sábado 27 de junio de 2009

• Violencia de género y sociedad

TEXTO DE MARGARITA MARÍA PINTOS Y JUAN JÓSÉ TAMAYO, TEÓLOGOS - EL PAÍS - 27/06/2009 - ESPAÑA

"La violencia contra una mujer no debe dolerle sólo a ella, sino a toda la sociedad. Todos habríamos hecho lo mismo. No se puede tolerar que estos desalmados actúen al margen de la ética, que es nuestro patrimonio". Así se expresó, por boca de su esposa, al recibir la medalla de oro de la Universidad Camilo José Cela, el profesor Jesús Neira, salvajemente agredido cuando salió en defensa de una mujer golpeada por su novio.

¿Es verdad que la violencia contra las mujeres duele a toda la sociedad? ¿En una situación similar a la del profesor Neira, todos habríamos hecho lo mismo? La persistencia de la violencia de género y la insensibilidad de la sociedad ante ella, como demuestra la falta de gestos colectivos de repulsa, apuntan a una respuesta negativa.

"Cada tres minutos, una mujer es golpeada. / Cada diez minutos, una muchachita es acosada... / Cada día aparecen en callejones, / en sus lechos, / en el rellano de la escalera, cuerpos de mujeres". Esto escribía hace casi cuatro décadas la poetisa afroamericana Ntozake Shange. Hoy la situación ha empeorado y el martirologio de género crece vertiginosamente. Según el Ministerio de Igualdad, en España a lo largo de 2008 fueron asesinadas por sus parejas 70 mujeres, a las que hay que sumar 30 más este año. Estudios recientes sobre la violencia de género demuestran que la mayoría de asesinatos de mujeres se producen en la propia casa a manos de los varones con los que conviven o han convivido.

Ésta es la forma extrema de violencia de género, pero hay otras muchas que sufren las mujeres: abusos sexuales en las escuelas, parroquias, seminarios, familias y lugares de trabajo; turismo sexual en Asia, África y América Latina; mutilación de órganos genitales; lapidaciones bajo la acusación de infidelidad o adulterio; violaciones específicamente sexuales de los derechos humanos; agresiones y penas de muerte a lesbianas; prostitución forzada y prostitución de niños y niñas; violaciones colectivas en tiempos de guerra; violaciones dentro del matrimonio y durante el noviazgo; trabajo doméstico agotador; explotación de las "empleadas de hogar"; condiciones inhumanas en que viven las mujeres inmigrantes; prácticas sexuales sadomasoquistas; agresiones físicas y psíquicas; contagio del sida por los propios esposos o compañeros; asesinatos en serie; infanticidio femenino; abusos sexuales con enfermas mentales, etcétera. A todas ellas hay que sumar otras formas de violencia económica y cultural en la sociedad, en los medios de comunicación y en la publicidad.

La violencia de género no responde a un comportamiento aislado o perverso, propio de unos cuantos varones desalmados que actúan por maldad o a quienes se les cruzan los cables y en un momento de arrebato se les va la mano y golpean brutalmente a las mujeres hasta asesinarlas. Ésa es la imagen que un patriarcado supuestamente benévolo quiere transmitir a la sociedad y que ha conseguido instalarse en el imaginario social como explicación psicológica. Pero las cosas son muy distintas. La violencia contra las mujeres es estructuralmente normativa y debe entenderse y analizarse en términos sistémicos. Es el instrumento -el arma, mejor- habitual del patriarcado para mantener el poder y ejercerlo despóticamente sobre las personas que considera inferiores: las mujeres, las niñas y los niños. "La violencia contra las mujeres constituye el núcleo esencial de la opresión kiriarquica", afirma la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza, que entiende el kiriarcado como el gobierno del emperador/señor/amor/padre/esposo sobre sus subordinados. Esa violencia no es sólo física; comprende también "la construcción cultural y religiosa de unos cuerpos femeninos dóciles y de unas personalidades femeninas sumisas".

Esta idea es compartida por Joanne Carlson Brown, ordenada ministra de la Iglesia Metodista Unida y editora de la obra Cristianismo, Patriarcado y Abuso: una crítica feminista, para quien la violencia y los abusos sexuales son los principales instrumentos del patriarcado en apoyo del dominio de los hombres sobre las mujeres. Lo más grave y preocupante es que en este juego de poderes el cristianismo -al menos la mayoría de sus dirigentes y de sus teólogos- apoya a una de las partes, y no precisamente a la más vulnerable.

El patriarcado no actúa en solitario, sino en complicidad con otros poderes y modelos opresores de organización, como el racial, el económico, el político, el militar, el religioso y el homofóbico. El patriarcado tiene un pacto, expreso o tácito, con todos ellos. Su actuación conjunta da como resultado la sumisión de las mujeres a la lógica de los varones, su invisibilidad social, política y religiosa, su negación como sujeto y, en algunos casos, su desaparición física, como las siete mujeres que fueron asesinadas el año pasado a tiros en Chechenia por no someterse a la rígida moral islámica.

El feminismo, una de las pocas revoluciones incruentas de la historia, provoca en el patriarcado una reacción violenta insospechada e inesperada, a veces legitimada por la jerarquía eclesiástica, que considera la "teoría de género" como una "revolución insidiosa" (monseñor Cañizares) y la "revolución sexual" una de las responsables del "alarmante aumento de la violencia doméstica, abusos y violencias sexuales de todo tipo, incluso de menores en la misma familia" (Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España, aprobado en la LXXXI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal española el 21 de noviembre de 2003).

Más grave aún, el cardenal Cañizares, tras pedir perdón por la violencia sexual contra menores en las escuelas irlandesas durante varias décadas, relativiza la gravedad de esos abusos en comparación con el aborto. ¡Qué irracionalidad! Pero la irracionalidad episcopal llega a extremos difícilmente superables en el caso de Alfa y Omega, semanario de la Archidiócesis de Madrid, que llega a afirmar: "Cuando se banaliza el sexo, se disocia de la procreación y se desvincula del matrimonio, deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal" (sic). ¡Toda una legitimación "religiosa" de la violación y una gravísima agresión contra las personas violadas, que denunciamos y consideramos un verdadero delito! ¿Compartirán todos los obispos estas afirmaciones tan inmisericordes firmadas por Ricardo Benjumea, redactor jefe del "semanario católico de información" citado?

En las religiones existen modelos de dominación patriarcal que llevan a aceptar y legitimar la autoridad injusta y a influir negativamente en experiencias vitales como el amor, el cuerpo, el placer, la espiritualidad y lo sagrado, y justifican el sufrimiento de las mujeres apelando a su sentido redentor. Esos modelos de dominación no sólo no fomentan el placer, sino que lo asocian con el egoísmo. Peor aún, infligen en las mujeres dolor, al que reconocen sentido redentor y, en el caso del cristianismo, ponen como ejemplo a imitar los sufrimientos de Cristo y de los mártires.

En su obra Placer sagrado (Cuatro Vientos, Santiago de Chile, 1998), Riane Eisler distingue dos formas de estructurar las relaciones humanas: la solidaria o gilámica y la androcrática o dominadora. En cada modelo se establecen unas relaciones entre sexo, poder y amor, así como entre dolor, placer y sagrado. El primero sitúa a los hombres junto a las mujeres, a los gobernantes al servicio de los súbditos y al ser humano en comunicación simétrica con la naturaleza. Eisler demuestra desde la arqueología, el arte, el folclor y la mitología, que la dirección original en la estructuración de las relaciones humanas fue el modelo solidario y que posteriormente se produjo un vuelco cultural a favor del modelo androcrático. Creemos que para luchar contra la violencia de género es necesario volver al modelo gilámico de relaciones humanas, que debe estructurarse en torno a la solidaridad y que considera el placer "sagrado".

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viernes 26 de junio de 2009

• Entrevista a Nieves Crespo, hermana salesiana en Etiopía

“Los documentales no valen,
hay que sentir los huesos del niño
hambriento entre los brazos”

ENTREVISTA DE KOLDO ALDAI - JUNIO 2009
Ella sabe que los logaritmos pueden esperar, que a la vuelta de África, siempre habrá una pizarra donde revelar complicada matemática a alumnos de estómago satisfecho. Mientras tanto, la suerte de Nieves Crespo (1969, Madrid) está echada al borde del desierto, junto a los últimos de la tierra. En el abrazo a los más desprotegidos, Jesús se le ha manifestado con una fuerza desconocida.

Nieves es feliz en Zway http://www.zwayetiopia.wordpress.com/ la misión que las salesianas tienen a dos horas al sur de Addis Abeba. Tras seis años de docencia en España, partió para allí. Cuando aterrizó en el 2002, más de 10.000 adultos y niños llamaban a las puertas de su hogar salesiano huyendo de una hambruna atroz. La falta de lluvias traía muerte. El milagro obró y la fe de Nieves pasó su prueba de fuego. Ya no quiere dejar aquel mundo, aquel milagro que se consuma cada día, de una vida siempre renacida, de una acción de gracias siempre inacabada.

Con brillante carrera en ciencias exactas tenía un prometedor futuro de docente, pero ella prefirió vivir al límite, pulsando a cada instante ese milagro sostenido, constatando permanentemente la presencia salvífica de Dios.

Rumbo a ese milagro se pondrá en camino el próximo octubre la caravana sintergética de sanación. Profesionales de la medicina acamparán en los pagos de la misión y se pondrán a las órdenes de las cinco hermanas que la regentan, para colaborar en el alivio de estómagos y consuelo de los cuerpos.

Nieves ha debido volver a Madrid por temas familiares. La buscamos en medio de su gran ciudad, familiar y extraña al mismo tiempo, en la que no se termina de ubicar. En el jardín del Plantío escruta los cielos, como si buscara un avión que la lleve de nuevo a las sabanas del compromiso. Mientras aguarda un vuelo que no termina de llegar, le acercamos grabadora. Fular al cuello, vaqueros y deportivas, su austeridad cuestiona lo superfluo. La vida se le ha escapado ya varias veces entre los brazos y por eso sabe bien que cuanto nos sobra, ha de ser invertido en garantizar otras vidas amenazadas.

Habla de África y vibra el gozo en sus palabras…

-¿Por qué África?
-Es una suerte poder trabajar allí con los más pobres, compartir la vida con gente que está al límite y de la que siempre estás aprendiendo. Pedí ir a África y me tocó Etiopía. No solicité ir a Etiopía, pero Etiopía me ha cambiado.

-¿Qué aprendes de la gente que está al límite?
A relativizar prácticamente todo. He tenido niños moribundos en mis brazos cuyas vidas dependían de lo que en ese instante pudiera hacer. Llegué en Junio del 2002. Ese año fue de sequía, como la del famoso 1984. Aún recuerdo una mujer, Fatuma, que alcanzó la misión con un niño moribundo entre sus brazos. Yo, ingenua, le pregunté que cómo había esperado tanto y ella me respondió que ya había enterrado a sus otros tres hijos. Ver tanta gente al borde de la muerte, cuya vida dependía de nuestra ayuda, me descolocó totalmente en mi escala de valores.

-¿Qué te ha enseñado Etiopía?
Todos los días aprendo. Estamos mucho con los niños, las mujeres y las adolescentes que a los 14 años se convierten en la esposa del hombre que le asigna su familia. Hace falta tiempo y humildad para entrar en ese mundo tan diferente.
Del pueblo etíope lo que más he aprendido ha sido la sonrisa. He descubierto que la gente sin nada, vive constantemente una situación extrema y no por ello hace una tragedia. Desembarqué cuando la hambruna. Venía de Madrid donde llevaba seis años dando clase y el choque fue brutal. Fue llegar a una realidad que te vapulea. La amenaza de muerte se cernía a causa de una simple desnutrición.

-¿Tiene esperanza Etiopía y África? ¿Hay amanecer?
-Sí, sí la hay. Si no, no estaría allí. Hay pequeños amaneceres, pero no hay un interés serio “de los grandes” para que cambie la situación. Por mi parte, vivo esa esperanza en niños, en poblados concretos… Vivo esa esperanza en las vidas que van cambiando, al margen de las grandes instituciones, en los chavales que se atreven a soñar con un futuro más prometedor.

-¿No te embarga una suerte de impotencia ante todo lo que resta por hacer…?
-Hasta que llevaba más de un año allí, no me dio tiempo a observar esa impotencia. Al aterrizar en medio de aquella urgencia, no dio ocasión a plantearse qué hacer, porque supimos desde el primer momento que nuestro deber era abrir las puertas. Aquello supuso diez mil personas comiendo cada día. De los cien que alimentábamos en un comienzo pasamos a doscientos, después a quinientos…, hasta llegar a los diez mil. La impotencia vino después con la reflexión de que, por poquito que se moviesen los que de verdad se debían mover, mucha realidad hubiera cambiado. Con la implicación verdadera de la gente que mueve hilos, se abriría otro futuro.

-De profesora a enfermera…
-En un momento de hambruna generalizada éramos el único punto de ayuda en doscientos kilómetros a la redonda. En aquellos días viví una crisis personal. Se me hacía muy duro tener que elegir quién comía. Nosotras salíamos fuera y veíamos a las madres y niños desnutridos y les preparábamos un carnet con una foto. De esa forma teníamos un control de quien comía. Era la única forma, pues si no aquello nos hubiera desbordado.

-¿Qué se siente a la noche, agotada, tras dar de comer a 10.000 personas?
-A la noche me venía a la memoria la salida del mediodía. Teníamos que ir fuera a elegir a los cien nuevos a los que se les hacía el carnet. Cuando elegía a esos, sabía que, muy probablemente, los que no elegía se iban a morir. Me asaltaban a la mente los rostros de niños y me preguntaba: “¿Este niño seguirá vivo?”, “¿Este niño que no hemos podido coger, qué habrá sido de él?”

-¿Junto con ese dolor, la satisfacción de la gente salvada?
-Sin duda. Además de dar de comer, iniciamos un hospital de campaña a partir de un pequeño curso que nos dio UNICEF. Nos dieron dos tiendas de lona y empezamos nosotras a poner las primeras sondas gástricas con una enfermera. Cuando ves a niños, que se han estado debatiendo entre la vida y la muerte en ese hospital de campaña y que finalmente salen adelante, sientes una satisfacción enorme. A niños de ese año de hambruna, les hemos ofrecido un futuro y ahora están en segundo de primaria. Hemos hecho simplemente lo que había que hacer en esa situación límite y eso nos llena de satisfacción.

¿Qué ves a través de la sonrisa de esos niños a los que les habéis devuelto la vida?
Tanto a través de la sonrisa, como del sufrimiento, veo a Dios. No puedes ver otra cosa. El pueblo etíope es super acogedor. Hay una gran sencillez y pureza. Ellos te dicen: “Egziabier Estelin”, que quiere decir : “Gracias y que Dios te bendiga”. Todos los día, repartimos un pan (“fafa”, compuesto de harina vitaminizada) que hacemos en el horno para los niños de la escuela. Me impresiona cuando dicen “Galatoma, Amesegenalo, Egziabier Estelin”, Un día me vi a mí misma cayéndoseme las lágrimas. No estaba acostumbrada a que un niño me bendijera por un trozo de pan.

-¿Vuestra misión debe estar sobrebendecida entonces…?
-Sí, creo que sí… Cuando estamos con los más pobres, Dios nos bendice. Dios está con los últimos. Para que te hagas una idea… Cuando llegué en el 2002 con la hambruna, se hacía preciso realizar cambios en la organización, adquirir nuevos materiales, grandes cazuelas… para poder hacer frente a la situación. No teníamos un proyecto económico. Hicimos frente a la emergencia con el único dinero que nos enviaba la gente que nos conocía. No faltó ni un solo día para comer. Después de todo aquello, la escuela ha crecido mucho. Ahora tenemos a 2.500 chavales.

-¿La fuerza para mantenerse allí, viene también de Dios?
-Evidentemente. Yo fui allí para encontrarme con Dios y con Jesús. En la situación que vivimos, eso no resulta difícil. Coger a los niños harapientos, a los últimos de la tierra y llevármelos a los brazos, no me representa ningún esfuerzo. Todo lo contrario. Para mí es un regalo poder encontrarme con Dios en esa situación límite a través de los niños. He visto a agnósticos que han cambiado después de estar allí… Hemos visto verdaderos milagros de niños que, una vez curados, se les ve sonreír, milagros que no son posibles sólo desde la bondad del hombre.

-¿Enseñar logaritmos o servir “fafa” a la masa hambrienta?
-Abrazar a la masa. La gente que me conoce ya sabe bien por dónde respiro… Mejor no me den a elegir. Yo antes de salir para allí, daba clases de matemáticas y programación. No tiene nada que ver. Aquí también puedes encontrar a Dios. Como salesianas tenemos nuestra una educativa muy importante... Es cierto lo que se dice de que hay otras pobrezas en la gente, pero la verdad es que yo aquello no lo cambio por nada. Abrazar a Jesús en el pobre es algo especial. Con muy poquito, estamos allí salvando y cambiando vidas concretas.

-¿Algún caso en particular?
-Recuerdo a un chaval, Birhano, cuyos dos hermanos se estaban muriendo. Estaban incluidos en el programa de nutrición. A su madre le dimos trabajo preparando la “fafa”. A él le instruimos durante tres años en informática. Hoy en día, está trabajando en Addis Abeda. Tiene una posición honrada y tanto él como su familia se permiten el soñar con un futuro diferente.

-¿La adopción es ayuda?
-Es ayuda cuando no queda otra. Si el niño no va a tener nunca la posibilidad de crecer en un entorno familiar, de desarrollarse con cariño, bendito sea Dios, que permite que ese niño crezca en otro hogar donde le quieran.

-¿Hay renuncia en tu opción?
-Si gozas con lo que haces no hay renuncia al dejar lo demás. No hay mucha gente dispuesta a vivir allí y sin embargo con muy poquito se puede hacer mucho bien.

-¿Es imprescindible tener fe para permanecer en el corazón de la miseria?
-Yo creo que sí. Llámale la fe que quieras, pero la fe en Dios has de tenerla, si no… Una persona sin fe allí, yo no sé a qué se agarraría. De hecho, no he conocido allí gente trabajando que no tuviese sus creencias y no digo necesariamente una creencia católica.

-¿Flaquea en algún momento esa fe?
-En algún momento puede flaquear, pero es mucho más importante la fuerza del seguir adelante, de seguir luchando y cambiar aquello. En verdad tropezamos con situaciones muy límites. Me acuerdo de un domingo que veníamos de celebrar la Pascua de Resurrección, cuando me acerqué a un niño moribundo en el hospital de campaña. Fue el primer niño que expiró en mis brazos por desnutrición. La desnutrición, al complicarse con una neumonía o una malaria, se convierte en enfermedad mortal... La Resurrección se manifestaba extrañamente aquel domingo, misterio de una muerte evitable.

-¿Pero no te puedes quedar con eso, no?
-Efectivamente. Has de reparar en el 99 % que se han salvado y no en el uno que se ha ido. Hay hechos como éste que lo vives desde la fe o realmente te destrozan. Yo no sé si sería capaz de estar en Etiopía sin fe. De hecho la fe es la que me ha empujado hasta allí. El ver cambios tan radicales allí, constatan la presencia de Dios. Con el tiempo observas la realidad cada vez más con los ojos de la fe. Comienzas a ver los hechos, no como casualidad, sino como parte de un plan de Dios.

-¿Te sientes en las manos de Dios?
-Es que no puedes estar en otra parte y eso te cambia la vida. Cuando nos alcanza una comprensión desde la fe, cuando ves los acontecimientos desde la perspectiva del plan de Dios, las cosas las enfocas de otra forma. Los problemas dejan de ser una carga.

-¿Qué puede hacer el Norte por el Sur, España por Etiopía…, qué podemos hacer nosotros por Zway?
-Ya se está haciendo, pero hay que reconocer la realidad para que la realidad te toque. No sirven los documentales. Hay que sentir los huesos del niño hambriento que coges entre tus brazos. Toda persona que toma contacto directo con aquella realidad se compromete después de una u otra forma. Una vez tocado ese mundo, ya no somos los mismos. Aquí estamos muy ocupados y estamos en otra honda. Yo creo en la generosidad de la gente, pero la gente anda despistada. No es sólo cuestión de colaborar. Son muy importantes las donaciones, apadrinamientos…, pero hay que dejarse tocar por aquella situación extrema.

www.zwayetiopia.wordpress.com

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miércoles 10 de junio de 2009

• Activar la conciencia lunar en las mujeres

EXTRACTO DEL LIBRO "LA GRAN MADRE LUNA". ZSUSANNA BUDAPEST. EDICIONES OBELISCO. 2001. ESPAÑA

Queridas lectoras os invito a que esta noche abráis vuestras ventana y busquéis a la Luna. ¿Donde está? ¿Qué hace? ¿Hay luna nueva o creciente? ¿Llena o menguante?.

Ahora cerrad los ojos e intentad ver la luna en el interior de vuestro ser. ¿Cómo os sentís?.

Cada noche, o tan a menudo como sea posible, mirad el calendario lunar para saber en qué fase estáis y luego detenéos a observar la luna. Consideradla como a una viaja aliada. Hablad con la luna que hay en vuestro interior tal como hablaríais con una abuela comprensiva.

Las energías de mundo y el magnetismo de todo
aquello que contiene agua están gobernados por la luna. Quizás estéis deseando seguir algunas de sus leyes. Por ejemplo, si queréis que el pelo os crezca deprisa y con más fuerza, debéis cortároslo durante la luna creciente. Prestad atención para ver si realmente experimentáis cambios. Si tenéis que mudaros de casa, el mejor momento para encontrar un lugar adecuado es durante luna nueva.

Cuando haya luna llena, debéis salir a bailar y a divertiros, aunque no os coincida con el fin de semana. Observad vuestro nivel de energía; os daréis cuenta de lo activas y poco cansadas que os sentís hasta altas horas de la noche. La luna llena sólo resulta apropiada para los rituales, el amor y las fiestas. Si toda ésta energía se ve reprimida, debéis ir con cuidado por la calle porque puede haber peleas. También se recomienda conducir con cautela, porque los conductores
se hallan bajo la influencia de la luna y ésta todavía los vuelve más locos de lo normal.

Cuando la luna entra en fase menguante, acabad todo lo que iniciasteis durante la luna nueva. No empecéis nada nuevo porque fracasará. No hagáis acuerdos ni firméis contratos; esperad la energía de la luna nueva para hacerlos. La luna menguante es la mejor época para cortaros las uñas de los pies con el fin que éstas tarden más en crecer.

Cuando leáis algo sobre las festividades de la luna celebradas por otras culturas, convertidlas en un acontecimiento vuestro. No importa en qué lugares del mundo hayan podido sobrevivir estas maravillosas festividades. Tan sólo existe un mundo, un planeta y una luna.

La conciencia lunar puede desarrollarse con gran rapidez. Empezaréis a reconocer la fase por la que está pasando la luna sin necesidad de mirarla. Seréis capaces de adivinarla simplemente por el tipo de energía que experimentáis en vuestros cuerpos. Incluso podréis llegar a decir: “estamos en luna menguante, no trabajemos demasiado” o “estamos en luna nueva, ahora es el
momento de iniciar todos esos proyectos en los que estuve pensando cuando la luna menguaba”.

La luna y las mujeres tienen establecido un antiguo pacto. Obtuvimos nuestro mágico poder de la luna. Adquirimos todos nuestros conocimientos sobre la agricultura a través de la luna. Creamos una cultura basada en la luna y en la prosperidad. Tenemos lunas en nuestros cuerpos. La luna rige la vida y la muerte: el 60% de los nacimientos se inician en horas lunares, es decir por la noche; y unas veinticuatro horas antes de la luna llena, el número de ingreso en hospitales aumenta considerablemente.

Una vez hallamos despertado nuestra vinculación con la luna, podremos aprender más cosas
sobre nuestro mundo y sobre las leyes invisibles de la naturaleza.

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martes 9 de junio de 2009

• “Alá me hizo lesbiana, ¡y eso es maravilloso!”

Irshad Manji, periodista, musulmana y lesbiana
ENTREVISTA DE VICTOR M. AMELA - LA VANGUARDIA - BARCELONA

-¿Por qué es usted musulmana?
-Nací en una familia musulmana y fui educada en esa fe. Y la conservo. No soy tan devota como lo es mi maravillosa madre......, pero siempre he creído en Dios.

-En Alá
-Alá es una palabra árabe que significa el Dios, el Dios único. Mahoma está aludiendo al Dios único de judíos y cristianos.

-Judaísmo, cristianismo, islamismo: las tres religiones monoteístas
-Con un mismo Dios. ¡Es triste que esto no se explique a los niños musulmanes, o que árabes y judíos descienden de Abraham!.

-No crea que los niños cristianos lo saben
-Pero hay una diferencia enorme entre el cristianismo actual y el islam actual.....

-¿Cuál?
-Para el Islam actual, el Corán es la palabra literal de Dios, y la última palabra, la definitiva. Y, por tanto, nos dicen que el Corán es intraducible, perfecto, superior. Se nos educa en la supremacía del islam: este complejo de superioridad impide que en el islam haya musulmanes moderados. Pero sí hay cristianos moderados o judíos moderados.

-O sea, que el islam permite una sola y única forma de ser musulmán. ¿Es eso?
-Sí. Muchos judíos y cristianos leéis vuestros textos sagrados como una guía, no de un modo literal. Pero si en el islam intentas tu propia lectura moderada del Corán....., te expones a represalias físicas, a la fatua....

-¿Le ha pasado eso a usted?
-He recibido amenazas e insultos por traidora, incluido el peor de todos: ¡judía!. ¡Este es el máximo insulto para los musulmanes en estos tiempos!.

-¿Qué ha hecho usted para provocarles?
-Sólo leer el Corán y ser musulmana.

-¿Y qué ha encontrado en el Corán?
-Que lejos de ser claro y tajante, lejos de ser un monolito perfecto, el Corán está lleno de lagunas, es ambiguo, confuso y contradictorio. ¡Y a mí eso me parece maravilloso, no lo veo motivo para avergonzarse!

-Pero el Corán justifica la yihad, ¿no?
-¿La llamada guerra santa? “¡Que no haya obligación en la religión!”, proclama el Corán. Y añade: “Quien mata a un ser humano debe ser considerado como si hubiera matado a toda la humanidad”

-¡El Corán es pacifista, pues!
-¡Alto!. A esta prohibición de matar, el Corán le admite una excepción....

-¿Cuál?
-Si matas “como castigo por asesinato u otra maldad”. Es terrible que el islam, hoy, haya optado por edificarse sobre esta excepción: es la que arropa a todos los Bin Laden, a los que deciden matar en nombre de Alá.

-Ellos deciden que el islam es esto....¿o es que quizá nunca ha habido otro islam?
-Sí lo hubo: hubo una tradición de tolerancia en el islam, como la del andalusí Averroes, una tradición llamada Ijtihad.

-¿Ijtihad? ¿Y en qué consiste?
-Admite el uso del libre albedrío, la dialéctica, las preguntas, el debate... Se admite la ambigüedad alegórica del Corán y la posibilidad que abre de ser interpretado con la razón libre, sin encadenarse a su literalidad.

-Este islam ¿fue mayoritario alguna vez?
-Entre el 750 y 1250 d.C: ¡justamente la edad de oro del islam!. Entonces traducíamos a los griegos, debatíamos intelectualmente con hebreos y cristianos... ¡Entonces el islam era cabeza del espíritu investigador!

-Averroes, por cierto, era andalusí, ¿no?
-Sí. La libertad de Al Andalus asustó en Bagdad, que impuso la unidad política... Y eso, al final, derivó en unidad de criterio.

-¿Y qué criterio se impuso?
-El árabe, ¡El islam padece un imperialismo cultural árabe!: una tradición tribal en la que el individuo no cuenta ante el honor de la tribu, acaudillada por un jeque patriarcal.

-¿Y qué propone usted para el islam?
-Que se libere de ese yugo totalitario. ¡Debemos reformar el islam!

-La veo a usted como la Lutero del islam....
-Sólo digo lo que Mahoma dijo: que el islam es como nos comportamos los musulmanes. Y yo soy mujer, soy lesbiana y soy musulmana, así que....¡esto es el islam!

-¿Los suyos no han intentado lapidarla?
-Trabajé en Queer TV, canal de televisión para homosexuales, y emití una lapidación de una chica lesbiana en Irán, para debatir. Llamaron musulmanes para insultarnos por “cerdos”, “perros” y “judíos”... ¡pero ninguno llamó para denunciar la lapidación!

-¿Qué dice el Corán de los homosexuales?
-Es contradictorio. Pero hay una cosa que sí dice claro: que todo lo creado por Alá es maravilloso. ¡Y Alá me ha creado lesbiana, así que esto es maravilloso!

-También Alá ha creado a asesinos...
-Es muy diferente: el asesino ejerce su voluntad individual, porque puede asesinar o no... y elige asesinar. ¡Pero yo nací así!

-¿Y qué dice su devota madre de eso?
-Me quiere tanto, tanto... ¡que me quiere como soy!. Es una madre maravillosa. Y muy valiente: ella tiene que soportar miradas y comentarios cada vez que va a la mezquita...

-La mujer en el islam lo tiene mal, encima.
-Alá no tiene género, no es hombre ni mujer. ¡La mujer tuvo un lugar deferente en aquella otra época del islam!. Porque la actual misoginia islámica no deriva del Corán, sino del tribalismo árabe: ¡eso es lo incompatible con la democracia, no el Corán!

-Quizá sería más cómodo dejar el islam...
-¡No!: la religión es enriquecedora... si la alejas del fundamentalismo. ¡Y yo tengo fe!

-Pues que tenga también mucha suerte...
-Yo insistiré. A mi madre le digo: “Mamá, no te confundas: que un imán esté enfadado no significa que Dios esté enfadado....”

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lunes 1 de junio de 2009

• España ¿Aborto libre a los 16 años?

Razones para la ley que permite el aborto a los 16 años sin permiso paterno

TEXTO DE ISABEL SERRANO FUSTER - DIARIO EL PAÍS - BARCELONA - 01/06/2009
Cuando se habla del aborto a edades tempranas, lo primero que cualquier persona se imagina es que esa joven, que en solitario debe enfrentarse a una cosa tan seria como es un aborto, podría ser su hija. Entra entonces el escalofrío de imaginarla teniendo que dar ese paso sin confianza suficiente para contarlo en casa y con la duda de ¿tan mal lo habré hecho? A otro nivel, el imaginario colectivo tiende siempre a pensar lo peor: muchísimas chicas de 16 años, embarazadas sin querer, irán, sin ninguna barrera ni información, a un centro quizá poco seguro a someterse a una intervención que les dejará secuelas de por vida.

Para empezar, según fuentes oficiales, el porcentaje de jóvenes que abortan entre 16 y 18 años no llega ni al 5% del total de los casos. La gran mayoría acudirá acompañada por sus padres y, además, no todas tienen 16 años recién cumplidos. También las hay con 17 o a punto de cumplir los 18.

Dos han sido los principales argumentos para defender que una menor de 18 pueda decidir sobre su embarazo: si pueden mantener relaciones sexuales o ser madres sin pedir permiso a nadie, también deberían poder decidir sobre sus consecuencias. Y si tienen capacidad legal para aceptar, o no, someterse a intervenciones quirúrgicas de gran envergadura, ¿por qué no hacerlo ante un aborto que no deja de ser un acto sanitario de bajo o medio riesgo?

Pero esos dos argumentos, siendo ciertos, quizá no son suficientes. Hay razones relacionadas con la justicia social, con la ayuda al más necesitado, con la obligación que la sociedad tiene de prevenir riesgos para la salud y con la autonomía que todo ser humano merece. Y hasta con el sentido común. ¿No resulta contradictorio, por ejemplo, que una joven de 17 años, madre ya de un bebé, tenga que pedir permiso a alguien para que se le pueda practicar un aborto?

Por edad y por circunstancias sociales algunas de esas menores son extremadamente vulnerables. Se sienten incapaces de ser madres pero pueden llegar a serlo sólo por no disponer de una firma. Si no es justo obligar a una mujer a proseguir con un embarazo contra su voluntad, menos lo es obligar a las más jovencitas.

Para un número, afortunadamente pequeño, de jóvenes de 16 y 17 años buscar o conseguir el permiso paterno o materno para abortar es una auténtica odisea. Mala relación o abandono familiar, temor a agravar una determinada enfermedad física o psíquica de la madre -que suele ser la persona más cercana al problema-, rechazo absoluto de los padres por motivos religiosos o ideológicos, interés en evitarles un gran disgusto, temor a su reacción, vergüenza... Tampoco hay que olvidar que en nuestra cambiante sociedad otras formas de vida y de relaciones son posibles. Por ejemplo, según algunos estudios, un alto porcentaje de adolescentes latinoamericanas no vive con sus padres (un 38 % según una reciente investigación de la Universidad de Granada), y entonces, ¿no es incongruente y cruel hacerles cargar con una situación añadida de desamparo de la que no son responsables?

Ante esas situaciones la reacción de la joven va a ser callarse y esperar. Y las consecuencias, interrupciones de embarazo arriesgadas en gestaciones más avanzadas. Pero aún hay algo peor. En ocasiones, el rechazo al embarazo, sobre todo a esas edades, es tan potente que les puede conducir a buscar soluciones peligrosas. En determinados circuitos, no sólo juveniles, es bastante accesible un medicamento abortivo, no autorizado en nuestro país con ese fin. Ello conlleva que bastantes mujeres, también jóvenes, busquen esa alternativa precisamente para evitar tener que enfrentarse a unos padres reacios o, lamentablemente, alejados de sus vidas. Las consecuencias de un uso incorrecto de esa medicación pueden ser bastante peores que las propias de someterse a un aborto en buenas condiciones.

Reducir la edad en que una joven puede abortar sin necesidad de contar con el consentimiento materno o paterno no significa forzar a que las jóvenes pasen solas por el proceso. ¿Por qué no aceptar que puedan ser acompañadas por otras personas mayores de su entorno próximo? Una sociedad que respeta a su juventud está poniendo las bases para una mejor relación intergeneracional, basada no en la imposición sino en el respeto mutuo.

Los profesionales de la salud que estamos acostumbrados a atender a jóvenes sabemos la importancia que para ellos y ellas tiene el sentirse escuchados y respetados en sus decisiones. Pocas actuaciones hay más eficaces para ayudarles a madurar que mostrarles nuestra confianza, reconociendo que, salvo excepciones, también ellos pueden ser razonables y responsables.
Que la nueva ley apoye y proteja a esa minoría de jóvenes que lo necesitan demostrará pues que vivimos en una sociedad más justa y madura. Pero por si hiciera falta algún argumento más, quizá habría que recurrir al miedo que nos da, a cada padre o madre, el pensar que una de esas jóvenes que están en peligro, escondiendo un embarazo, dejándolo avanzar o exponiéndose a abortos inseguros, podría ser nuestra hija.
Isabel Serrano Fuster es ginecóloga y presidenta de la Federación de Planificación Familiar Estatal.
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Decidir su propia vida
TEXTO DE CARMEN MONTÓN - DIARIO EL PAÍS - BARCELONA - 01/06/2009
¿Hay que permitir que los padres puedan obligar a finalizar su embarazo a una joven de 16 años? ¿Y obligarla a ser madre? ¿O debe ser ella la que tome esta decisión, ya que será la única responsable el resto de su vida? La Ley de Salud Sexual y Reproductiva da más seguridad y garantías jurídicas a las mujeres al ejercer su derecho a decidir sobre su maternidad libremente. Y ésta también debe contemplar a las jóvenes de 16 y 17 años.

Se puede ser coherente con la realidad o se puede hacer demagogia partidista en campaña electoral, utilizando el tema para minimizar los abusos sexuales a menores o frivolizando con que estas mujeres no pueden comprar tabaco. En todo caso, sí que pueden mantener relaciones sexuales, casarse, trabajar... y la mayoría de edad es un pacto social que puede ser revisado y recuerdo que en España ya la rebajamos en su día.

La realidad es que en España, desde el 2002, la mayoría de edad sanitaria está en 16 años en la Ley de Autonomía del Paciente que hizo Aznar con mayoría absoluta, donde estableció la excepción de la interrupción voluntaria del embarazo. Algo que no está justificado, porque si se puede decidir autónomamente seguir un tratamiento de quimioterapia o dejar que la enfermedad siga su curso, cómo vamos a impedir que las jóvenes decidan si quieren ser madres. Además, el artículo 9 de esta ley explicita que en caso de actuación de grave riesgo según el criterio del médico, los padres serán informados y su opinión tenida en cuenta. No se trata de perjudicar a los padres, ni prohibir la confianza con sus hijas. La relación entre padres e hijas es algo que no regulamos.

Y ¿qué pasa en Europa? No es necesario el consentimiento ni el conocimiento en Reino Unido, Suiza, Holanda, Noruega, Finlandia... Cuando una mujer joven no quiere hablar tiene sus razones y forzarla a revelarlo puede llevarla a una situación que lamente después o a recurrir a un centro clandestino arriesgando su vida. Y esto es lo que queremos evitar a toda costa.
Carmen Montón es portavoz de Igualdad del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso.

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