domingo, 2 de junio de 2013

• NO AL PLAGIO en la espiritualidad de las mujeres. Encuentra tu propia voz

Texto de Marianna Doña Loba   :: www.mujergaiatica.blogspot.com

Veo muy sorprendida que algunas mujeres del mundo espiritual femenino están compartiendo en Facebook un PDF del libro LUNA ROJA de Miranda Gray. No tengo el gusto de conocer a Gray, aunque sí su trabajo, y me resulta muy inquietante que se difunda tan a la ligera y sin permiso de su autora cualquier material que sea fruto del trabajo de una mujer que camina por la sanación femenina, o de cualquier otra persona.

Desgraciadamente este tema no me sorprende. Una y otra vez veo en Internet o en Facebook como se difunde material sobre la sanación de lo femenino, sin citar su autoría. Y en los 20 años que llevo caminando el rezo de la Gran Madre muchas veces lo he sufrido en carne propia.

Cuando reclamo por ello, siempre se me responde desde una actitud de “superioridad espiritual” diciendo que no hay que tener ego y que no importa quien lo haya escrito, porque la información es de todas y a todas tiene que llegar… que hay gente que no puede pagarla…

Y si bien es verdad que la información debe llegar a todas y que el ego suele crear problemas, también lo es que el respeto ha de fluir por todas nuestras relaciones y, especialmente, el respeto hacia aquellas que han ido delante abriendo los caminos de la sanación de las mujeres y de la Madre Tierra.

En cuanto al tema del dinero, comprendo el problema y me parece injusto que así sea ya que creo que el saber debe estar al alcance de toda la gente, pero la solución nunca puede ser subir un libro a la red sin el permiso de su autora, máxime cuando su autora ha sido profesora de muchas de esas mujeres.

Por eso levanto mi voz para decir que es importante que nos eduquemos y aprendamos el respeto entre nosotras y hacia todos los seres.  De nada nos sirve trabajar con este talante por el pueblo de las mujeres, perpetuando en nuestra manera de hacer costumbres nefastas de la selva neoliberalista patriarcal (con perdón de la selva).

El tema al que me refiero tiene un amplio abanico de actuaciones, todas en la misma línea de apropiación de creaciones ajenas:

• Difundir en la Web el PDF de un libro que está actualmente en venta sin permiso de su autora.
• Publicar oraciones, canciones o párrafos enteros de textos sin citar a su autora.
• El plagio directo de artículos enteros o trozos de ellos, que luego son enviados por mail y/o incluidos en Blogs como si fueran propios (¡hasta me han enviado por correo a mí misma textos míos firmados por otra persona!!!).
• Asistir a talleres que son experienciales y no de formación, para luego copiarlos como si fueran obra propia.
• La publicación en Internet o Facebook de apuntes tomados en talleres a los que asistimos como alumnas, sin haber pedido permiso previamente.
• Abrir en la Red o Facebook una web, blog, comunidad o muro con el nombre de un trabajo que está haciendo otra mujer.
• Leer un libro y ofrecer un taller sobre ese libro, como si hubiéramos hecho una formación con esa persona.

La palabra que define todo esto es DEPREDACIÓN y es un mecanismo mediante el cual alguien se beneficia de algo que no le pertenece, ya sea la vida de otro animal o la obra de otro ser humano.

Es lamentable que algunas mujeres se hayan perdido por esa senda, y estoy segura de que no lo hacen con mala intención. Es triste porque bajo esa práctica subyace la idea de que ellas no son capaces de crear algo digno de ser compartido. Parten de una idea de escasez creativa y no se dan cuenta de que la capacidad creadora de la Gran Madre es infinita y fluye por las venas de todas las mujeres. Que todas tenemos mucho que transmitir y todas podemos ser muy valiosas porque las mujeres somos muy creativas.

Cuando leemos algo que nos gusta, cuando nos es transmitido un concepto valioso, cuando vemos una manera de trabajar que nos atrae, o cuando participamos de un ritual o de un taller que nos llega hondo… toda esa energía no debe ser destinada al plagio. Más bien esa inspiración ha de ser la fuerza que nos lleve a crear nuestra propia obra.

Para dar sus frutos esa obra deberá ser trabajada y depurada… Templada y sudada… Debe estar abonada con nuestra sangre y ser digerida en un proceso orgánico interno... Entonces sus frutos serán dulces y nutrirán a otros seres y, también, a nosotras mismas. Entonces serán letra viva… y no mera y triste copia, resultado de apuntes carentes de alma.

Recordemos que un plagio es un robo y que forma parte del peor consumismo, el consumismo espiritual, en que la persona más perjudicada es la que ignora la importancia del respeto pero a la vez daña y perjudica a su presa.

Reconozcamos la envidia que, como humanas que somos, podemos sentir a veces. Y cada vez que sintamos envidia recordemos que lo que hay que hacer en esos casos es aprender de la persona envidiada, para emularla y encontrar en nuestro camino nuestro propio don, nuestro carisma específico. Quizá tengamos que esperar unos años hasta que la fruta madure (¡que rápido lo queremos todo!)… Quizá debamos trabajar por las noches…

Esto está llegando a tales extremos que hay mujeres que están copiando hasta a la misma Abuela Margarita, asistiendo a sus enseñanzas y anunciando un taller idéntico una semana después, con el mismo nombre y el mismo programa… u otras que se presentan a sí mismas como creadoras de prácticas de sanación femenina que son patrimonio tradicional de otras culturas…

Para erradicar estas costumbres, amigas, aprendamos a cultivar en nuestro camino la integridad y la honradez, ya que nada hay más bueno para nuestra comunidad que esos valores.

Entiendo que hay que ganarse la vida y que estos tiempos no son fáciles, pero el trabajo debe ser siempre honrado y ni un euro ganado mediante la depredación puede tener buen sabor. Ante la falta de dinero siempre hay recursos más creativos, lo sé por experiencia propia, os lo aseguro.

Cultivando entre nosotras el reconocimiento, la honra y el respeto podemos aprender las unas de las otras. No es necesario que nos gustemos, sólo con que nos respetemos es suficiente para que la siembra de la sanación de las mujeres no tenga plagas destructoras.

Siguiendo ese camino las mujeres creceremos y el rezo por el despertar de la sagrada energía femenina para sanar la Tierra será un camino sembrado con amor y sabiduría.

Marianna Doña Loba, Arboleda de Gaia