Quizás hace mucho tiempo que una mujer se encuentra comprometida en una relación de pareja en la que sufre pero no comprende.
O quizás está sola, sin pareja, y le ha quedado el sabor amargo de no poder entender qué ha pasado en su vida sentimental hasta ahora, bien sea en un matrimonio desde la juventud, bien sea en más de una relación “fracasada”.
Tal vez sea joven aún, con mucha vida por delante y mucho anhelo por encontrar a su auténtico compañero de vida, pero lo suficientemente experimentada como para tener esa incómoda e hiriente sensación de que no sabe por qué ella no encuentra una buena pareja.
O tal vez está en una segunda o tercera o...de pareja sin poder llegar a explicarse por qué razón vuelve a sentirse infeliz y llena de sufrimiento.
Puede ser que haya llegado a convencerse de que es mejor estar sola porque “todos los hombres son iguales”.
O podría ser algo peor, que se haya convencido de que ella es la que siempre falla, la que no es lo suficientemente sexy, guapa, inteligente, culta... como las demás.
Pero no importa su situación actual ni pasada. Sólo importa una cosa: No sabe qué pasa con ella. No puede entender cómo su inmensa capacidad de amar no es apreciada ni correspondida.
Y es muy probable que se haya preguntado: ¿Qué me falta?
El problema, sin embargo, no es “lo que falta”, sino “lo que sobra”. La respuesta es que ama demasiado.
Este “amar demasiado” no se refiere a una realidad cuantitativa sino emocional, y se trata de una patología.
El “Síndrome de Amar Demasiado” (S.A.D) designa un conjunto de ideas, sentimientos y comportamientos que es la causa y efecto de la dependencia emocional y del sufrimiento en las relaciones de pareja. Y, en última instancia, esta falta de autonomía emocional es la razón por la cual las mujeres maltratadas pueden continuar de forma “voluntaria” en relaciones de pareja destructivas.
De hecho el S.A.D. responde a un patrón de comportamiento inconsciente que funciona literalmente como una adicción. La mujer aquejada vive inmersa en un ciclo obsesivo.
Afortunadamente estas mujeres pueden encontrar su recuperación con el Programa de Diez Pasos diseñado por la terapeuta norteamericana R. Norwood inspirado en los tradicionales Programas de Anónimos que desarrolla la Asociación Mujeres Anónimas Que Aman Demasiado.
Firmado: La Presidenta
Información: Teléfonos 639 349 714 – 608 505 258, y
http://www.mujeresqueamandemasiado.wordpress.com/
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Un espacio editado por Marianna Doña Loba para hacer visible y expandir la energía femenina en beneficio de la Madre Tierra y la familia humana.
• "Hoy en día falta tensión sexual en las parejas"
Entrevista a Mark Joseph-Serra, cofundador de Culture of Honouring ProjectENTREVISTA DE IMA SANCHÍS - 22/09/2009 - LA VANGUARDIA - BARCELONA
Cuando no entiendo algo la miro a ella. Se casaron en 1992, Elisabeth fue monja budista y Mark llegó a brahmán. Juntos se embarcaron en estudios de psicoterapia y llegaron a la conclusión de que para que lo masculino y lo femenino se complementaran había que ir más allá de los estereotipos imperantes: "Los hombres macho son dinosaurios y los blandos representan el progreso, pero han perdido algo. Lo mismo sucede con la mujer, que en su paso de débil a fuerte ha sacrificado la feminidad". Dan cursos sobre el tercer hombre y la tercera mujer por todo el mundo. Participan en el acto La nueva cultura de las relaciones realizado en Barcelona Inspira Conciencias.
Tengo 54 años. Nací en Londres. Casado, dos hijos. Fui monje. Estoy licenciado en Religiones Comparadas. Sufrimos una crisis social y política cuya raíz es la dominación de los valores masculinos sobre los femeninos. La misma fuerza que la mueve a usted lo mueve todo.
¿Por qué se hizo sacerdote hinduista?
Estaba aterrorizado por la superficialidad de la cultura moderna.
¿Qué aprendió?
Que yo soy la fuerza vital que lo mueve todo, pero al cabo de diez años quise dejar de ser un espíritu sin cuerpo. Somos seres espirituales, físicos, emocionales y mentales.
Y se casó con Elisabeth...
Y decidimos explorar las relaciones íntimas como camino de autoconocimiento. Trabajé con grupos de hombres que se habían dado cuenta de que la masculinidad heredada de sus padres y abuelos ya no era válida; pero percibí que los que se esforzaban por añadir a su vida valores femeninos (empatía con las mujeres, cuidado de los niños...) tampoco funcionaban en sus relaciones de pareja.
No diga eso, que va a desanimarlos...
Tradicionalmente, el principio básico en el que se han basado las relaciones de pareja ha sido el sentido del deber, no esperaban disfrutar. Del deber pasamos al placer: las parejas quieren ser felices y pasarlo bien.
Normal, ¿no?
Sí, pero en la mayoría de los hogares el hombre se siente infinitamente criticado, no respetado y sexualmente frustrado; y la mujer, malhumorada, impaciente, intolerante, invisible y no amada.
Menudo panorama...
Hoy las mujeres rechazan ser dominadas por hombres emocionalmente ausentes, inmaduros y arrogantes, a los que hay que cuidar como niños a la vez que admirar.
Una pirueta imposible, sí.
Y los hombres, despojados de su superioridad, dejando de ser cabeza de familia, retroceden para dar espacio a esta nueva mujer. Corren tras ella sirviéndole tazas de té, tratando de complacerla, pero esta clase de masculinidad débil la irrita aún más.
Mamá enfadada-niño bueno...
Sí, mujer dura-hombre débil. Y las mamás no quieren sexo con sus niños. No hay tensión sexual, lo cual es un problema.
Sin duda...
Se trata de un modelo cultural que nos afecta a todos, es la disputa de la época: ella, que tiene una memoria emocional que impresiona al hombre, comienza a enumerar ejemplos de su inmadurez e incompetencia. Él contraataca, huye o se mofa.
¿Existía tensión sexual con el modelo hombre dominante-mujer sumisa?
Sí, pero era destructivo. Hoy, al haber perdido la esencia de lo femenino y de lo masculino, las parejas son amigos.
¿Y eso no está bien?
Falta la alquimia. Lo femenino y lo masculino son dos potencias del universo que, cuando se unen, transforman. Cuando la mujer recupera su feminidad real y él su masculinidad, recuperan la tensión creativa.
Reivindicamos, pero femeninamente...
La primera mujer, la tradicional, es femenina pero sin poder, no puede decir lo que siente y lo que piensa porque las emociones y los sentimientos no son punto de partida de nada. Hoy hemos empezado a hablar de emociones y a valorar la habilidad de la intuición y la sensualidad; pero es la tercera mujer la que realmente desarrolla esos valores, ese poder.
Bien...
La mujer de hoy desarrolla su poder a través de lo masculino; es decir, sois más mentales y más duras. El verdadero poder femenino es la conexión con lo interno, precisamente con la feminidad, la capacidad intuitiva, creativa y visionaria. La receptividad, principio femenino, no es pasividad.
Pues dígame qué es.
Responder a estímulos constantes. La mujer evolucionada es feroz, no es domable, derrumba todo lo que no es real. Su enfoque es la conexión emocional y sensorial.
¿Cómo acceder a esa confianza?
La primera mujer es más tierna que la segunda, que ha reprimido ese aspecto. La tercera debe reconectarse de la cintura para abajo, con el poder del útero, que sólo se ha utilizado para tener hijos u ofrecer sexo.
¿Dónde está el hombre que se corresponde con esa mujer?
El tercer hombre ha recuperado su poder fálico, que es dirección, visión y acción; es el amor en acción. Cuando un hombre empieza a recuperar esa agresividad positiva, asertividad, pasa de estar en la cabeza o en los genitales a estar en el corazón.
... Primero hay que abrirlo.
Exacto. Como lo femenino ha estado siempre reprimido, y más en el hombre, tiene que empezar a relacionarse con su vida emocional y dejar de defenderse constantemente de la mujer. ...Debe abrirse al corazón de la mujer sin ser verdugo ni víctima. Lo femenino ya no es una amenaza, sino un complemento. Tanto el primer hombre como el segundo tienen complejo de inferioridad frente a la mujer porque temen su poder. El tercer hombre, cuyas raíces están dentro de su propio poder, puede ver a la mujer como un igual.
¿Qué han de trabajar ellos?
El conocimiento propio, y descubrir cuál es su regalo supremo a una mujer.
¿Cuál es?
La presencia. El femenino y el masculino es el mismo poder, pero se expresan de forma distinta. Ella perdió su poder y lo está recuperando, y debe ponerlo al servicio del corazón. Él debe cargar ese poder (dirección y acción) de sentido, de corazón.
Para conectar con Mark Joseph-Serra www.cultureofhonouring.com
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