nova Caná. Estoy casada y tengo un hijo, Alex (37). ¿Política? Progreso y desarrollo. Soy una católica crítica. Vi a la Virgen y divulgo su mensaje: ¡Sé tú mismo, ama y goza de la vida!

Dice que vio a la Virgen.
Sí.


¿Puedo preguntarle?

Llevo 65 años explicándolo... ¡y me encanta hacerlo! Es mi misión y mi alegría. Pregúnteme lo que quiera, no tema.


¿Dónde fue la aparición?
En el Bocco, un precioso lugar en los prados de montaña de mi pueblecito, Casanova Staffora, en Lombardía.


¿Qué hacía usted en la montaña?

Pastoreaba unas vacas de mi familia. Mis padres eran modestos granjeros.


¿Qué año era?

Era el 4 de junio de 1947.


¿Qué edad tenía entonces?

Siete años.


¿Estaba sola?

Éramos cinco amiguitos.


¿Y qué pasó?

Estábamos sentados en la hierba del prado, en corro. Recogíamos florecillas para hacer ramilletes. Y entonces... sucedió.


¿Qué?

Sentí que alguien me abrazaba por detrás. Y que me alzaba entre sus brazos. Y sentí que era un cuerpo de mujer esbelta y alta. Giré la cabeza para verla...


¿Y qué vio?

El rostro de mujer más bello y dulce que jamás he visto. Me invadió una sensación de gran dulzura, quedé arrobada...


¿Sus amiguitos también la vieron?

Lo que vieron fue que yo me elevaba y quedaba suspendida en el aire.


¿Está diciéndome que usted levitó?

Sí. Asustados, mis amiguitos tiraban de mis pies y de mi vestido para hacerme bajar. Por mucho que estiraron, no pudieron bajarme. Y corrieron al pueblo a buscar ayuda.


¿Y qué hizo la gente del pueblo?

Mis amigos decían: "¡Angela está muerta en el aire!" Nadie les hizo caso. Y ellos volvieron al prado, a ver qué me pasaba.


¿Y qué le pasaba?

Al cabo de un rato de estar entre sus brazos y de comunicarme con ella, la señora me dejó en el suelo. No hubo palabras... ¡pero me transmitió un mensaje clarísimo, diáfano! Y he dedicado mi vida a repetirlo.


¿Puede repetírmelo a mí, por favor?

¡Sí! Estás llamado a ser feliz en esta tierra. Eres único y singular. Sé fiel a ti mismo. Eres bueno en esencia. Tienes la facultad de amar, y puedes elegir amar.


¿Y qué es amar?

Acogerlo todo, abrirte a todo, abrazarlo todo..., y darte. ¡Y toma siempre tus propias decisiones, sin obedecer a nadie!


¿Ni al Papa?

No me dijo nada del Papa.


¿Y de la Iglesia?

Nada me dijo.


¿Le dijo algo de ir a misa?

No me dijo nada de eso.


¿Qué más le dijo?

Que todas las maravillas de esta tierra han sido creadas para ti: gózalas en cuerpo y alma. Eres la máxima fantasía de Dios, encarnas la creación divina y la despliegas.


¡Oyéndola, dan ganas de salir a vivir!

¡De eso se trata! He dedicado mi vida a difundir este mensaje, que es el de Jesús. Se lo conté a mi madre en cuanto llegué a casa.


¿Y qué dijo su madre?

Me llevó al médico.


¿Qué dijo el médico?

Me llevó al psiquiatra. Que me apartó de otros niños para no contagiarlos. Concluyó que era una niña normal... y llamó al obispo.


¿Y qué hizo el obispo?

Me interrogó durante cuarenta horas. Yo tenía siete años y medio, y ya había visto a la Virgen alguna vez más...


¿Cada cuánto?

El día 4 de cada mes: volvía al mismo sitio, entraba en éxtasis, la veía, me transmitía mensajes. La gente me seguía, cada vez más gente, que presenciaba mis trances.


¿Qué opinaba el obispo de todo esto?

No le hacía gracia. Quiso pilotar la situación: "Si quieres que te crea, obedéceme". Yo lo miré y le dije: "Tú no me crees. Yo no te obedezco".


¿Quería que la creyese?

No, sólo describí la verdad, lo que había: "Tú no me crees. Yo no te obedezco". Y no obedecí ni a él ni a nadie.


¿Qué pasó luego?

Me tuvieron 40 días encerrada, sometida a un proceso eclesiástico, con teólogos, psiquiatras... Un día me acompañaron al Bocco y me vieron en éxtasis... y se conmovieron.


¿Cuál fue el veredicto final?

"La niña está sana y no miente, pero no podemos evaluar su experiencia".


¿Cómo la evalúa usted?

No he vuelto a sentir tanta felicidad como la que sentí en aquellos éxtasis viendo a la Virgen: ¡era la Humanidad Realizada! Me sentí tan huérfana cuando se despidió de mí...


¿Cuántas veces le han dicho que sus éxtasis pudieron ser una enfermedad?

¡Muchas veces! A lo que siempre he respondido: ¡bendita enfermedad!


¿De qué está más contenta?

De haber ayudado a gente a reconocer su valor, su singularidad. Y a muchos moribundos: a todos les invade la paz y eligen amar, entienden la vida, instantes antes de morir.


Lástima que sea tan tarde...

Sí... Si amamos, ¡vivimos para siempre! Antes de morir, aquel obispo que me interrogó vino a verme y se sinceró conmigo: "Al terminar de preguntarte, ¡reconocí en ti la libertad!" Y añadió: "Y entendí que yo sólo tenía autoridad sobre los cobardes".